Un amor, una noche | Relato

in spanish •  4 months ago  (edited)

Capitulo I: El encuentro



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Yo diría que llegué a aquel lugar por casualidad, salí de casa sin rumbo, no poseía sentido alguno, como en esas ocasiones de gala en las cuales te disfrazas de empresario para ir a una boda o cuando quieres ser divertido al ir a la playa. No, solo tenía una sudadera blanca, unos jeans y la chaqueta negra que suelo usar para camuflajearme en cualquier situación. La barra proponía un campo de frustración y recuerdos profundos propios de una película galardonada; como cualquiera podría simular ser normal, buscar una razón para estar triste y darme golpes de pecho, solo que no es mi manera de operar. Me entrené para ser objetivo, un ser sin vulnerabilidad y enfocado en las realidades de la conducta humana; estrategia defensiva a la hora de convivir en sociedad. ''Las clases de psicología me ayudaban un poco'' -dije en voz baja-.

El cantinero subió su mirada aludiendo que me dirigía a él, lo observé fijamente aparentando que él se refería a mí, así que volvió a sus obligaciones sin asegurarse del buen servicio. A su lado, justo en el estante de copas donde se sirve el vino más caro, reflejaba una luz proveniente del escenario, rápidamente volteé a mirar, casi por obligación, como sí el Dios en que no creo. Me hice cada segmento de tiempo para armar la obra teatral que estaba a punto de ocurrir en ese instante, de manera que todo hecho debía pasar por obligación.

''Buenas noches'', me pareció oír en aquella voz la cual era temerosa y para nada hacía juego con su cuerpo. Esa chica se veía tan ruda y tan sexy que pensé que era una broma de algún programa de televisión por cable, tan malo que solo sobrevive porque su productor hizo inversiones a tiempo y es un lujo que se quiere dar. Para mí esa chica estaba allí por error o preguntaría por un objeto extraviado. Con atención la miré, esperando respuestas a mis prejuicios; todo cambió cuando alborotó su cabello, separó sus piernas levemente y me miró. Me congelé por unos segundos y traté de digerir aquel acontecimiento. Hasta que entendí que solo sucedió por casualidad, cuando comenzó a cantar y justo en ese segundo acto, las notas melodiosas de su voz atravesaron mi oídos calando por todo mi sistema nervioso armando planes malévolos para conocerla, ganas tan estúpidas que el humano que se atrevió a mencionar que dos más dos era cinco, podía declararse genio comparado conmigo, aquellas ideas iban desde el rapto hasta fingir demencia o enfermedad.

Esa voz solía salir con tanta euforia y pasión que pude imaginar que el pecho de donde provenía tal voz era producto de mi imaginación. ''¡Vaya, que voz!'' dije en voz alta pero nadie me prestó atención. Al terminar la canción, los presentes desbordaban el lugar con aplausos y silbidos. Ya acababa su reverencia hacia el público, cuando bajó del escenario hacia una mesa que la esperaba justo en el centro del lugar. Luego de su descenso todos se callaron volviéndose a sus actividades, por lo que en el acto me pregunté: ''¿Cómo esa artista puede sentarse con su público sin ser abrumada por gente intentando obtener una fotografía con ella?''. Sin saber que me escuchaba, el cantinero me respondió: ''Es la primera vez que vienes acá ¿no?''

—Sí. ¿Es tan obvio? -Afirmé-

—Si -dijo aquel cantinero-. Su nombre es Mercedes, una de las razones por el cual este bar tiene tantos ingresos por las noches, pese a que de día es un restaurante prestigioso, al caer la tarde se convierte en un país de música y licor.

—Aun no me explico cómo... –el mesero no dejo terminar mi pregunta.

—Ve y pregúntale a ella –sugirió-.

De pronto se originó un momento para pensar y disponer si acercarme a ella o no, cuando apareció en la barra y le comento al cantinero:

—Sírvame lo de siempre

Y sin mirarme se marchó a su mesa. No sé cuanto demoré en decidir, pero resolví ir a hablarle:

—Hola, puedo sentarme -Lo dije muy seguro de mí-

Me miró, dibujó su cara de sorpresa y contestó: —Claro pero si quieres mi autógrafo o una foto, el chico de la barra puede ayudarte con eso por una cantidad razonable.

