P E R F I D I A

in Literatoslast month


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«Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo».


— Eduardo Galeano

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ℙ 𝔼 ℝ 𝔽 𝕀 𝔻 𝕀 𝔸


Aquí me tienes, ya repartido, sumergido en un mundo de sombras poéticas, invocando el pasado a la medianoche, abrazado a agentes de un sortilegio, mientras corrijo de tu mano aciaga, amoreteada y vil, frente al espejo de una muerte hostil que solo me otorga más penumbra, observando tus ojos penetrantes, parafraseando un proverbio de milenaria verdad, intentando hacer que recapacites de nuevo; por mí y a quienes les importaste.

A ella la llamaban Alicia, la de los dientes chuecos y cabellos chamuscados. La de los ojos celestes, vacíos y taciturnos. La de acciones viles, extrañas y funestas. La que se perdía entre los refugios de un jardín o una arboleda. Yo la conocí y también la amé, fui yo el único que puso un anillo en su dedo, con una incrustación fastuosa de azabache.

Alicia me correspondió una noche lunar, invocando mi nombre desde un peñasco de gran altura. Las nubes me acudieron y yo las seguí, otorgándome el camino hacia su señora. Y luego, todo fue como una ilusión; una oscura y aterradora, hubo susurros, llantos y gemidos. Ruidos grotescos de berridos y chasquidos, a un lado de nuestro nido de placer, como en un ritual retorcido.

Yo no pude mirar a los ojos a mi amante; estaba confundido, hechizado, mientras arrastraba sus uñas sobre mi espalda y al mismo tiempo recibía el cálido aliento de su boca. Quedaba perplejo ante sus susurros sombríos, frases inciertas y carcomidas por una voz grave que se interponía. Paulatinamente la cubría la oscuridad, hasta que no quedó nada, solo una abstracción.

Después del acto huí despavorido, con el corazón perturbado pero aún ferviente de amor. Revolví en mi mente escenarios extraños hasta encontrar el más vivido de todos, el de aquella vez, y vociferé demasiado al viento cayendo al final en un letargo extraño y, sobre mis manos, había caído una respuesta innegable.

Rechazaba la idea de que mi amante fuera una bruja que solo buscaba apuñalar mi corazón, arrancármelo de un tajo y hacerlo cenizas en una fogata infernal. Ella busca y encuentra, y al final nunca deja nada para los demás. Busqué la sabiduría de la santidad, un hombre ordenado por las fuerzas celestes con alta jerarquía. Sanó mi marca, me arrebató la piel podrida y santificó mi cuerpo con palabras benditas. Libró mis pensamientos y volví a mi camino nuevamente.

Fue con el tiempo, que reiteradamente volví a sentir temor por los ojos de Alicia, su identidad deforme y demente me provocaba espanto y, angustiado por los susurros, me envolvía en sábanas y recuerdos de mi feliz niñez.

Era algo que ya no podía ignorar, en cualquier revelación sabía que ella estaría ahí, invocándome, haciéndome desear su cuerpo maldito, como un suicida desea una peste mortal.

De nuevo me oculté, ante el cobijo de un cielo astral, orado por miles de voces que lo anhelan y lo consagran, aquello era mi refugio, mi beldad en contra de mi acechadora, que una vez más y para siempre, buscaba la manera de obtener cada latido de mi corazón.

FIN


Escrito por @universoperdido. Abril 12 del 2021


La imagen de portada es de mi propiedad, tomada con un celular Moto E4 y editada con PhotoScape y Snapseed.


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