Relato: La casa de infancia

Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels
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De repente, en medio de los grandes cambios, ese recuerdo surge del baúl de los recuerdos como un ave fénix en un templo de Egipto. Surge de las cenizas del olvido en el peor de los momentos, cuando uno ya se va de aquellos suburbios en los que pasó prácticamente la mitad de su vida.
¿Por qué me acordé de algo que ya no podré recuperar? Quizás porque aquella casa en la que pasé mis días de infancia, esa que fue propia, esa cuyo amplio patio aún recuerdo con claridad, era solo el ancla último de la resistencia al cambio. O quizás sea la nostalgia, ese sentimiento escurridizo que permanece presente en la mente humana.
No lo sé. Pero ahí estaba, aquella casa de los abuelos impregnada en mis recuerdos. La casa que mantuve en el olvido porque sabía que jamás la podré recuperar; aquella casa con sus habitaciones, su cocina, sus dos salas, su amplio patio lleno de plantas comestibles y no comestibles, su tinaco, su pozo, aquella pequeña bodega donde crecía la planta de algodón, la casita de madera donde solía jugar con mis muñecas. Todo eso desapareciendo con el paso del tiempo, hasta convertirse en otra fachada, en otro paisaje.
No puedo evitar ese sentimiento de frustración e impotencia, esa honda tristeza de saber que aquella casa alguna vez fue de mi familia. Pero sé que no puedo hacer nada por remediarlo.
Lo hecho, hecho está. Y el recuerdo grato de aquellos días inocentes ahí quedará como parte de toda una vida.

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Creo que a todos nos pasa eso.
El recuerdo del lugar donde nuestra infancia conoció la felicidad y aprendió a sentirse querida y protegida, así como dices, se ancla. Es una forma en la cual nuestro subconsciente crea un refugio fijado a un lugar. Así como los traumas, pero a la inversa.
También me sucede así.
¡Hola, @moito ! Fíjate que no lo había visto así como planteas: el lugar de nuestra infancia como refugio y como ancla. Yo lo veo más bien como un lugar de recuerdos al cual ya no está en mis manos (mi abuelo la vendió a un extranjero por la excusa de mayor espacio para mí, mi hermanito y mi primo), pero que permanece en mi mente como algo que formó parte de mi vida en su momento. A mí últimamente me ha dado mucha nostalgia debido a que estoy por cambiarme de casa con mi familia, a un barrio distinto y lejano. ¡Saludos y muchas gracias por tu comentario! Que tengas un bonito día.
Qué emotivo tu texto @vickaboleyn Me gustó mucho. La infancia con frecuencia se nos presente como un tiempo de fábula, ya lejano. Pero tú lo enfocas en un espacio, un lugar perdido, que vinculas con los abuelos.
¡Hola, @beaescribe ! Sí. Esa casa en particular formó parte de mis primeros 8 o 9 años de mi vida. Era una casa propia que mi difunto abuelo, por razones que ahora me parecen un tanto irrazonables en términos de espacio, decidió vender a un extranjero para irnos a otro más espacioso, ya que para ese entonces mi hermano y mi primo habían nacido, y ya éramos varios en la casa.
A modo personal, lamento mucho que haya procedido de ese modo, porque realmente sí cabíamos todos, pero bueno, él sabrá por qué lo hizo. ¡Saludos y muchas gracias por pasarte por aquí! Que tengas un bonito día.
Las casas en las que pasamos la infancia se convierten en abrigo eterno, y cuando por alguna razón nos alejamos de ellas el sentimiento de desamparo ocupa su lugar. Hermoso texto. Un abrazo.
Así es, mi estimada @solperez01 . La casa de la infancia es una representación de nuestros primeros pasos, de nuestros primeros entornos y primeras exploraciones. Uno a veces siente la necesidad de aferrarse a la ilusión de adquirirla de nuevo, pero al final termina por hacer las paces consigo mismo y pensar que aquello ya no es posible si no cuentas con los medios económicos suficientes o porque el dueño actual decide no venderla. ¡Saludos y que tengas un bonito fin de semana!
Así es, amiga. Un abrazo.