Lo que queda cuando el suelo se desprende||What Remains When the Ground Gives Way

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El tiempo, en la normalidad, es una línea recta. Pero cuando la tierra decide reacomodarse, el tiempo se convierte en una paradoja cruel: un minuto se estira hasta volverse una eternidad. Cuando todo cesa, la realidad nos golpea con una pregunta que se nos queda atascada en la garganta: ¿cómo puede caber tanta incertidumbre y dolor en un espacio de tiempo tan breve?

El 24 de junio, el miedo tuvo nombre y un grito: "¡Está temblando!". Éramos nueve, reunidos como cada tarde en la cocina de mi hermana. Ese lugar que es mucho más que un espacio físico; es el útero de nuestra historia, la cocina materna que nos vio crecer y que hoy sigue siendo el imán que nos mantiene unidos. Allí estábamos: dos bebés, dos mujeres jóvenes, y cinco adultos mayores, todos bajo el mismo techo, compartiendo la cotidianidad.

De pronto, el suelo —esa madre que tercamente creemos inamovible— empezó a respirar con una furia desconocida. Sin que mediara el pensamiento, sin filtros ni análisis, nuestros cuerpos reaccionaron desde el instinto más profundo: el instinto de proteger y ser protegido. Nos unimos en un abrazo apretadísimo, debajo del quicio de la puerta. En ese largo instante no hubo gritos, solo plegarias. Un murmullo grupal, una entrega absoluta, pidiendo que aquel sacudón, que parecía querer tragarse nuestra memoria, finalmente se detuviera.

Hoy esa imagen: los bebés, mis sobrinas, y nosotros, los mayores, fundidos en un solo cuerpo bajo el quicio, me hace ser consciente de que la familia no es un concepto, es un refugio de carne y hueso, y que nuestro instinto, en el momento del caos, solo sabe una cosa: sostener lo que amamos.

Han pasado cuatro días y el miedo, testarudo, todavía no se termina de ir del cuerpo. Se quedó ahí, instalado en la nuca, en la tensión de los hombros, en un corazón que late acelerado. Cada réplica nos devuelve al mismo sitio, nos arranca de la calma y nos hace sentir, una vez más, la fragilidad de nuestra existencia.

Estamos en ese extraño claroscuro. Entre el susto que no cesa y la certeza de estar vivos. Y aunque la tierra se haya movido y nos haya recordado nuestra pequeñez, también nos ha dejado algo en pie: la memoria de ese abrazo en la cocina que nos vio nacer.

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Venezuela y sus hijos lloramos estos días. El dolor y la tristeza se sienten como un traje que se nos ha pegado al cuerpo, una segunda piel que, lo sabemos, tardará mucho tiempo en soltarse. Pero en medio de esa pesadez, ocurre algo hermoso: cuando veo a cada hermano extendiendo su mano para mitigar el dolor del otro, la esperanza renace. Sí, somos un pueblo que, con el apoyo de muchos, sabe levantarse y seguir adelante.

Quizás, al final de todo, la verdadera resiliencia no sea dejar de temblar, sino aprender a sostenernos mientras el mundo intenta encontrar su nuevo equilibrio. La tierra se movió, pero nosotros, con nuestras cicatrices, nuestras plegarias y nuestras manos entrelazadas, nos quedamos.

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Time, under normal circumstances, is a straight line. But when the earth decides to shift, time becomes a cruel paradox: a minute stretches out until it feels like an eternity. When everything comes to a halt, reality hits us with a question that gets stuck in our throats: How can so much uncertainty and pain fit into such a brief span of time?

On June 24, fear had a name and a cry: “It’s shaking!” There were nine of us, gathered as we were every afternoon in my sister’s kitchen. That place is much more than a physical space; it is the womb of our history, the maternal kitchen that watched us grow up and that today remains the magnet that keeps us together. There we were: two babies, two young women, and five older adults, all under the same roof, sharing our daily lives.

Suddenly, the floor—that mother we stubbornly believe to be immovable—began to breathe with an unfamiliar fury. Without a moment’s thought, without filters or analysis, our bodies reacted from our deepest instinct: the instinct to protect and be protected. We huddled together in a tight embrace, beneath the doorframe. In that long moment, there were no screams, only prayers. A collective murmur, a total surrender, pleading for that tremor—which seemed intent on swallowing our memories—to finally stop.

Today, that image—the babies, my nieces, and us, the adults, huddled together as one under the doorframe—makes me realize that family isn’t just a concept; it’s a refuge of flesh and blood, and that our instinct, in the midst of chaos, knows only one thing: to hold on to what we love.

Four days have passed, and the fear—stubborn as ever—hasn’t quite left my body yet. It’s still there, lodged at the nape of my neck, in the tension of my shoulders, in a heart that beats rapidly. Each aftershock pulls us back to the same place, rips us from our calm, and makes us feel, once again, the fragility of our existence.

We find ourselves in that strange twilight—between the fear that won’t subside and the certainty that we are alive. And even though the earth has shaken and reminded us of our smallness, it has also left us with something standing firm: the memory of that embrace in the kitchen where we were born.

