El testigo / relato - primera parte

in OCD3 months ago


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Aquella noche las minúsculas gotas de lluvia caía tras el cristal; pero había un calor espantoso en mi habitación. Yo estaba en el cuarto piso contiguo a la ventana y apreciaba el gentío que se amontonaba en la plaza del barrio, todos concurrían regularmente los fines de semana para observar el espectáculo que organizaba el consejo comunal. Lo cual era agradable, me gustaba ver, oír el ruido de las voces y los aplausos combinarse con aquella multitud. Naturalmente, había rostros alegres, pero también estaban los melancólicos que se ocultaban de las lámparas, y que a su vez se exhibían a la luz de la luna, esto para mí resultaba asombroso y la creatividad se intensificaba como el fuego, haciendo que mis horrorosos dibujos evolucionaran, más pintorescos o interesantes.
Todo estaba listo para el entretenimiento, cada persona o vendedor de comida en su puesto, inclusive yo estaba dispuesto como siempre lo hacía, tenía en las piernas mi nuevo cuaderno para dibujar, el estuche de lápiz y crayones, una botella de agua mineral en la mesita y mis binoculares que se sostenían de una cinta negra que estaba en mi cuello.
De pronto lo vi, un viejo demacrado, huesudo, con una larga cabellera y barbudo, era bastante jorobado, caminaba pausado y llevaba pantalones verdes sucios y rotos, una camisa celeste con mangas anchas y un abrigo hecho añicos. En su espalda holgaba un saco, omitía su contenido, pero mi intuición exponía que eran envases plásticos, ya que he visto que la fábrica de productos de limpieza los compra y la paga es en efectivo.
Permanecí observando al individuo con mis binoculares y él se inclinó creando extraños movimientos con sus brazos, de repente hizo una mueca graciosa manoseando y estirando su barba, examinando con mirada hostil un objeto que resplandecía en el suelo. Tomó aquello en sus manos, no obstante traté de descubrir que era, pero la distancia y la penumbra lo entorpecieron, lo único que pude distinguir fue que depositó algo en el bolsillo de su abrigo.

Claro, era bastante incuestionable para mí, la noche no era igual a las anteriores, esa noche prometía. Y mi atención se había dividido para el presentador y sus ocurrencias, el público y el loco Andrés como tontamente le coloqué. Entonces, abrí mi blog y comencé a dibujar a ese viejo misterioso, en la primera hoja lo hice doblegado, escudriñando entre la porquería, en la segunda reposado consumiendo algo que había botado un niño a la acera, y en la tercera, él detrás de la muchedumbre bailoteando y burlándose de todas las personas que ignoraban su presencia. No es por cacarear, pero era la primera vez que me saboreaba el resultado de los dibujos y no siempre sucedía así, porque la mayoría de veces despegaba las hojas y acababan en la basura.
Mantener los ojos abierto sirvió para obtener información, varios se comportaron inhumanos con Andrés, lo amedrentaban como si fuese un animal, otros evitaban cruzarse en su camino. A mis 14 años de edad, era lo suficientemente perspicaz como para darme cuenta en segundos, que él sufría el rechazo y tenía que soportar esa expresión en la mirada de muchos, sentía tristeza y me identificaba con su realidad, yo conocía cabalmente esa mirada, lo vivía en el liceo y todos los días cuando mi madre me obligaba a salir en esta maldita silla de ruedas.
Experimentaba una mezcla de sentimientos enojo-tristeza y no supe contener las lágrimas; me costó minutos recobrar la serenidad, estaba muy afectado. Después, ya más sosegado me planteé seguir trazando cada pormenor que advertía, incluso mientras el lápiz se deslizaba alcancé a preguntarme — ¿qué pasará por la cabeza del loco Andrés? ¿En realidad está loco, o es un pobre diablo más del montón que disfruta de una forma especial el espectáculo? ¿Tendrá esposa e hijos? ¡Bah! Quizá sea un actor disfrazado que busca medir la conducta o bondad de la gente. —En serio, me moría de la curiosidad, quería investigar todo sobre él.

