Encuentro con la muerte. La nueva oportunidad de vida…

in #spanishlast year

“La oportunidad de cambio llega a veces en los peores momentos, pero llegan…”

Saludos Amigos. Es posible que la vida nos depare situaciones para que podamos darnos cuenta de los errores cometidos. Ojalá no lleguemos a ellos, pero es el destino quien no los presenta, para crecer. A continuación, el texto para su consideración y comentarios.

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Quise adentrarme por el sendero. Mala decisión. Era pasada las cuatros de la tarde cuando tomé aquella inesperada disposición.

El espíritu aventurero proviene de mi padre. Él era un excursionista a todo dar. No existían sitios que no hubiese tocado. Esa sensación de aventura lo llevo en la sangre. Sin embargo, vi la oportunidad de experimentarla en un mal día.

La zona está rodeada casi en su totalidad por pronunciados riscos, una vegetación seca, formando un escenario perfecto para el terrible encuentro con el enorme animal.

Caminé unos kilómetros a dentro, cada vez el sendero se disminuía, por lo que tomaba la previsión de marcar algunos puntos para reconocer la ruta de regreso.

Algo me decía, que me regresara pero no lo hice. En un punto me detuve para tomar un poco de agua. Estaba aún fresca. Miré a mí alrededor y fue allí donde sentí la sensación que algo a alguien me miraba.

Me puse nervioso. Repetí con la mirada aquel entorno. No me encontré con nada. Solo vegetación, muchas piedras por donde dibujaban varias veredas por donde seguiría lo que había comenzado.

Más adelante, no fue una sensación de mirada lo que me detuvo. En esa ocasión se trataba de unos pasos. Se sentían muy cerca. Mi corazón retumbo y la sudoración se hizo más visible.

No sabía con lo que me podría encontrar en aquel apartado lugar.

En segundo, noté un bulto detrás de los matorrales a la izquierda. Tenía vida. La respiración profunda se dejaba llegar hasta donde me encontraba. Me paralicé. Traté de darle forma pero aún era difícil percibir de qué se trataba.

En un momento, se dejaron ver unas puntiagudas orejas, grises y peludas. Estaba a mi acecho. En ese instante, me percato del problema que me había metido. Era demasiado tarde.

Una especie de gato montés me miró. Su postura era de ataque. No tuve oportunidad de respirar nuevamente; menos lo sería, para lograr retroceder.

Estaba en problema. Pude dar un paso, pero el grujido de aquel animal, hizo eco en todo el bosque. Se arrojó velozmente.

Mi instinto de salvación, genero tanta adrenalina que pude correr, mire hacia abajo, mis piernas iban volando. Sentía que mis pulmones se estaban quemando.

El animal era rápido. Por suerte, en su ataque resbaló, cayendo a un metro de donde lo observaba aterrorizado. Pero se recuperó en un abrir y cerrar de ojos. El felino se lanzó contra mí de nuevo.

Pude retroceder y no me alcanzó. No podía darle la espalda y correr, porque le daría más oportunidad en su ataque. Empecé a moverme hacia atrás. Lo evitaba lentamente. Faltaban varios kilómetros para tener la posibilidad de pedir ayuda.

El gato salvaje sentía el miedo salir de mí. Miro sobre mi hombro y me percato que estaba cerca de una bajada en el camino. Eran cinco escalones como piedras alineadas de unos setentas centímetros.

Me pare ahí. Busqué el pequeño cuchillo en el bolsillo posterior de mi pantalón. Lo miro fijamente mostrándoselo. Trato de darle pero ágilmente me esquiva. Salto al segundo escalón pero él estaba ahí frente a mi cara. Todo el tiempo me miraba directo a los ojos.

Pasó lo que estaba evitando. Se lanza sobre mí. Nos caímos. Rodamos y se escuchó un fuerte golpe cuando chocamos con un tronco. Si no fuese por el madero hubiésemos rodado muchos metros más.

Sacó las garras para aferrarse de mí. Me tenía inmóvil, las zarpas estaban estratégicamente sobre mi cuerpo. Al moverme sentía como esas largas uñas atravesaban mi piel.

Me tenía a su voluntad. El hocico se hizo inmenso, tanto que lo perdí de vista, lo único que observaba era una enorme lengua llena de sangre. Expulsaba un terrible olor, un olor a muerte, de alguna presa que había degustado antes.

Lo peor fue ver sus dientes a centímetros de mis ojos. Eran muy fuertes. No podía zafarme. Me mordió dos veces. Escuchaba el tronido en mi cabeza. Desesperado amarre el cuchillo como pude y comencé a darle por todas partes. Pero no lograba hacerle nada. Su piel era dura. Buscaba un sin fin de formas para obligarlo a soltarme. No pude. Era muy fuerte.

Terrible forma de morir. Comencé a perder el sentido.

En ese momento comienzo a tener muchos pensamientos. Estaba con mi padre gritándonos. Estaban mis hermanos a quienes les había mentido. Mi mamá a quien le había hecho llorar.

Porque era tan malos con los seres queridos. No puedo retractarme de eso ahora. Puede que no salga de este bosque, que nunca vuelva a ver a mi familia.

Luego llegó una sensación. No podía darme por vencido. Estiré la mano hacia su rostro, sentí un punto suave. Era el ojo. Metí el dedo con toda mi fuerza, seguido del cuchillo. Se escuchó un chillido. Dejo de apretarme y pude zafarme.

Estaba libre. Tenía que buscar huir lo más pronto posible porque se recuperaría y me atacaría de nuevo.

Comencé a lanzar piedras, las más grandes que podía soportar. Le pegué varias veces. El felino estaba aturdido. Por lo que tuve la oportunidad de correr y corrí sin mirar para atrás.

Estaba herido pero podía mover los pies. Cada cierta distancia miraba sobre los hombros, esperando ver el animal correr detrás de mí. Lo pensaba. Por favor no me persigas.

Me detuve. Y a cierta distancia el felino estaba parado observándome.

De allí proseguí, hasta que vi la civilización. Sentí mucho dolor. Me desmayé.

Hoy recuerdo el encuentro con la muerte, pero más aún, mi arrepentimiento por el trato que tenía hacia mi familia. Mi vida cambió y he ganado doblemente…

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J.R.M.(@siondaba)


Gracias por leer. Hasta la próxima.

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Este post ha sido propuesto para ser votado por el equipo de curación de Cervantes.

Gracias @don.quijote por tu propuesta... Mil Gracias al proyecto cervantes.

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