Willie, “el malo”, siempre presente.
Ayer murió uno de los más grandes músicos –cantante, instrumentista, compositor– de Latinoamérica y el mundo. Pilar del impulso de la salsa como expresión musical identitaria de nuestro continente y el Caribe. Su aporte es invaluable, y seguirá siendo valorado, gozado, siempre.
Me atreví a escribir un ejercicio poético en su memoria, donde mezclo algunas frases de sus canciones, con lo poco que puedo decir en estos momentos.

Todo tiene su final,
incluso el amor, pero nunca la música.
Ella será siempre mi único amor,
pocas veces traicionero.
Así es la vida.
Soy esa vida que fluye de la calle,
del dolor y el saoco.
Calle Luna, Calle Sol.
Yo creo en muchas cosas que no he visto,
y ustedes también,
como el milagro del cantante
que sigue ahí (¡Hola Héctor!).
Soy la muerte,
dije en una canción,
pero también esta interminable rumba,
que dedico a ustedes.






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