Un Día con el Miedo

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Una historia real...

Es esta una historia donde un corazón en vez de buscar el amor, caminaba con pasos firmes e inquirir el desamor. Para conseguirlo atraía hacia él toda acción negativa, no buscaba, ni le interesaba cultivar su salud, prefería más bien la enfermedad. De su alma se desprendía peste. Ese corazón, cegado por el odio solo veía oscuridad. Pasaba el tiempo, su vaso no se llenaba, se vaciaba, su salud no mejoraba, cada vez más, enfermaba. Aparentemente, ese corazón no se sentía inconforme, profesaba estar alegre, siempre andaba feliz, sonriente, dinámico. Llegó el momento en que su egocentrismo se aceleró, sus acciones negativas compulsivas eran evidentes. Trataba de llamar la atención porque detrás de él estaba el miedo inexplicable. En su andar expedía veneno, era feliz, así lo manifestaba pero era infelicidad lo que revelaba.

Su semblante lo delataba, no era agradable verlo de ese modo, era un corazón que entristecía a los demás.

En vista de su aflicción, eran muchos quienes tendía sus manos, pero a pocas logró apreciar. Las pocas manos alcanzadas, las perdía casi al instante. Por instante parecía buscar caminos diferentes, por largos momentos lo lograba, pero después, la rabia lo invadía y su ceguera volvía. Así, transcurrió su larga vida, quizá él no lo sabía pero su andar se volvió monotonía. El tiempo pasó y ese corazón se refugió en el desamor, una concha fuerte y dura fue su morada y bajo el encierro se enclaustró. En ese mundo pudo vivir ciego sin que nadie tratara de educarlo, en su mundo no sentía dolor, ni recibía lástima de ninguno.

Un día, en medio de la oscuridad, conoció los secretos más íntimos del miedo, el corazón se dispuso a escucharlo, había llegado el momento de conocerlo, acariciarlo, tocarlo y comprenderlo. Una vez completada la misión, educadamente, como nunca antes lo había hecho, decidió escribirle unas palabras:

Aquí estuve, en la soledad de mi casa, quise palparte, quise verte, quise escucharte, quise sentirte, quise olerte y hoy quiero despedirte

¡Gracias por leer, comentar y votar!

@belkisa758. Fotos de mi propiedad, tomadas desde mi teléfono Samsung J7 en Caracas-Venezuela

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Una buen relato sobre una situación que está en la vida cotidiana. Conozco varias personas así, me imagino que algo pasó en su infancia y en su educación para que crecieran con una predisposición a pensar que no son merecedores de lo bueno, se solazan en prestarle atención a las cosas negativas. Lo malo es que la vida transcurre, esas personas no cambian, y enrarecen todo lo que está a su alrededor. Gracias por compartir. Abrazos.

Hay maneras de salir pero es necesario la ayuda! Muy de acuerdo contigo. Saludos, gracias por pasar.

El comentario de @irvinc define el sentido del relato a la perfección. Yo lo he entendido de una forma un poco más abstracta. Creo que es todo un llamado a la búsqueda interior. Un recordatorio de que las mayores claves de la vida no están a nuestro alrededor sino en lo más profundo de nuestro ser. Ahí es donde hay que buscar y ahí es donde nunca buscamos. En Occidente, con nuestros más y nuestros menos, somos así.

También, para el querido pueblo venezolano, quizá para muchos pueda ser un soplo de esperanza en la fortaleza interior que todos tenemos, de la que no somos conscientes hasta que se presenta una situación en la que se hace necesaria, la sacamos y, sin darnos cuenta, acabamos saliendo adelante siendo conscientes de la fortaleza que realmente tenemos.

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