Me causó gracia aquel comentario.

–No te preocupes, solo quiero saber quién eres y ¿cómo es que estas en este lugar? siento curiosidad.

—Eres raro -mencionó para sí misma-. La curiosidad mató a muchos gatos en incontables noches ¿Qué te hace pensar que no serás uno de ellos? Te anticipo que no me llevaras a tu habitación...



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Era de esperar que esta situación ya ocurrió innumerables veces, solo que no imaginé que me daría esa respuesta tan directa, como si quisiera ahorrar su tiempo —No era mi plan, suelo hacer las cosas diferentes –le aseguré-. —Está bien, eres diferente y sueles ayudar, pensar, eres correcto, jamás lastimarías a una flor, tiras tu arroz intencionalmente en la calle para que las aves tengan que comer, y no me digas, estas divorciado, terminando con tu novia o vives con tu madre –dijo ella tan fríamente que llegué a creer que yo era todo eso-.

Solo pasaron fracciones de segundos pero me parecía una eternidad hasta que logré conectar mi lengua con mi cerebro:

—Deben ser tortuosas las noches aquí, si apenas llegué a tu mesa y sorpresivamente me sumerges en tu campo de tiro.

Hizo un gesto compasivo y dijo:

—Disculpa pero así soy, los hombres llegan a mi mesa como si fuese un imán, mi tiempo y mi vida son dos cosas de gran valor para que sean ocupados por torpes y arrogantes.

Me puse cómodo, la miré, si mi apreciación no falla, se sintió en confianza y fue cuando le comenté:

—Me ha impresionado tu voz, quizás no sea una sorpresa, pero algo que no me entra en la cabeza es ¿como estas aquí sentada y toda esta gente no está sobre ti pidiendo tu autógrafo? Tal vez sea por tu actitud, solo que esto es mucha gente y no creo que tu escudo lo resista.

Cerró sus ojos, sonrió, y respondió:

—Pequeño, esta gente no viene por mí, viene por mi voz, ellos aprecian la vida del artista. Aquel hombre en diagonal a ti, es director de la orquesta nacional juvenil. Ese otro detrás de ti, es organizador de los más importantes conciertos que si quiera puedes imaginar. Detrás de mí, bueno el solo es el alcalde y la razón del porqué están tan controlados es porque me he encargado de rechazar a cada uno de manera muy sutil y mi talento los mantiene aquí. Tú llegaste hoy, ellos llevan años.

Me pareció un hecho dramático aquel lugar y esa mujer tenía tanto control sobre ellos que emanaba un aire de crueldad en cuanto terminó de explicarme:

—¿Qué edad tienes? -le pregunté -.

—Tengo diecinueve. -contestó-

''¡¿Qué?!'' exclamé en mi mente. Aquella chica aparentaba más edad algunos veinticinco o más, por su belleza y voz.

—Me resulta increíble, solo que ahora me dejas anonadado y no sabría que preguntar -típico de mi, en una situación siempre me bloqueo-.

—¿De verdad te resulta importante conocerme? -Preguntó como si nunca nadie la hubiese conocido, esperanzada y con una atmósfera en su cara que la hacía parecer una niña sin más.

La observé fijamente y le afirmé:

—Si.

—Déjame contarte una historia –respiró profundamente- Yo te conozco, tengo una amiga que vive en tu calle, te ve salir todas las mañanas al trabajo, ella frena su salida para no tropezar en tu camino, estudia a una cuadra de donde trabajas, sabe cuando te marchas, vas a presenciar ciertas clases en el instituto al que ella va; psicología, economía, leyes constitucionales, derecho jurídico, química orgánica, anatomía y como un extra vas a clases de arte. Curiosamente no sabe como entras a esas clases sin llamar la atención de los profesores o de los decanos. Además, como otro evento casual sueles salir al mismo horario que ella y pasa a tu lado sin llamar tu atención...

Me quedé pensativo por un instante, reflexionando de las casualidades y causalidades de la vida. Está fue una extraña casualidad.

Continuará


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© Copr. 2020 Jhunior Pavan





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