Relato: Conexión (IV)

in hive-174683 •  2 months ago 

Parte Uno 

Parte Dos 

Parte Tres

Fuente de la imagen: Escapist Magazine

Su mente se había cerrado; su mirada, como perdida, estaba fija en el hombre de cabellos castaños oscuros y en su compañero, un lobo gigante bípedo, quienes asesinaban a sus agresores. Anne y Lansbury, por su parte, trataban de llevársela, aprovechando la reyerta.

¿Qué había pasado? ¿Por qué el hombre horrible, quien yacía muerto a pocos metros de ella, la llamó "híbrida"?¿Lovelace era en verdad un hombre malvado o alguien que genuinamente había notado el peligro que se cernía sobre ellas? La respuesta a su última pregunta fue muy evidente: Aquél hombre no era una serpiente, una persona mala como le dijo Lansbury; si lo fuera, no le habría importado ir a su rescate. Las dejaría a su suerte, a riesgo de ser lastimadas y vejadas por aquél hombre muerto y sus amigos. 

En medio de su ensoñación, sintió cómo alguien la cubría con algo y, jalándola en pos de sí, la instó a correr mientras que, a una velocidad inhumana, se acercaba corriendo una turba enfurecida. 

Hvitserk irrumpió en una de las habitaciones y cerró la puerta; mirando de reojo a la niña, le dijo:

-¡El candelabro, pronto!

Clarissa, como si despertara de un sueño, reaccionó. Tomando el candelabro que estaba encima de un recibidor y se lo entregó a Hvitserk; éste colocó el objeto en las agarraderas. Volviéndose hacia Clarissa, la tomó de la mano y juntos corrieron hacia la ventana. Mirando detenidamente el paisaje, Hvitserk le indicó a Clarissa que se montara encima de él, pues saldrían por la ventana; la jovencita le miró como si estuviera loco. 

-Confía en mí -le dijo, ofreciéndole su mano -. Saldremos vivos, lo juro por Dios y los dioses.

La jovencita se volvió hacia la puerta; ésta estaba a punto de ser derribada. Mirando a Hvitserk, tomó su mano y se montó en la espalda del joven. 

-Sosténte bien y tápate los ojos -le dijo Hvitserk.

Antes de que Clarissa pudiera responder, Hvitserk abrió la ventana y se trepó en el balcón. A partir de ese punto, el hombre ascendió saltando y trepando. Clarissa trató de no mirar hacia abajo. ¿Dónde había aprendido aquél hombre esa extraña habilidad que lo inducía a desafiar a la muerte? Quizás nunca lo sabría. 

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