Relato: Yelena

in Team México7 months ago

Fuente de la imagen: Pexels

Moscú, Rusia. 1855.

Nathaniel Fairchild suspiró profundamente mientras cerraba la puerta detrás de sí. Sentándose en el escritorio, se puso a reflexionar seriamente sobre la posición actual en la que se encuentra.

Desde hace dos semanas y media que se encontraba en la casa de su amigo Alexéi Vasiliévich Smirnov. Éste había sido convocado por el padre de éste como abogado, pues quería vender una propiedad en Londres para poder solventar las recientes deudas de juego que su madre adquirió. El asunto había terminado bien, dejando contentas a ambas partes; por lo tanto, partiría de Moscú la siguiente semana, pues el señor Smirnov lo había invitado a que pasara unos días con la familia.

O eso era lo que tenía contemplado de no ser por su imprudencia en fijar los ojos en la princesa Yekaterina "Kitty" Urgulaniova, hija mayor del duque Vassili Arkádiev y su esposa María Urgulania.

Aquella hermosa joven le había robado el corazón; sus cabellos rojos como el fuego, sus ojos verdes, sus labios carnosos, su carácter afable... Todo en cuanto había en ella lo dejaron prendado hasta el extremo de confesarle a su amigo que se había enamorado de ella. Sin embargo, había un detalle que le impidió declarársele: Ella estaba comprometida con el príncipe Andréi Gorbachev, un pariente lejano del zar.

Si fuera de otra naturaleza, habría instado a la joven a que se fugara con él, más no era así. Pedirle a la prometida de un pariente del zar que se fugara con él podría traer implicaciones de índole internacional y añadiría las tensiones diplomáticas existentes entre Rusia e Inglaterra. Por lo consiguiente, decidió ser nada más un amigo más.

Su amistad con Kitty lo llevó a su actual y muy incómoda situación: el verse forzado a casarse en un año con la hija menor de la familia.

Los Arkádiev tenían 10 hijos; los 9 primeros hijos estaban sanos y fuertes, sin deformidades físicas ni enfermedades mentales. Su último vástago, Yelena, de 16 años, no corrió con la misma suerte.

Había nacido con deformidades extrañas en las piernas y los brazos. Su rostro estaba demacrado por las noches sin dormir y por llorar constantemente. Siempre andaba en silla de ruedas, la cual era empujada por su nana, Tatiana. Nunca se dejaba ver a la vista de las visitas; siempre estaba encerrada en su habitación, refugiada en las muñecas que sus padres le regalaban cada cumpleaños y Navidad.

Conoció a la desafortunada joven en un paseo por el lago que se encontraba cerca de la propiedad de los Gorbachev. Kitty y su hermano Sergéi paseaban con ella cuando se encontraron. Mientras platicaban sobre sus días, Sergéi notó que su hermana menor miraba a Nathaniel con fascinación. Aquella reacción sorprendió en medida a la familia, pues su carácter tímido y retraído le evitaba acercarse a la gente.

Conforme pasaba los días, la joven evidenciaba un fuerte enamoramiento; los padres, queriendo ver feliz a su hija, le pidieron a Nathaniel que se casara con ella. Éste tuvo que ser franco y directo ante aquella petición: Para él sería cruel llevar a cabo ese matrimonio, pues era tanto como fingir algo que no sentía. Así mismo, les recordó que él no era aristócrata, a pesar de que su padre fuera uno de los hombres más influyentes de la Gran Bretaña. Por lo tanto, contraer matrimonio con Yelena tenía severas implicaciones políticas que él prefería evitarlas.

Para su sorpresa, aquella respuesta no fue del agrado del duque. Éste, sin rechistar, lo acusó falsamente de espionaje ante la policía.

El padre de Alexéi, quien era un hombre influyente en el campo político, intervino de inmediato; negociando con el duque, acordó entonces que Nathaniel contraería matrimonio con Yelena en el plazo de un año a cambio de su libertad.

Un toque quedo interrumpió sus pensamientos.

"Adelante", murmuró mientras se volvía hacia su visitante. Una sirvienta le anunció que una dama deseaba hablar con él de inmediato. Extrañado, le pidió que la pasara a la sala de estar.

Su sorpresa fue grande cuando, al bajar, entró a la sala de estar. Kitty estaba sentada en el sofá; su mirada reflejaba angustia y terror. Antes de que Nathaniel pudiera decir algo, Kitty fue directo al grano: la salud de Yelena se había deteriorado.

"Los doctores creen que no pasará de esta noche", le dijo la acongojada joven.

"¿Pero qué...? ¿Qué ha pasado?"

"Se enteró de lo que te hizo mi padre. Irrumpió en medio de un desayuno con mis futuros suegros; nunca la vi tan enojada, tan irascible... Sus emociones la embargaron tanto que le dio un ataque cardíaco".

"Dios..."

"Vine a verte para pedirte, ¡a rogarte!, que te cases con mi hermana esta noche".

Nathaniel le miró con estupefacción.

¿Había escuchado bien?, ¿acaso Kitty le pedía que llevara a cabo lo que él consideraba una crueldad hacia una niña?

"Kitty, me estás pidiendo algo que había prometido llevar a cabo en un año. No creo que sea prudente forzar las cosas", le dijo con preocupación.

"¡Por favor, Nathaniel!, ¡te lo ruego! Mi hermana ha sufrido toda su vida. ¡Por favor, ten un poco de compasión y otórgale un último deseo!"

Nathaniel desvió la mirada. Por un momento sopesó las palabras de Kitty, sus implicaciones y las probables consecuencias que traerían sus acciones al acceder a las súplicas de la bella dama.

Suspirando con pesadez, se volvió hacia Kitty y le dijo: "Lo haré...".

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