Minutos más tarde, cuando el presentador solicitaba los aplausos para el alcalde, volteé hacia la parte derecha de la plaza, y me percaté de la presencia de un joven que aprovechaba la desidia de muchos para introducir las manos en los bolsillos y carteras de otros, esforzándose por obtener cualquier objeto de valor. Mientras que el loco Andrés había encontrado un asiento, afanándose en cautivar sobre su persona la atención del público, él se agitaba en su banca, se elevaba, pedía comida, se carcajeaba burlándose de los que se asustaban, mecía la cabeza y se acariciaba la barba, también decía en voz alta ¡yo no muerdo!, haciendo una mueca como si fuese un perro que intenta seguir y morder alguna pierna, en especial femenina. Me sentía tan hechizado por su forma de ser que sonreía con cada tontería que el hacía. Lo manifiesto, esa noche me carcajeé bastante gracias a sus estupideces. Quizá Andrés era un payaso y yo el chiflado que cuenta su historia.

Después de tomar varios tragos de agua, retorné la vigilancia sobre el ladronzuelo, y me di cuenta que se aproximaba veloz a la banca donde permanecía el loco Andrés bailando, parecía que el joven, amigo de lo ajeno lo conocía, porque le propinó un golpe en el pecho que provocó que Andrés cayera de espalda. Entonces, ajusté mis binoculares para no perder ningún detalle de lo que estaba por acontecer, el loco se levantó y comenzó a danzar extrañamente con los puños arriba, imitaba a un boxeador, gesto que también me pareció gracioso y solté una carcajada que hizo que mi madre tocará a la puerta.
— ¿Todo está bien Manuel? —Preguntó ella abriendo la puerta.
—Si madre, no te preocupes. —Le respondí.
—Bien hijo avísame si necesitas ayuda para irte a la cama.
—Ok Ma.

Esa minúscula distracción con mi madre ocasionó que perdiera de vista la primera parte de los hechos, ya que al retomar mi puesto, el ladrón estaba encima del loco e intentaba quitarle algo de la muñeca, y este otro en el pavimento se resistía aferrándose a la ropa de su atacante.
— ¡Qué rayos! ¿Qué está pasando aquí? —me pregunté confundido.
Bastó un pestañeo para darme cuenta que los hombres se habían separado, Andrés introdujo su mano derecha en el bolsillo del abrigo y sacó algo brillante (era el mismo objeto que había levantado), seguidamente hizo un gesto perverso hacia el joven, pero el ladrón eligió retarlo arrojándose encima para volver a intentar obtener lo que deseaba (un reloj).
¡Diablos! Lo que vi a través de esos cristales fue bastante sádico y espeluznante para mi corta edad, el loco había apuñalado al hombre encajándole un trozo de botella en el estómago (si,ese era el famoso objeto que brillaba, el cual no pude distinguir).

Creí que escaparía, pero no hubo movimientos bruscos por parte de Andrés, se quedó y observó el dolor de la víctima, como si contemplará su obra de arte, luego se inclinó a su lado y lo apuñaló de nuevo, esta vez con más fuerza, y con un movimiento forzado comenzó abrirle el estómago. Aquello me generó asco y vomité dos veces. El muchacho tenía una expresión terrorífica en su rostro pálido, nadie absolutamente nadie se percataba del hecho, en ese momento imaginé sus gritos y gemidos de dolor mezclarse con el ruido de la gente y la música del espectáculo.

¡Caramba estaba temblando!, sin embargo tomé mi lápiz y cambié la hoja para hacer un dibujo basado en una historia real, en el cual yo tenía la oportunidad de verlo con mis propios ojos, lo peor es que mientras le daba forma a mi creación más sentía placer y libertad.
El loco y yo éramos iguales, un par de artista haciendo su trabajo, él terminando de sacar todas las tripas del cadáver y yo puliendo y sombreando cada detalle del crimen en el papel. Ambos extasiados, risueños con aspectos de artesano, podría leerse cruel, pero nuestra alma se hallaban en el colmo del regocijo.

continuara...


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