Cuando casi te perdí | Historias de mamá (primera parte) [Esp - Eng]

in Motherhood3 days ago




Un hijo se lleva 9 meses en el vientre,
3 años en los brazos,
y toda la vida en el corazón


Fuente de la imagen principal en pixabay

[Español]

Hay historias que son tristes pero que a la vez, te enseñan a vivir, evolucionar, tener aún más Fè. Y por supuesto, vale la pena contarlas. Vale la pena contarlas por su lección de amor y de entereza. Una de las protagonistas principales de esta historia, soy yo. Soy yo cuando mi vida diò un giro inesperado y a la vez anhelado y, me hizo mamá.

Cuando tuve a Gabriel De La Caridad, mi vida cambio para bien, es algo que siempre he afirmado y eternamente lo volveré a decir. Ser madre fue comenzar a ver la vida desde otros ojos que no son solo tuyos, sino de ese pedacito de tu ser que, desde ese instante, brindaste al mundo para hacerlo un lugar mejor.

Comencé mi maravillosa aventura de criar a Gabriel, un 16 de Octubre del año 2000. Tenía yo 34 años de edad, una edad lo suficientemente madura para saber que la vida comenzaría a ser diferente desde ese momento crucial, pero el màs hermoso.

A los dos meses de nacido, Gabriel venía presentando malestares digestivos. En algún momento, en esa aprehensividad que caracterizan los primeros meses como mamá, llegué a pensar que algo estaba haciendo yo mal.

Una noche, mi pequeño se revolvía en su cunita y lloraba mucho. No hay nada más desesperante que ese llanto de los primeros meses, donde el bebé no sabe hablar y por ende, tienes que adivinar en medio de tu desesperación y su llanto, que le puede estar pasando al niño. Son momentos de real angustia, y quien ya es madre y me lee, sabe perfectamente de lo que estoy hablando. Llamé a su pediatra y lo llevé a consulta al día siguiente.

En ese momento, el doctor llama a un cirujano pediatra a la consulta y allí mi mente comenzó a volar imaginando que podía estar sucediendo. Cuando se es madre por primera vez en un tiempo de tu vida en que ya te sientes maduro respecto al tema, te sientes muy aprehensivo en los momentos de enfermedad. La mente y la imaginación comienzan a volar a los confines de lo malo que pudiera estarle sucediendo a tu pequeño tesoro. Esos son los peores momentos de esta tarea en realidad.

Me dan el diagnóstico y ambos me dicen que el niño está sufriendo de un mega colon congénito. Una enfermedad en la que, varios segmentos del colon (intestino grueso) están defectuosos y no permiten el tránsito intestinal de forma adecuada, ocasionando estreñimiento severo y obstrucción intestinal. El cirujano me comunica que al niño debían practicarsele tres operaciones en el lapso de un año.

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Mi pequeño Gabriel en esos dìas. Fotografìa de mi propiedad

Mi mente se paraliza y entro en estado de shock pensando en esta noticia. Pero, por allá dentro de mi, una voz de fortaleza me decía: "Ey, y con quién cuenta él si no es contigo, ¿ah?" Enseguida me sobrepuse y me dije a mi misma: "así mismo es. Él me tiene solo a mi.". Había que practicarle tres operaciones a lo largo de un año: la primera sería enseguida, para tomarle biopsia de las partes afectadas en el colon.

En ese momento, se le haría una colostomia, es decir, se le conectaría la salida del intestino a el abdomen. Allí por medio de una base plástica, se insertaría una bolsa de colostomia especial para tal fin, donde se recolectarían las heces del niño, es decir, no habría defecación por el ano como es normalmente. Gracias a Dios, en aquel tiempo, la situación en mi país no era tan complicada y yo contaba con un seguro médico tanto para mí como para Gabriel. Eso, me ayudó muchísimo a sobrellevar la situación.

Operaron a Gabriel y gracias a Dios todo salió dentro de lo previsto. Le colocaron su colostomia y comenzamos sus cuidados especiales. En ellos se involucró toda mi familia materna (mi madre de forma total, ella se encargó de cuidar a Gabriel mientras yo trabajaba). Apenas dos meses de nacido tenía mi pequeño amor. Debo confesar que se me engarruñaba el alma viendo pasar a mi pequeño por tantas jeringas y puyazos. Yo que soy bioanalista, no soportaba el dolor, pero nuevamente, la vocecita dentro de mí habló para darme fortaleza y apoyar a mi pequeño gigante.

Sobrellevamos entre todos los cuidados de Gabriel. Todos aprendimos a cambiarle la base de la bolsita y darle los cuidados que eso requería. Transcurrieron 7 meses. Gabriel crecía sano y feliz y ese detalle quirúrgico, nunca incidió negativamente en su crecimiento. Al contrario, evolucionaba de la mejor manera, a tal punto que nadie creía que era un niño con esa patología.

Llegó el tiempo de la segunda operación. Angustia, susto, preocupación. Cuando nuestros pequeños deben pasar por algún trance de este tipo, el alma se nos pone en un hilo. Pero había que seguir y como decimos en buen venezolano, echar para adelante, es decir, completar la tarea. Nos preparábamos, se fijò la fecha, se venía el momento. Ingresamos a la clínica en nombre de Dios.


