Entrada al Concurso "La máscara: el rostro oculto" | Ceren
Nota de la autora: ¡Hola y bonito día a todos! Les comparto mi participación en el Concurso "La máscara: el rostro oculto", organizado por el equipo de @es-literatos . Espero que disfruten de este relato, el cual está ambientado en el universo de Una terrícola en Titán, una novela cuyos capítulos estoy publicando aquí en este mismo espacio.
¡Bonito fin de semana!

Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels
Ceren, de 22 años, sintió su corazón hundirse con lentitud mientras sus doncellas la ayudaban a ponerse un vestido verde con un tocado de pedrería diamantada en el pecho.
Esa noche era especial. Era el aniversario número 1200 del Imperio Saturnino, una conglomeración de planetas conformada por Saturno, Júpiter y Urano, así como de distintas lunas como Titán y Encélado. Para ello se organizaron grandes desfiles militares, juegos artificiales y bailes temáticos. El de ese día hacía referencia a la conquista de Júpiter; los asistentes tenían que llevar máscaras alusivas a distintos personajes clave de la guerra de conquista o al menos emular algún evento relacionado.
Pero Ceren no quería asistir al baile. Quería estar en su habitación contemplando los hermosos anillos que se asomaban desde las habitaciones que compartía con su esposo.
Suspiró quedamente mientras se colocaba la máscara verde en el rostro. Por su cabeza pasaron mil ideas, todas girando en torno a aquella suerte extraña que le había tocado.
Ella había sido secuestrada de su planeta, la Tierra, al amanecer. Fue vendida en el mercado negro de Ordún al harén imperial; fue concubina imperial menor, destinada esencialmente para el disfrute de un príncipe, un chambelán o de un militar de alto rango. No tenía ningún poder sociopolítico más allá de su propia belleza. Había sido educada en literatura, música, y danza en las miras de ser una esposa versada en esas artes que pudieran satisfacer a su marido.
Pasó en él un año antes de ser seleccionada por Eirle Bey, su suegra, para casarse con su hijo mayor, Hanis Bey, el temido Carnicero de Neptuno.
Los Bey era una de las familias militares más temidas y despiadadas del imperio; tenían un largo historial de esposas esclavas que fueron enviadas a las Minas de Longinos tras tres años de matrimonio, tiempo en el cual debían producir herederos. Otras familias militares preferían venderlas a los burdeles, pero Ceren consideraba ese destino mucho peor que morir en las minas.
Lo único que podía hacer era rezar a Dios con que los Bey la pudieran liberar de cualquiera de esos destinos. Aquello era un evento raro; las esposas esclavas eran consideradas meros accesorios, destinadas a la reproducción. Sus sentimientos, sus pensamientos, su humanidad misma eran relegadas al olvido, a esconderse bajo la máscara de la resignación y la aceptación de un destino que otros decidían sin que ella pudiera tener control sobre ello.
Pero Ceren tenía fe en que lograría seducir al hombre cuyas manos estaban manchadas de sangre inocente. Usaría todos los recursos que le enseñaron en el harén para lograrlo. Tenía tres años para lograr su cometido; tres años suficientes para poder navegar en ese mundo lleno de sombras.
"Ceren, te ves hermosa", le dijo de repente una voz.
Las sirvientas hicieron una reverencia mientras que Ceren se volvía hacia su interlocutor.
Hanis estaba en la entrada de la habitación. De alta estatura, piel levemente bronceada, cabellera oscura, y ojos azules oscuros, ataviado con una armadura de estilo romano, de tonalidad oscura, casi tirando a negro; en la zona del pecho estaban grabados dos ts'arkan, corceles saturninos famosos por su espíritu rebelde, mirándose el uno al otro. Llevaba una máscara negra con dos grandes bucles plateados.
"Gracias, Hanis. Te ves atractivo. ¿A qué personaje estás emulando?", respondió Ceren mientras tomaba a su marido del brazo.
"A los rebeldes de Júpiter. Dicen que estas máscaras eran las que llevaban al momento de enfrentar al imperio".
Ceren asintió. "Tu armadura me recuerda mucho al de un soldado romano. Como en las películas".
"¿Películas?"
"Historias visuales. Obras de teatro, para ser precisa. Ibas a un edificio, llamado cine; ahí te venden un poco de comida y te sientas en un sillón frente a una gran tela, o pantalla".
"Suena divertido".
"Lo es, sobre todo si vas con amigos después de la escuela".
Hanis la miró de reojo, esbozando una sonrisa.
Ceren. La bella terrícola por la que muchos nobles de alta alcurnia suspiraban. De belleza sencilla, con aires de nostalgia; una máscara perfecta para protegerse a sí misma de los peligros de la corte.
Sabía bien que Ceren tenía deseos de regresar a su planeta. Lo podía notar bajo la máscara verde que tenía puesto en ese momento.
Su hogar. Su familia. Una vida anterior a la que tenía ahora.
Pensó en enviarla a casa apenas se cumpliera el año, pero su madre Eirle le instó a que no se precipitara; los traficantes podrían recapturarla y venderla en otro lado. Lo mejor que podía hacer era esperar los tres años para que pudiera repatriarla, como lo hicieron sus parientes con las otras que contrajeron matrimonio dentro de la familia.
Y mientras el momento llegaba, el Carnicero de Neptuno aprovecharía el tiempo para conocer más a la mujer de naturaleza tranquila que era su esposa esclava. La dulce y tímida Ceren.

Una historia muy interesante de leer. Un poco de ciencia ficción, un dejo de romance y un secuestro. Me gustó mucho tu historia.
Gracias por compartir tu historia con nosotros.
Excelente día.
¡Muchas gracias por tu comentario, @rinconpoetico7 ! Me da gusto que hayas disfrutado el relato. Espero pronto poder continuar publicando este tipo de relatos, estar por aquí más seguido. ¡Saludos y que tengas un bonito día!
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