Dentro de la maleta | Relato corto | [ESP/ENG] Inside the suitcase | Short story |

in Literatos2 months ago

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Foto original de: Pexels | Gustavo Fring

    El autobús debió haber salido un cuarto de hora antes sin embargo seguíamos ahí, esperando. El chófer informó que no saldríamos aún, aunque en ese momento no me quedó claro por qué, luego me enteré de que era por falta de pasajeros. En el interior algunos conversaban entre ellos o con el propio chófer, mientras que, en ese lapso de tiempo, media docena más de personas subieron, entre ellos un joven de aspecto extraño que llevaba consigo una maleta.

    —Es muy grande, hijo —le dijo el conductor —, llévala al porta equipajes trasero.

    —Lo... lo siento —respondió él. Deduje sus palabras leyéndole los labios, pues su bajo tono de voz me hizo imposible escucharle.

    Como si no escuchara, siguió intentando meter la maleta por la estrecha puerta delantera, hasta que la mitad ya estaba dentro del transporte.

    —¿Estás sordo? —replicó el chófer, notablemente molesto.

    Uno de los pasajeros de los asientos delanteros espetó que le dejara pasar con la maleta y arrancara de una buena vez. Alguien sugirió que el chico quizá era autista. Supongo que, para no entablar discusión, el chófer hizo caso.

    El joven, caucásico, tan delgado como mi hija de catorce años, de rostro desencajado y con grandes ojeras malva al rededor de sus ojos, arrastró la maleta hasta casi el final del pasillo, se sentó en los asientos a mi izquierda y posicionó cuidadosamente el equipaje junto a él, tapando la ventana.

    Definitivamente algo no andaba bien con él, cualquiera podría haberse dado cuenta. A pesar de ello creo que todos, yo incluido, estábamos lo suficientemente inmersos en nuestras cuestiones como para prestar atención al extraño raquítico y su maleta. A los veinte o treinta minutos de viaje el cansancio se apoderó de mí y mis ojos se cerraron.

    Me perdí en mi sueño. En el autobús el único individuo era yo, no había nadie más, ni siquiera el chófer, pero este seguía en movimiento. No obstante, no estaba solo; a mi izquierda seguía la maleta. Aquel objeto de ruedas gastadas y terciopelo sucio, corroído por el paso del tiempo y el descuido de su portador, me llamaba. No literalmente, no podía escuchar ningún sonido que emitiera, pero sí me llamaba, estoy seguro. Me pedía que la abriera así que salté de mi asiento, como niño emocionado por tener en sus manos un juguete nuevo, para abrirla. Antes de lograrlo un grito desgarrador bastó para sacarme del sueño, seguidamente el fétido hedor llegó a mis fosas nasales.

    —¿Qué carajo es eso? —murmuré, aún más dormido que despierto.

    Miré hacia la derecha, a través de la ventana, habíamos llegado a la primera parada de la interestatal. Volteé a la izquierda y una mujer, recargada al espaldar de mi asiento, me miraba «con el rostro incluso más desencajado que el joven de la maleta», pensé en ese instante, y dirigí mi atención a donde estuvo sentado el personaje en cuestión, ya no estaba. Sin embargo la maleta seguía ahí, abierta.

El mal olor aquejó a los pasajeros desde minutos atrás, según me enteré más tarde, por lo cual detuvieron el autobús allí y, en busca del origen de la peste, concluyeron que provenía de la maleta del extraño, que minutos antes había bajado con la excusa de que iría al baño. Justificado estaba el grito de la mujer que la abrió y se encontró aquel escenario: dos cabezas, aparentemente de un par de personas mayores, en avanzado estado de descomposición, sin lenguas ni ojos, solo con algunos cabellos caídos, gusanos recorriendo los bordes de sus labios y sus cuencas, y una cruz de madera pintada en negro junto a un trozo de papel en el que escribió «lo siento».

XXX

¡Gracias por leerme!

 

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Dentro de la maleta ENG.png

Original photo: Pexels | Gustavo Fring

    The bus should have left a quarter of an hour earlier but we were still there, waiting. The driver reported that we would not leave yet, although at that time it was not clear to me what, later I heard that it was for shortage of passengers. Inside some were talking to each other or to the bus driver, while in that time half a dozen more people got on, among them a strange looking young man who was carrying a suitcase.

    "It's too big, son", said the driver, "take it to the rear luggage rack".

    "I'm... I'm sorry", he replied. I deduced his words by reading his lips, because his low tone of voice made it impossible for me to hear him.

    As if he didn't listen, he kept trying to get the suitcase through the narrow front door, until half of it was already inside the transport.

    "Are you deaf?" replied the driver, remarkably upset.

    One of the passengers in the front seats asked him to let the kid pass with his suitcase. Someone suggested that the boy might be autistic. I guess, to avoid an argument, the driver listened to them.

    The young Caucasian, as thin as my fourteen year old daughter, with a disheveled face and large mauve circles around his eyes, dragged the suitcase almost to the end of the aisle, sat on the seats to my left and carefully positioned the luggage next to him, covering the window.

    Something was definitely not right with him, anyone could have noticed. Still, I think everyone, including myself, was sufficiently immersed in our issues to pay attention to the rickety stranger and his suitcase. After twenty or thirty minutes of travel, fatigue set in and my eyes closed.

    I got lost in my dream. On the bus the only person was me, there was no one else, not even the driver, but the bus was still moving. However, I was not alone; on my left was the suitcase. That object with worn wheels and dirty velvet, corroded by the passage of time and the carelessness of its carrier, was calling me. Not literally, I could not hear any sound it made, but it called to me, I am sure. He was asking me to open it so I jumped out of my seat, like a child excited to hold a new toy in his hands, to open it. Before I could do so, a heart-rending scream was enough to get me out of my sleep, and then the foul stench reached my nostrils.

    "What the fuck is that?" I murmured, even more asleep than awake.

    I looked to the right, through the window, we had reached the first stop on the interstate. I turned to the left and a woman, leaning against the back of my seat, looked at me "with a face even more disheveled than the young man with the suitcase", I thought at that moment, and directed my attention to where the character in question was sitting, he was no longer there. However, the suitcase was still there, open.

    The bad smell had afflicted the passengers for minutes, as I found out later, so they stopped the bus there and, in search of the origin of the pestilence, concluded that it came from the stranger's suitcase, which minutes before had come down with the excuse that he was going to the bathroom. Justified was the scream of the woman who opened it and found that scene: two heads, apparently of a couple of elderly people, in an advanced state of decomposition, without tongues or eyes, only with some fallen hair, worms running along the edges of their lips and their sockets, and a wooden cross painted in black next to a piece of paper on which she wrote "I'm sorry".

XXX

Thanks for read me!

Post translated with (much) help from DeepL

 

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