El Campanario de la casa eclesiástica...

in Cervanteslast year

“La herencia pasa a la siguiente generación, para bien o para mal, se debe recibir…”

Saludos Steemianos. La majestuosidad del lugar puede atraer a inocentes, sin embrago, en ese hogar se encierran los más espeluznantes hechos que algún ser pudiese haber vivido. A continuación, el texto para su consideración y comentarios.

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Rodeada de una espesa de vegetación, la acompaña una bruma todos los días. Se muestra imponente al lado de la calle que conduce al condado de Saint Louis a unos tres kilómetros de la entrada al parque Nacional Los Cóndor. Está allí, la antigua iglesia levantada bajo una arquitectura gótica construida hace 30 años y plasmada con atractivos colores, haciéndola única en su estilo por estas zonas.

Al pasar al lado de ella, se siente un magnetismo, que te atrapa. Más aún, cuando sabes que el inglés Thomas Silva la adquirió para transformarla en su hermoso hogar, sin eliminar su enorme campanario, que en ciertas ocasiones deja sentir sus estruendosos sonidos “ton-ton”, helando la sangre de todos los habitantes del condado.

Ha transcurrido tiempo, desde que la familia Silva desapareció de su hogar sin dejar huellas, lo único que permanece de esa familia es un enorme cuadro ubicado en el medio de la pared del pasillo que conduce al área de servicio. Sus rostros muestran vida. Su extraño hogar está inmóvil en el tiempo. Nadie supo más del Sr. Thomas, su esposa y su hija Stefany.

Todos desaparecidos.

El día que el agente inmobiliario me mostró aquella impetuosa construcción, quedé emocionado por su magnitud. Atrapándome; por lo que, no escatimé esfuerzo en adquirirla.

Teníamos tres meses viviendo en ella y les confieso que todavía existen cubículos y pasadizos sin conocer. Ahora me he interesado en averiguar la historia de la familia Silva. Más aún, después que comenzaron a suceder los extraños acontecimientos que jamás olvidaré.

Una madrugada nos despertó intempestivamente el sonido de una campana. Fueron tres o cinco golpes certeros cuya vibración hizo fluir nuestra sangre, proporcionando un impulso irreal hasta llegar al corazón. Trasformando nuestra presencia en seres aterrados.

Miré a mi esposa, regresaba su mirada con mayor terror que la mía. Atrapó mi mano. Lo hizo tan fuerte que todavía siento la presión ejercida por ella. Mientras las paredes, continuaban sucumbiendo por la vibración dejada, por el eco proveniente del campanario.

Mi hija se apersona en el cuarto. Su mirada estaba perdida. Tardé en unos minutos para entender que aquellas campanadas surtían un efecto maligno en ella. Lo confirmé cuando de una forma sobrenatural hizo levantar a mi esposa por el aire, se veía como una pluma sin dirección.

Traté de detenerla, pero me tenía paralizado, todo sucedió tan rápido que no me había percatado de su rostro; mi niña se había transformado en la chica del cuadro, en Stefany con una tez algo más pálida.

Horrorizado vi como lanzó a Julia contra la pared. Luego la arrastró sacándola de la habitación. Pasaron 5 segundos de aquella escena. Pude moverme. Corrí en su ayuda. La busqué por intricados lugares y nada. Encontré a mi hija, lloraba desconsolada. Decía que todo era una pesadilla. La abracé, le pregunté por su madre respondiendo con un movimiento con su cabeza. No sabía nada de ella.

La noche apena comenzaba, un silencio espectral arropó el aire de aquel hogar. Proseguí en la búsqueda de Julia. Nuevamente se dejó escuchar el sonido ensordecedor de la campana –ton-ton- helando progresivamente mi sangre.

Se sintieron pasos apresurados por el pasillo. Decidí esconderme. Efectivamente era mi niña, o mejor dicho la otra. Flotaba. Mis ojos no lo podían creer. La joven se dirigió hacia un cubículo desconocido. Y yo fui atrás de ella.

Cuál fue mi sorpresa. Estaba la familia Silva momificada en una especie de rectángulos de vidrios, al igual que Julia. Y lo peor, también mi hija. Stefany había cambiado de rol con ella. Ahora me busca.

Mi primer pensamiento fue salir de allí para buscar ayuda. Entre brumas y oscuridad pude escurrirme. A la salida de la casa eclesiástica, por unos de los laterales vi unas cruces enterradas en el suelo, cada una con nuestros nombres.

Corrí, corrí para alejarme. Solo mire para atrás al escuchar las campanas reiteradamente. Estaba en lo alto del campanario la niña Stefany observándome. Su rostro vendía una risa malvada, más bien macabra. Sabe que en cualquier momento regresaré, por la paz de los míos y la de ellos…

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J.R.M.(@siondaba)


Gracias por leer. Hasta la próxima.

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