Lluvia con olor a helado de vainilla – Cuento corto

in Cervantes2 months ago (edited)

LLUVIA CON OLOR A HELADO DE VAINILLA



Amaneció lloviendo y el asfalto estaba húmedo. La lluvia me huele a helado de mantecado con vainilla, y al perfume de mi padre.


Abro la ventana mientras tomo un sorbo de café recién hecho para calentar mi cuerpo. Los árboles se ven más verdes y el cielo demasiado gris. Las personas están cubiertas con impermeables y varias personas con paraguas de colores deambulan por las aceras caminando a no sé dónde.

Los días nublados no son frecuentes en mi pueblo. El sol siempre es reluciente y estamos acostumbrados a verlo triunfar aún en la tempestad más inclemente.

En otros tiempos, cuando yo tenía 8 años, hace ya mucho tiempo, mis hermanos y yo, los días de lluvia, no nos gustaba levantarnos temprano para ir a la escuela. Era una guerra sacarnos de nuestras cobijas calientes pero mamá siempre lo lograba.

Salíamos abrigados con sweaters de lana que mi mamá guardaba celosamente en una esquina de su closet.

Pero los días de lluvia eran días de helado de mantecado con vainilla y ese pensamiento me animaba durante las horas de escuela, en donde todo el mundo parecía moverse con sueño.

Mi mamá nos dejaba en la escuela y volvía para la casa. Somos cinco hermanos y estábamos en distintos grados. Las maestras, esos días, también parecían aletargadas. Nos ponían tareas sencillas y en las aulas de clase las risas eran infaltables al igual que los avioncitos de papel.

Al regresar al apartamento, mamá tenía preparado nuestro almuerzo. Nos sentábamos a comer y luego teníamos que reposar. Luego, era obligatorio estar en las habitaciones por lo menos media hora. Por supuesto, nunca reposábamos sino que jugábamos, a excepción de mi hermana menor Marita de Carmen que dormía hasta las 3 de la tarde.

Después, teníamos que hacer nuestras tareas de la escuela para el día siguiente. Las más pequeñas también dibujábamos, mientras que mis hermanos mayores Pedro, Marcos y Antonio tenían que pulir los zapatos de la escuela, incluyendo los míos y los de Marita.

Mi papá pasaba todo el día en su trabajo. Regresaba a las 4 de la tarde con una bolsa de pan, que era para nuestra cena. En los días de lluvia, como hoy, también traía helado de mantecado con vainilla.

Todos éramos felices con nuestra tacita de helado. Papá sonría y nos preguntaba qué habíamos hecho durante el día. Todos les mostrábamos las tareas de la escuela así como nuestros dibujos.

Él siempre preguntaba qué aprendieron hoy, y todos hablamos al mismo tiempo. Yo creo que papá hacía que nos oía pero realmente no lo hacía. Aunque de vez en cuando miraba a uno de nosotros y volvía a hacer otra pregunta.

Al mismo tiempo, él también hablaba con mamá mientras se tomaba una taza de café y comía unas galletas. Los dos sonrían y hablaban muy bajito. Nada era secreto pero ellos estaban en su mundo y nosotros en el nuestro.

Los días de lluvia sabíamos que comeríamos helados por eso la llegada de papá al apartamento siempre era de gran algarabía.

Todos crecimos, cada quien hizo su familia y nos mudamos a diferentes lugares del pueblo. Papá y mamá ya no están con nosotros pero hoy llovió en la madrugada y el olor a helado de mantecado con vainilla nos llevó a nuestra infancia.

Mis hermanos y yo nos encontraremos en la heladería preferida de mi papá, como siempre lo hacemos en estos días nublados. Nuestros hijos ya saben el sabor del helado que pediremos y nos preguntarán miles de cosas del abuelo y de la abuela, entretanto ellos descubren sabores nuevos.

Para nosotros será una tarde de anécdotas y recuerdos con olor a vainilla.

Fuente: Pixabay

Gracias por leer. Bienvenidos sus comentarios.
¡Saludos infinitos!

Cuento @marcybetancourt
© Ene 2021, Marcy Betancourt. All rights reserved

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Hi marcybetancourt,

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Hola @curie. Enhorabuena la curación y el apoyo. Estoy muy feliz. Gracias!

Es una historia entrañable, @marcybetancourt.

De esas que vienen con las gotas de lluvia, estimada @adncabrera