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Venezuela and its children are mourning these days. The pain and sadness feel like a garment that has clung to our bodies, a second skin that, we know, will take a long time to let go. But in the midst of that heaviness, something beautiful happens: when I see each brother and sister reaching out a hand to ease the other’s pain, hope is reborn. Yes, we are a people who, with the support of many, know how to get back on our feet and move forward.

Perhaps, in the end, true resilience isn’t about stopping the trembling, but about learning to hold ourselves up while the world tries to find its new balance. The earth shook, but we—with our scars, our prayers, and our clasped hands—remained.

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Translated with www.DeepL.com/Translator (free version)
Fuente de imágenes: Archivo personal

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Si que nos ha tocado duro a los venezolanos. En todo el sentido. Muy lindo leerte, yo también me refugio con mi familia para subir los ánimos ante tanta incertidumbre y videos crueles qué me afligen el corazón.. Espero tu y tu familia se encuentren bien.

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Nosotras mi mamá, mi hermana y yo nos tomamos de la mano. En nuestro caso mi hermana y yo estábamos en nuestra habitación descansando. Pero, también el corazón de nuestra familia y ese sitio de reunión siempre es la cocina.

Es bueno saber que estas bien tu y tu familia. Y tal como dices el corazón sin importar donde estés en este momento duele mucho.

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Hola. Me alegra saber que tú y tu familia están bien. Las cocinas familiares deberían declararse como espacios sagrados del hogar, jajajaja.

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Que duro lo que les ha tocado vivir, un abrazo desde la distancia. 🫂

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Saludos, Sí, demasiado duro. Gracias por ese abrazo 🤗.

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El miedo es enorme, el desconcierto, y en medio de todo, son los niños los más fuertes.
He visto videos, noticias con la tragedia y es devastador, pero también los abrazos al reencontrarse, al salvar a alguien, abrazos qué se funden buscando fuerza.
Afortunadamente ustedes y su familia están bien, el miedo se irá despacio, dejando aprendizaje.
Un fuerte abrazo a la distancia con mis plegarias incluidas.

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It is beautiful to read what you’ve shared here about your family, yet painful to realize you had to face an event that reminds us all of our vulnerability. My wife and I also spent that long minute holding each other—almost in silence—because the only thing I could think to do was pray... The road to recovery is long, but if we are alive, it is because our mission continues 🙏 Sending you a big hug my dear ❤️

Que hermoso lo que leo aquí acerca de la familia, tanto como doloroso sentir que tuvieron que enfrentar este acontecimiento que nos hace notar nuestra vulnerabilidad. Mi esposa y yo también pasamos ese largo minuto abrazados, y casi en silencio, porque lo único que se me ocurrió fue orar... El camino a la recuperación es largo, pero si estamos vivos es porque nuestra misión continúa 🙏 Un gran abrazo para ti querida ❤️

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Hola @jesuslnrs. Si nuestra misión y compromiso en este plano continúa y con la convicción de que tenemos que hacerlo mejor. Un abrazo y que estén bien.

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que importante es escribir y pensar en la realidad del momento sismico que vivimos. La vida es perfecta, interesante y eterna... ✨🌞🌟❣️

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Qué duro ha sido para nosotros y para todos los que están fuera este evento.
Pero confío en la resiliencia, el valor, el empeño y la fe de todos los que habitamos este espacio, para salir adelante, como siempre lo hacemos.
Gracias, @damarysvibra

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Trae algo de alivio contar el paso a paso de lo vivido, sin duda ayuda a superar esos momentos. Luego vemos las imágenes en las redes y sufrimos mucho con cada caída de edificio. Seguimos en oración por mi Venezuela. Un abrazo.

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!PIZZA
!LADY

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Ese día quedará en la memoria de todos, los que lo vivieron en vivo, con ese temblor que salía de lo más profundo d ela tierra, hasta en la memoria de aquellos que estamos fuera.
Que bueno saber que todos en su familia están bien, que hay un recuerdo, no precisamente el mas bonito, quedó en su mente como un abrazo familiar que les dio resguardo.
Bendiciones @damarysvibra.

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Han sido muy tristes y duros estos días al ver tanto dolor por los resultados del terremoto, pero también hemos visto la mano de Dios obrando a través de los rescatistas y los voluntarios y su cuidado para con tantas personas en un terremoto de esa magnitud. Me alegro que usted y su familia estén bien, Dios siga bendiciendo su vida.

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"Sostener lo que amamos" ... es el sentimiento que nos cobija a todos demostrando en cada mano en que nos apoyamos, que sostiene y que brindamos es amor manifestado por nuestros hermanos paridos por esta tierra...

Dios nos bendice 🫀

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Hola, parece una pesadilla; sin duda alguna, la madre tierra cuando decide acomodarse es que lo hace, y lo que nos alienta es mirar cada rescate que es un milagro de vida. Y en familia los momentos dolorosos se hacen más livianos.

Me contenta saber que están bien. Espero que esto pase pronto.

Dios los siga bendiciendo.

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Imposible no sentir como late mi corazón leyendo tu experiencia, ya pasado más de una semana y el miedo no sale de mi cuerpo y eso que estuve muy lejos del epicentro, sin embargo también sentí temblar la tierra, viví ese menos de un minuto tan eterno... Vivi tus palabras, con dolor y con miedo, solo espero que después de esto tan terrible venga una etapa bonita para nuestro país.
Un abrazo

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