La calle donde vivo


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Es imposible que dos de las paredes de la calle donde vivo estén limpias. Existe un contraste entre ellas: en la primera, predominan los perfiles angulosos de letras góticas de color negro con nombres incomprensibles que se reproducen de manera constante, sin imágenes. Es quizás la pared de donde emerge la rebeldía de algunos jóvenes que no se dejan ver a la hora de plasmarla, los vecinos suponemos son estudiantes de un colegio aledaño.

En la segunda: un grafiti en el cual promocionan una guardería infantil. Unos árboles verdes llenos de esperanza hablan de aquello que se vive justamente detrás de ella. Se tejen sueños. Justamente esta es la frase que predomina en la expresión. Es una pared bella y colorida haciendo contraste con el negro de la letra gótica que se encuentra a unos trescientos metros de distancia. En ambas se tejen sueños.

Por esta calle que simula una Y, pasan ejecutivos en sus carros, mujeres y hombres a pie, otros en bicicleta. Dos clases de perros: uno que su amo lo lleva a pasear y a hacer sus necesidades y otro que no tiene hogar estable pero disfruta, podríamos decir que puede ser feliz, no está domesticado y es dueño de su libertad.

Quizás el personaje central para mí es don Jesús, el reciclador que viene tres días a la semana para sacar desechos reciclables de los tarros, antes que el camión de la basura cumpla su misión. Hombre humilde pero sabio para mí, con una filosofía de vida sencilla y un tanto resignado, (no amargado). Según él: “Dios nos da a cada uno lo que necesitamos”.

La calle es limpia y rodeada de árboles en uno de sus lados. Cada mañana se escucha el canto de las aves que vuelan de rama en rama. Al medio día, el vuelo de las mariposas encantan los ojos de cualquier ciudadano que las descubre. En las tardes, las aves esperan que un vecino les deposite harina de maíz para alimentarse y volver a los árboles tranquilas.

En la noche es silenciosa, diría que indiferente, quizás un búho que vuela o los aleteos de murciélagos que se alimentan del fruto de un árbol de mango, llama mi atención.

He vivido en otras calles y no sé si vendrán más, otras que también quieran verme pasar y que pueda yo disfrutar.



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