Cuando la memoria falla / relato

in Cervantes3 months ago


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El inesperado sonido de los platos estrellándose contra el suelo, y la detestable melodía de gritos y disputas, fue suficiente para despertarla obligándola a cerrar la puerta de un porrazo y sacudir los muros de la casa.

Cuando tornó el silencio, Ariel consideró la posibilidad de no volver a visitar a sus padres y hermanos, pensó que era mejor seguir con una llamada dos días a la semana y una cantidad mensual para cubrir sus gastos. Eso quizá sería suficiente para ser una buena persona y manifestar afecto.
Nada había cambiado, para ella era tan angustioso regresar a casa.
Sus padres estaban acostumbrados al maltrato físico verbal, Ariel nunca logró ni lograba sobrellevar esa situación. Se volvió ausente y optó por alejarse para estudiar y trabajar, probablemente era la excusa que requería para no estar cerca de una familia tóxica como la suya.
Después de residir fuera durante 4 años todo seguía igual en su antigua habitación, aunque su madre había trasladado algunas de sus pertenencias al sótano, y la había transformado en la habitación de invitados, Ariel lograba entrever el póster de su amor platónico en la pared, y la colección de libros (tu aula en casa: de National Geographic) que guardaba en la estantería, su escritorio y el estuche de bolígrafos también seguían en el mismo lugar.

Posteriormente, comenzó a buscar con delicadeza en los cajones. Había numerosos papeles y tres libros en ellos; pero faltaba algo y no recordaba qué. Entonces, una mezcla de emociones embargó su alma y sintió que debía buscar algo entre sus cosas, sacó y volteo enérgicamente los tres cajones en el suelo, expulsando soplos de desesperación. — ¿Qué diablos me pasa, qué necesito hallar aquí en esta mierda? —se preguntó Ariel, mientras abandonaba atrás el desorden y salía de su habitación hacia el sótano.
Al descubrir la puerta, miró los dibujos y garabatos hechos por ella y sus dos hermanos, representaba el arte en su infancia y eso la hizo sonreír por unos segundos, pero nuevamente su expresión cambió y golpeó la puerta tan fuerte que se lastimó la muñeca derecha.
— ¡Maldita sea! ¿Hasta cuándo me arruinan la vida? —pronunció molesta Ariel.

Cuando Bajaba las delgadas escaleras, su frente chocó estúpidamente con la lámpara, lo que le hizo notar que la última vez que entró a ese lugar era menos alta, el sótano estaba lleno de sombras negras que parecían inquietas, estaba alumbrado por unos delicados rayos de luz que entraba por el costado de una tubería, así que procedió a girar la bombilla dentro del socket para encenderla, pero no funcionó. Tuvo que confiar y usar sus sentidos para guiarse.
Una vez dentro, emprendió a revisar todas las cajas que estaban amontonadas, pero ¿cómo iba a localizar y tropezar con algo que no tenía ni idea de lo que era? Sin embargo, continuó su pesquisa a pesar de sentirse desorientada, y lidiar con arañas y ratas, tenía muchas ganas de seguir. Ariel necesitaba encontrar las respuestas a tantas preguntas e imágenes que venían y se acumulaban en su cabeza.
Después de revisar cada caja se dirigió a su viejo armario, aún tenía su espejo y algunos cajones, pero allí tampoco había nada de su interés, desanimada y con ganas de llorar, se apoyó en la madera con un movimiento brusco y se dejó caer hasta quedar sentada. Entonces, como por arte de magia, el armario escupió de un compartimento secreto su viejo cuaderno, el mismo de letra ingenua y tapa azul. Al abrirlo, un ligero perfume le resultó conocido a su olfato, al pasar la hoja observó una flor seca que había guardado en el... — ¿Es esto lo que busco? — se preguntó de nuevo.
Siguió hojeando con cuidado cada uno de los escritos que había realizado en el pasado, también notó que faltaban algunas páginas. De inmediato recordó. Su hermano había leído esas páginas comprometedoras, estaba tan enfadada aquel día que las había arrancado. Cuanto más leía, más crecía su tristeza, cada línea la hacía sentir infeliz, pero también le ayudaba a entender o a obtener respuestas a todas sus preguntas.

—Pero, qué extraño. ¿por qué la fecha de hoy está en la penúltima página? ¿Quién ha puesto esto en mi cuaderno? ¿Qué tiene de especial este día? No lo entiendo, parece mi letra, pero no lo sé. —expresó Ariel enredada consigo misma.

Entonces, Ariel se planteó en terminar las tres últimas páginas de su cuaderno, a medida que avanzaba las lágrimas descendían por sus mejillas, y la misma angustia de siempre había regresado. Pero, el terror apareció en su pálido rostro, cuando descubrió una pequeña anotación suya que la petrifico...

Con la cara escondida entre las manos, con la cabeza agachada, permaneció desolada frente a su cuaderno. Afuera se oía el ruido de todos, iban y venían; pero allí, en aquel escondite atestado de objetos viejos llenos de polvo, todo estaba silencioso como en un campo santo. Había una silueta de una mujer inclinada sobre una mesa, dolorosamente cabizbaja. Ahora lo recordaba todo, siempre se repetía en esa fecha, su memoria despertaba y venían detalles insignificantes que iban y venían, sus deseos del pasado se materializaban en los sueños, pero hacía tiempo que había desahuciado lo primordial, se había perdido para siempre, nadie la recordaba, en ningún corazón permanecía. Era estúpido suplicar o enfurecerse contra el cielo, nada saldría de ello. Ni las lágrimas, ni volver a suplicar, ni el perdón, todo era inútil ya no había nada.
Ariel fue su propia asesina, con sus manos acabo con la esperanza y allí se perdió lo esencial, el aliento de vida fue devuelto a quien se lo había proporcionado, ya no existía, ya no podía haber vida en lo que estaba muerto. Era un fantasma que vagaba entre este mundo y el limbo.

La nota decía: no puedo más, este es mi último escrito hoy 26/03/2021he decidido renunciar a mi vida. Prefiero ahorcarme que seguir en esta patética casa sin derecho a vivir. Descansa en paz Ariel.

¡Pobre Ariel! pérdida aquí, perdida allá. Su asunto está terminado, no hay nada más que buscar.


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