Crónica bipolar

in spanish •  9 months ago  (edited)
En el día de hoy, quisiera compartir una líneas que relatan un día cualquiera que decidí salir a buscar algunas cosas que se me habían ya agotado.

Fue algo interesante el transcurrir de mi día. Y de esa caminata surgieron frases y palabras que integré en este escrito que decidí llamar crónica bipolar. Espero se de su agrado.


Crónica Bipolar

Y así como el paso del tiempo se me agotó la comida y otros artículos de limpieza personal. Me negaba a admitirlo, realmente no quería asumir esa salida necesaria para proveerme de víveres hasta que mi estómago inquietante hablaba en protesta contra la repetición y la mezcla de comida, que hasta salió bien en algunas oportunidades. La nevera se unió a está protesta y le dio por reflejar síntomas de depresión de alimento vacío. Ya era rutinario montar casi un experimento científico para optimizar el uso de mi champú favorito que me traje de es último viaje.

Pues bien llegó el momento de tomar acciones radicales ante este asunto. Aceptar y emprender la búsqueda diré un plan perfecto en mi cabeza bastante optimista casi sin dinero en efectivo para desplazarme. Me conecté con el cielo y desee una super cola como yo le digo.

Nadie se detenía. Asumo que por el disfraz de lentes oscuros y un sombrero que uso para mis salidas de campo que me hacían pasar de incógnito. Realmente salir en esta hermosa región costera donde habito es prácticamente un alto de rebeldía, pues, aunque mi celular inteligente dice soleado 28 °C yo siento que son 38 o 40 °C de sensación térmica.

Me encontré con un vecino y emprendimos una tertulia breve, en mi mente iba al médico y luego de compras a la ciudad. Mi deseo fue concedido y literalmente me fui colorada en la cola del vecino. Este ángel desconocido me dejo en un sitio céntrico. Me lancé una carrera hasta el consultorio, esperaba que por el costo de la consulta estuviera casi vacío llegué a las 8, por orden de llegada me dijo la secretaria. En.mi mundo fantástico me dije: ¡oye no es tan tarde! Cuando entre no pude evitar mi asombro una veintena de mujeres algunas incluso con niños. Otras acompañadas de sus parejas causaban recelo.

Mi plan se cayó, nada de salir temprano de ahí y en ese momento le di vuelta a la tortilla le dice a la secretaria que me diera un cálculo y me dijo: Eres la última te toca casi al mediodía, miré mi reloj 8:30 am. Me senté y vi a Carlos Fraga en la TV. Y luego emprendí el viaje.

El sol no perdonaba, mis pies adoloridos, pero dispuestos marchaban con paso torpe, pero constante. Buscaba precios, escuchaba a la gente como en una sala de cine, demasiado contraste, distintas realidades. Una variedad de precios exorbitantes. Parecía una película loca. Veía precios altos y otros más accesibles, la gente se quejaba, pero todos estaban comprando, pregunté por una pintura y el empleado me dijo 10 $ con una naturalidad que me extraño demasiado y yo sacaba cuentas, y pensaba que deseaba pintar mi casa.

La peluquerías y la zapatería llenas. Un hombre gritando así como si nada compro dólares dólares dólares como Di ofreciera helados y con un fajo de dinero en efectivo, ah el preciado efectivo. No me animé a preguntar el precio y seguí mi camino, llegué a una tienda que me recomendó una desconocida para comprar harina, mientras estuve ahí presencié que remarcaban el precio de la mantequilla. Compre harina y azúcar y seguí.

Ya el reloj se acercaba a la hora de mi cita, corriendo más sudada y pesada pensaba que no llegaba. Me tocó espera una hora más. Ya en el consultorio luego de la tertulia y la consulta psicológica de rigor la doctora me chequeó, es ginecóloga, pero me sentía como en.un confesionario.

Salí de ahí preguntándome como llegaba a casa si no tenía dinero para un taxi. Hasta que pensé me tocará decir si acepta un trueque o un transferencia tardía. No tuve que hacerlo paso milagrosamente bus. Gracias decía para mis adentros. Todo va fluyendo bien. Me encontré gente que me guió y me aconsejó, conseguí buenos precios y aunque lo que vi no era agradable me.
lo tomé con soda hasta caminar por una alcantarilla desbordante lo contraste viendo el color que tomaba y pensando si era cobre.

Ya estaba más cerca de casa la caminata era fuerte y en subida con ese peso que la verdad no se como logré cargar. Pero no pensaba en eso me enfocada en el destino y decidí darme un último super premio para darle la vuelta a la situación otra vez, los vasitos de Doña Ana, un helado de jobito era lo necesario para llegar a casa. Junté las fuerzas llegué hasta su puerta a la 2 pm y grité Ana, con un grito moribundo, tanto que Ana me invitó a pasar y sentarme en su porche a comerme un primer helado. Recuperé el aliento y cuando ya retomará el camino a la puerta de Doña Ana ya llegaba otro vecino pidiendo uno de amigo con piña me di cuenta que esta señora era de gran importancia.

Ya en casa me encuentro acostada y no saldré hasta mañana. Sólo me quedo algo de tiempo antes de mi reposo de recuperación para contarles este cuento de contraste, está crónica bipolar.


«Una visión en contraste» fotografías tomadas en el CDCH-UCV, Altamira, Caracas, Venezuela por @geadriana

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Estupendo relato desde la óptica del estrés diario que nos produce esta vida agitada que a veces nos hace querer asilarnos en nuestra casita, cómodos y sin perturbaciones. Bien relatado y muy atrayente en la lectura, gracias por compartir, @geadriana. Te quedó estupendo. te dejo mi apoyo y un abrazo!.

Muchas gracias por tu comentari y apoyo. Saludos cordiales