Experimental

in spanish •  3 months ago 
Luego de estar tres horas en el bar esperando como un idiota sin poder salir o hablar con alguna tipa, ya estaba harto de la actitud de Felix. Ese desgraciado tiene la mala costumbre de llegar tarde y, no es yo sea muy puntal, pero 3 horas es algo que no podía soportar, menos este día.

Si no fuera porque necesitaba urgentemente ese favorcito, ni siquiera me hubiera atrevido a salir esta noche. Me dolía la cabeza, la música alta no hacía más que empeorar las cosas. Mientras me tomaba mi quinto vaso de Vodka, me preguntaba cómo era que a los carajitos de ahora les podía gustar esa música. Por suerte, ninguno se había acercado a molestarme con estupideces.

Ya eran las dos de la mañana y el ambiente parecía estar en su punto máximo, en ese lugar no cabía un alma. Mientras que iba al baño, me encontré con el hijo de mi vecina, un carajito como el resto. El muy pendejo fingió que no me conocía y se fue con sus amigos. A su edad quizá hubiera hecho lo mismo, ahora solo quería que Felix apareciera.

En el baño lo llamé otra vez, el teléfono repicó tres veces, hasta que finalmente contestó. ̶ ¿Dónde coño estás? ̶ Pregunté.

̶ Tuve que resolver unas vainas, llegó en una hora. ̶ Su voz sonaba lejana y áspera, como cuando te acabas de despertar.

̶ Olvídalo. ̶ Colgué el teléfono y salí del baño. Estaba tan molesto que fui directo con el dealer que estaba en la mesa cerca de la puerta. Sabía que lo era porque lo estuve observando toda la noche, seguramente era nuevo en el negocio. ̶ ¿Qué tienes? ̶ Le dije.

̶ ¿De qué hablas? ̶ El sudor brillaba en su frente, resaltando su nerviosismo.

̶ Muévete, que no tengo toda la vida. Dame algo que me saque de esta mierda. ̶ Señalé mi cabeza y le entregué una paca de billetes.

Él me miró para que lo siguiera afuera y me entregó una bolsita con un polvo de varios colores. ̶ ¿Qué es? ̶ Pregunté.

̶ Experimental. Eso te hará volar.

No le di demasiadas vueltas al asunto y me largué en el carro. Paré en una esquina y esnifé un poco, tenía olor a frutas. Conduje hasta el cerro y esperé que hiciera efecto.

Desde esa altura el cielo se veía despejado, sin edificios ni líneas que arruinaran la vista. Al poco rato comencé a sentirme mareado, la droga surtía efecto. A diferencia de la coca, con esta el golpe no era tan fuerte; mi cuerpo en vez de acelerarse, comenzaba a relajarse. El dealer tenía razón, me sentía en las nubes.

Cerré los ojos y me dejé llevar, el aire frío chocaba contra mi cara, sentía mi cuerpo tan ligero, como si no existiera. Pese a que mis sentidos se habían ampliado, todo estaba oscuro, calmado, silencioso, como en el espacio.

Abrí los ojos y miré a mi alrededor, todo había desaparecido, incluyéndome.



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