[ESP-ENG] POLARIS (Short Story)

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«Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas.»

«The hidden and silent enmities are worse than the open and declared ones.»


— Cicerón

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ESPAÑOL

POLARIS

      Era una noche tempestuosa, aquella donde los gritos de las madres se mezclaron con la fuerte y gélida ventisca. Las alarmas sonaron advirtiendo un asedio que obligaba hasta los más débiles a tomar el poder de un arma. Los murmullos se convirtieron en sonidos que laceraban los duros pechos de los guardias, quienes se tragaron el miedo por fervor a la batalla.

      Yo era un centinela que vigilaba desde la altura de la torre más blanca cualquier movimiento que avecinara peligro. Mis ojos podían encontrar las sinuosidades de la oscura y espesa bruma y soportar el despiadado y helado viento de una tormenta impertinente. No había entidad en todo el norte que los astros abandonasen para despojarlo de su clarividencia, era yo quien poseía todo el poder de las alturas.

      Sin embargo, esa noche tuve miedo, más que a una tormenta de granizo punzante o al ataque de hombres colosales o de muertos vivientes. Jamás he sido testigo y participe de una amenaza que ha arrasado con ciudades milenarias y, devorando con celeridad cualquier atisbo de vida a su paso, extinguen con la intención de no dejar ningún rastro de ella.

      Desde la distancia nuestros oídos recibían el espantoso y rechinante sonido que emitían aquellas titánicas e impresionantes máquinas. Con voces mecánicas que atravesaban el siseo del viento y volvía trémulos los temerosos corazones de los habitantes de la ciudad Polaris. Las personas juraban ver por encima de los fríos muros luces escarlatas que pertenecían a los ojos centellantes de aquellos artificios monstruosos.

      Los ciudadanos huían despavoridos hacia sus casas y refugios, atravesaban los caminos de nieve y se revolcaban en estos a causa de la desesperación. La imponente Torre de Hierro quedó estática, dentro de esta habita el gobernante de la ciudad. Se asomó por su amplio balcón junto con su esposa. Mirando ambos el horizonte con los cuerpos temblorosos, las manos en el pecho y los rostros dibujados por el miedo.

      Hubo un silencio sepulcral y siniestro, el mismo invocaba a la muerte la cual se paseaba por las calles petulante como nueva gobernante de la ciudad. Las plegarias de misericordia se alzaron directamente a nuestra estrella soberana por la que nuestra ciudad fue bautizada.

      Esa noche estaba tan fulgente como cualquier otra noche atroz. La densa penumbra no pudo apartarnos de su luminiscencia la cual fue para nosotros una pantalla de esperanza. Yo la vislumbraba imaginando que estaba junto a ella. Mi mente se enfocaba a tal punto que mis oídos dejaron de escuchar los aterradores sonidos de aquellos demonios mecánicos.

      Juré ver una gran puerta blanca y resplandeciente, del centro de Polaris; nuestra estrella, y de ella surgían los más poderosos guerreros de las alturas. Sus cuerpos destellaban montados encima de caballos plateados, mientras agitaban sus colosales espadas que con llamaradas parecían dominar el cielo.

      Sentí que fuimos bendecidos por nuestra estrella madre quien se había compadecido por nuestras rogativas, pero luego caí en la realidad, y desperté de ese ensueño que solo me había otorgado una efímera tranquilidad. Descuidé mi labor y, sin darme cuenta, el peligro que nos acechaba ya se encontraba justo delante de nuestros muros.

ENGLISH

POLARIS

      It was a stormy night, the one where the screams of the mothers mixed with the strong and icy blizzard. Alarms sounded warning of a siege that forced even the weakest to take the power of a weapon. The murmurs became sounds that lacerated the hard breasts of the guards, who swallowed their fear out of fervor for the battle.

      I was a sentry who watched from the height of the whitest tower for any movement that would bring danger. My eyes could find the sinuosities of the dark, thick mist and endure the merciless, icy wind of an impertinent storm. There was no entity in the whole of the north that the stars would abandon in order to deprive it of its clairvoyance, it was I who possessed all the power of the heights.

      However, that night I was afraid, more than of a storm of piercing hail or the attack of colossal men or the living dead. Never have I witnessed and participated in a threat that has swept through millenary cities and, swiftly devouring any glimmer of life in its path, extinguished with the intention of leaving no trace of it.

      From a distance our ears received the frightening and creaking sound emitted by those titanic and impressive machines. Mechanical voices pierced the hiss of the wind and made the fearful hearts of the inhabitants of the Polaris city tremble. People swore to see over the cold walls scarlet lights that belonged to the sparkling eyes of those monstrous artifices.

      The citizens fled in fear to their houses and shelters, crossed the snowy roads and rolled around in despair. The imposing Iron Tower remained static; the ruler of the city lives in it. He leaned out of his wide balcony along with his wife. Both looked at the horizon with trembling bodies, hands on their chests and faces drawn by fear.

      There was a sepulchral and sinister silence, he himself invoked death which was walking through the streets petulant as the new ruler of the city. The prayers of mercy were raised directly to our sovereign star by which our city was baptized.

      That night was as dazzling as any other atrocious night. The dense gloom could not keep us from its luminescence which was for us a screen of hope. I saw it by imagining that I was beside it. My mind was focused to such an extent that my ears stopped hearing the terrifying sounds of those mechanical demons.

      I swore to see a great white shining door, from the center of Polaris; our star, and from it the mightiest warriors from above. Their bodies glimmered mounted on silver horses, while they waved their colossal swords that with flames seemed to dominate the sky.

      I felt that we were blessed by our mother star who had taken pity on our prayers, but then I fell into reality, and I awoke from that reverie that had given me only fleeting peace of mind. I neglected my work and, without realizing it, the danger that lay ahead of us was already right in front of our walls.


Escrito por @universoperdido. Domingo, 08 de noviembre del 2020

Written by @universoperdido. Sunday, November 08, 2020

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