Fuente en Pixabay

Esta historia continùa pronto.

[English]

When I almost lost you | Mommy stories (part one)

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My favorite photo in the world. Photography of my property

A child takes 9 months in the belly,
3 years in the arms,
and a lifetime in the heart

Some stories are sad but at the same time, they teach you to live, to evolve, to have even more faith. And of course, they are worth telling. It is worth telling them for their lesson of love and fortitude. One of the main protagonists of this story is me. It is me when my life took an unexpected yet longed-for turn and made me a mother.

When I had Gabriel De La Caridad, my life changed for the better, it is something I have always affirmed and I will eternally say it again. Being a mother was to begin to see life from other eyes that are not only yours, but from that little piece of your being that, from that moment, you gave to the world to make it a better place. I began my wonderful adventure of raising Gabriel on October 16, 2000. I was 34 years old, an age mature enough to know that life would begin to be different from that crucial, but most beautiful moment.

Two months after his birth, Gabriel had been having digestive problems. At some point, in that apprehensiveness that characterizes the first months as a mother, I came to think that I was doing something wrong.

One night, my little one was tossing and turning in his crib and crying a lot. There is nothing more desperate than the crying of the first months, where the baby does not know how to talk and therefore, you have to guess in your desperation and his crying, what could be happening to the child. These are moments of real anguish, and whoever is already a mother and reads me, knows perfectly well what I am talking about. I called his pediatrician and took him for a consultation the next day.

At that moment, the doctor calls a pediatric surgeon to the office and there my mind started to fly imagining what could be happening. When you are a first-time mother at a time in your life when you feel mature about it, you feel very apprehensive at times of illness. Your mind and imagination begin to fly to the far reaches of what bad could be happening to your little treasure. Those are the worst moments of this task.

I get the diagnosis and both tell me that the child is suffering from congenital megacolon. A disease in which several segments of the colon (large intestine) are defective and do not allow intestinal transit properly, causing severe constipation and intestinal obstruction. The surgeon informed me that the child would have to undergo three operations within a year.

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My treasure with his grandfather Antonio. Photography of my property

My mind is paralyzed and I go into shock thinking about this news. But, deep inside me, a voice of strength told me: "Hey, and who is he counting on if not you, huh?" I immediately got over it and said to myself: "That's just the way it is. He has only me. He had to undergo three operations during a year: the first one would be right away, to take a biopsy of the affected parts of the colon.

At that time, a colostomy would be performed, that is to say, the exit of the intestine would be connected to the abdomen. There, utilizing a plastic base, a special colostomy bag would be inserted for that purpose, where the child's stool would be collected, that is to say, there would be no defecation through the anus as is normally the case. Thank God, at that time, the situation in my country was not so complicated and I had medical insurance for both myself and Gabriel. That helped me a lot to cope with the situation.

They operated on Gabriel and thank God everything went according to plan. They placed his colostomy and we started his special care. My entire maternal family was involved (my mother was involved, she took care of Gabriel while I was working). He was only two months old when my little love was born. I must confess that it made my soul growl watching my little one go through so many syringes and pokes. As a bioanalyst, I could not bear the pain, but again, the little voice inside me spoke to give me strength and support my little giant.

We all got through Gabriel's care. We all learned to change the base of the pouch and give him the care that this required. Seven months went by. Gabriel was growing healthy and happy and this surgical detail never harmed his growth. On the contrary, he evolved in the best way, to such an extent that nobody believed that he was a child with this pathology.

The time came for the second operation. Anguish, fear, worry. When our little ones have to go through this kind of ordeal, our soul is on edge. But we had to go on and as we say in good Venezuelan, "echar para adelante", that is, to complete the task. We were getting ready, the date was set, the moment was coming. We entered the clinic in the name of God.



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This story continues soon.


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Obsequio y creaciòn del usuario @frankches, inspirado en una fotografìa de mi propiedad | Gift and creation
of the user @frankches, inspired by a photograph of my property


Las mejores voces son las que nacen desde el corazón

The best voices are those born from the heart

Gracias por tomarse un tiempo para esta lectura

Thank you for taking the time for this reading

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Te apoyo cuando dices: "Hay historias que son tristes pero que a la vez, te enseñan a vivir, evolucionar, tener aún más Fé"
La fe es un palabra motivadora y es lo que nos mantiene en pieen la vida.
Un abrazo.

Jamas hay que perderla, querida hermana. Y más aún cuando se trata de nuestros mayores tesoros. Gracias por acompañarme siempre. Un abrazote! @mafalda2018 😘🤗

Scary seeing them be scared!

Yes, and although my little son (who is now 20 years old) was very brave (and still is), it was very hard for me to keep my composure at that time. I consider that it was the biggest test of my life. Thank you for being there, dear family. I hug you very much! @thealliance

Auch! Que susto te dio tu angel Gabriel. Espero que tu pesadilla haya terminado con la segunda operación!😣 En mi caso mi hija tambien ha sufrido mucho de su barriguita desde que era una bebé. Ahora ya esta en manos de ella cuidarse. Saluditos!😘