Tres disparos// Relato corto

in #cervantes3 months ago

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Eran las tres de la madrugada, aproximadamente, la primera vez que escuché los disparos. Una mujer gritaba, peleaba con alguien. Al principio no presté mucha atención, hasta que sonaron esos tres disparos definitivos que acabaron con la discusión. Yo en mi somnolencia salí al balcón, como las viejas chismosas, a ver que era lo que había pasado, pero no había nada. No cuerpo, no sangre, nada. Solo era una calle vacía mal alumbrada con la basura desparramada en la esquina. Eso era el vecindario. En calles medio alumbradas llenas de basura. Y era imposible no creer lo que había escuchado con el alza de delitos que se venía dando en la zona. Lo sé por qué he sido testigo de varios cuando he estado en la para esperando el autobús.

Volví al cuarto algo inseguro, con un pequeño soplo en el pecho. La noche siguiente no fue muy distinta. Todo transcurrió casi igual hasta casi la tres de la madrugada, donde volví a escuchar los tres mismo distaros de la noche anterior, solo que esta vez no hubo gritos, solamente tres disparos. Volví a asomarme al balcón y fue más de lo mismo. Nada. La tercera noche, fue exactamente igual que la primera. Al llegar la noche las cosas se complicaron, pues no pude dormir. Estaba esperando los tres disparos. Había acomodado mi cámara para que grabara la calle. Mientras yo estaba en el sofá tratando de no dormirme. Era ese pequeño soplo, que cada noche crecía un poco, la angustia y desesperación de querer entender. O simplemente era la desesperada arrechera de que alguien decidiera romper la rutina con tres disparos y no se haya percatado que estaba rompiendo con la mía. Pero de una u otra forma quería saber. Yo no quería salvar a nadie, no quería hacer la denuncia. Yo solo quería entender qué era lo que estaba pasando. La cosa es que esa noche no pasó nada. Ni la siguiente, ni la que le sigue a esa. Estuve despierto todas esas noches, desvelándome. Mientras más noches pasaban, más crecía el soplo en mi pecho, casi hasta crearse tormenta. Por momentos se calmaba, pero cuando mi mente quedaba libre de otros pensamientos se alborotaban lo vientos.

Hablé con un amigo, entre comillas, policía, también entre comillas, si ha habido denuncias por maltrato o de alguna otra índole que pudiese terminar en un asesinato. Pero respondió con un rotundo NO. Y para crear más escándalo para mí, dijo: “tu barrio es una zona segura, la que tiene menos reportes en los últimos meses. Además, esa zona está controlada”. Claro, recordé que, en esa misma calle, hace unos cuantos meses, se había mudado una de las hijas bastardas del alcalde. Cosa que muy pocas personas saben. Porque realmente aquí nadie se conoce. Todo vamos sumergido en nuestros mundos. Yo suelo verlos en la parada de autobús, cuando pasan con sus carros lujosos, con sus hijos, algunos hasta con sus amantes. Donde la boca calla, las casas hablan. Hay muchos secretos, secretos oscuros. Por eso sé que eso que parece un sueño no es un sueño, es real. Tiene que estar pasando. Pero como todos tenemos miedo dentro no hablamos de ello ni decimos nada, hacemos de la vista gorda. Es que ya no han robado toda esperanza de tranquilidad y normalidad. Donde el bien es el bien y el mal es el mal, y no al revés. Como en esta ciudad, que la única normalidad que conocemos es la corrupción. Lo turbio y lo fuera de sentido común. Es que ya nadie conoce el bien.

Una tarde, después de haber repetido todo rutinariamente como lo venía haciendo los últimos meses, volviendo a casa después de trabajar, me asaltaron. Me quitaron mi cámara, me identificación y todo el poco dinero que llevaba encima, que tampoco era gran cosa. Hice mi reporte para poder sacar una nueva identificación e ir al banco a pedir nuevas tarjetas. Mi amigo, no tan amigo, policía me vio saliendo de la oficina en la jefatura, y habiéndose enterado de lo que me pasó me recomendó no decir nada. Puedes imaginarte de las películas y las series que fue lo que sucedió cuando me dijo: “si te preguntan, di que no viste su cara ni nada para poder identificarlo”. Dije que mi amigo, que de repente se volvió mi amigo, es un policía entre comillas. Yo solo tomé nota de la advertencia. Pues, eso me quedó claro que era lo que estaba pasando.

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Sin cámara me vi obligado a hacer vigilancia con mis propios ojos. Ya no tenía el equipo para poder grabar y dormir. No me quedaba otra opción, mi investigación tenía que continuar. A la tercera noche vi cómo se metían en casa de la señora María, una vieja viuda de 82 años. Recientemente se le murió el esposo de un infarto. Era una pareja adorable. Recuerdo verlos en el supermercado comprado juntos y tomarse de la mano. A veces el esposo salí temprano a comprarle flores. Llamé a la policía, pero antes de que contestaran recordé a mi nuevo amigo policía y colgué. Por suerte no le pasó nada a la señora María. La Quinta noche vi cómo le robaron el carro al hijo de los Mota, Juan Francisco, de seguro volvía te casa de su novia, ¿me entiendes? Por suerte fue solo eso, el robo de un auto, no pasó más nada. Después de eso pasaron varias noches tranquilas, solo el silbido del viento, el roce de las hojas de los árboles y yo. En algunas ocasiones en medio de tanta tranquilidad caída rendido en el sofá. Fue después cuento comencé a ver que alguien seguía a las mujeres, en especial a la hija de Juanita, se llama Daniela. Ella no tenía fama de niña buena. Ella es de las que les gusta hacer lo que se le de la gana, en todos los sentidos. Además de ella me fijé que estaban siguiendo a la hija bastar del alcalde. EL primer día pensé que era un guarda espalda por las cosas que había sucedido. Era por su aspecto, tenía pinta de los nuevos soldados que estaban ingresando en la milicia a falta de trabajo. A esa gente la ponen a hacer lo que sea, es que ya hay demasiados soldados rasos en los cuarteles y no saben que hacer con ellos. Volví a hablar con mi amigo, pero de nuevo me dijo que mejor no me metiera. Una tarde, dos días antes de comprar mi arma, vi como robaron y casi violaron a Daniela llegando a su casa. SI no hubiese pasado ese carro de seguro la hubiesen violado. Ya había comenzado a sospechar que el guarda espaldas no era ningún guarda espalda, que puede que sea militar o haya sido militar, pero definitivamente no era guarda espaldas. Y no es que tuviese una prueba, era un mero presentimiento.

Esta vez volví muy tarde del trabajo. Y cuando subí en el autobús allí estaba este tipo que no era guarda espalda. Yo me senté al lado de Delia, la hija del alcalde. Ella subía una parada antes que yo. En un o dos ocasiones habíamos hablado. En cuanto me vio me dijo lo destruido que me veía, como si me faltara dormir. Yo como siempre la vi radiante, era muy hermosa ella sin lugar a duda, sin importar de quien era hija. Yo solo dije que había tenido problemas para dormir últimamente por una pesadilla que se repetía y repetía. Le conté todo el sueño de la mujer gritando y los tres disparos. Llegamos a la parada, bajamos y caminamos por la calle de los edificios que está cerca del parque. Todavía quedaba una pizca de ocaso, pero la calle estaba oscura. Fue ella que se dio cuenta que no estaba siguiendo; claro, ya yo lo sabía antes que ella, solo que lo había ignorado con toda la conversación. El hombre se nos acercó. Delia por alguna razón gritó. Y yo automáticamente disparé tres veces. Tres disparos. Entonces recordé el sueño. Yo maté a Delia de tres disparos.