La llorona || The weeping woman #Chronos

avatar
(Edited)

Aunque ya había completado mi narración de mi viaje a París en 1978, las experiencias que se viven en cada viaje son incontables y pudieran llenar un libro completo. Sin embargo, aunque aquel texto para mí estaba completo, siempre hay situaciones que merecen capítulo aparte, como esta que les presento hoy.

Although I had already completed my account of my trip to Paris in 1978, the experiences that are lived on each trip are countless and could fill an entire book. However, although that text was complete for me, there are always situations that deserve a separate chapter, like the one I present to you today.

The English version is further down.

chronos19.jpg

La llorona

Definitivamente, la mejor forma de conseguir dinero era contando con la ayuda de algunos amigos, pues uno se subía a un vagón del metro y mientras yo cantaba una canción, ellos hacían la colecta. Muchas veces, con recorrer un solo tren, de vagón en vagón, ya había suficiente para brindarles una cerveza a los amigos y para mi alimentación y transporte.

El hecho de haber gastado todo el dinero del viaje en una sola noche no me dejaba opción y diariamente tenía que salir a buscar el sustento, pero cuando no contaba con ayudantes para la tarea de reunir los francos para el día, esta era mucho más lenta.

Mi experiencia cantando en los cafés no había sido buena, pues aunque muchas veces el público era muy receptivo, no era igual con los dueños de los negocios que muchas veces se excedían en su tono hostil para deshacerse de uno.

Una alternativa era pararse en las estaciones del Metro y pasarse varias horas allí cantando, recolectando lo que dejaban los que pasaban por el lugar, pero las estaciones más concurridas tenían dos inconvenientes. Muchos de esos “puntos” se los reservaban algunos músicos y los protegían a capa y espada. Los “dueños” de algunos de esos espacios se turnaban para no dejarlos solos y si en algún momento se metía alguien más, pues salía a flote la amenaza.

El otro problema eran los flics, como llamaban a la policía. A pesar de que parte del atractivo turístico de la ciudad era la presencia de artistas en todas las calles: pintores, bailarines, poetas, músicos, los flics de manera sistemática lo obligaban a uno a moverse a otro lado.

Sin embargo, muchas veces tuve la suerte de encontrar espacio en una de esas estaciones de alto flujo y lograba reunir dinero más fácilmente.

Una de las estaciones más “deseadas” por los músicos callejeros era Chatelet, pues en ella convergían cinco de las más importantes líneas de París. El movimiento de gente allí era descomunal y los espacios gigantescos.

En mis recorridos buscando donde cantar, siempre pasaba por allí en busca de alguna oportunidad y aquel viernes la encontré.

Eran cerca de las cinco de la tarde, a esa hora aquello parecía un hormiguero de la cantidad de gente que circulaba. Vi una esquina ideal para mi labor. Desde allí podía ver uno de los pasillos más largos y al final de ellos las escaleras que comunicaban con otros niveles. Era una posición ideal porque siempre debes tratar de estar el mayor tiempo expuesto a la gente que pasa para que logren escuchar el mayor tiempo posible y eso se suele convertir en un aporte que terminará en nuestro sombrero.

Había calculado pasar unas dos horas allí, si no aparecían los flics o que llegara alguien a reclamar “su puesto”.

Cuando llevaba cerca de media hora y mi sombrero ya lo había vaciado un par de veces para recibir nuevas propinas, apenas empezaba a cantar una canción que no logro recordar cuál era, escucho a lo lejos un llanto desgarrador, una voz de mujer que lloraba con un dolor terrible y a todo volumen. Yo seguí cantando, pero el sonido del llanto era realmente conmovedor e impactante y me costaba concentrarme. Los gritos de aquella mujer eran como los de madre ante un hijo muerto, eran profundamente dramáticos y poco a poco se iban acercando al lugar donde yo estaba.

Yo tenía que hacer un esfuerzo para no perder la concentración en lo que cantaba, pero se hacía cada vez más difícil por el volumen más fuerte a medida que se acercaba.

Finalmente pude verla, era una mujer como de 30 años, vestida de manera informal con un vestido tipo hindú, de tela blanca, con cabello largo descuidado y un bolso de tela de colores que guindaba cruzado al frente. En el momento que hicimos contacto visual, pude ver el rostro desdibujado del dolor, ese mismo que se expresaba en sus gritos. Ella venía con paso acelerado, sin embargo, al momento que ella me vio ralentizó los pasos y empezó a bajar la intensidad de sus gritos.

Aunque mi ubicación estaba en una esquina que obligaba a los transeúntes a girar a un pasillo lateral, ella siguió caminando recto hacia donde yo estaba. Con cada paso que daba, disminuía más la velocidad, así como la intensidad del llanto, hasta que finalmente se detuvo como a dos metros de mí y se quedó en silencio escuchando mi interpretación.

Para ese momento la canción estaba por terminar, pero mi temor de quedarme en silencio frente a la mirada absorta de aquella mujer, me hizo retomar la canción desde el principio. Ella se quedó en silencio mirándome y escuchando, la expresión de su rostro se suavizó y es como si en ese momento hubiera olvidado todo lo que la hacía sufrir.

No sé si habrá pasado un minuto más, dos o tres y ella seguía allí. De pronto, como quien recuerda un compromiso que tenía, ella reaccionó, metió sus manos en el bolso que llevaba y las sacó llenas de monedas, todas las que le cabían en ellas. Quizá no era mucho dinero porque habían monedas de toda denominación, pero eran muchísimas, tanto así que cuando las vertió en mi sombrero, este quedó lleno.

Luego de depositar las monedas allí, hizo un gesto como quien toma impulso, se inclinó hacia un lado y en un solo movimiento retomó su marcha y su llanto a todo volumen.

Yo seguía cantando mientras la veía ganar distancia y escuchaba como sus gritos se alejaban en medio de una multitud que parecía no verla ni escucharla, como si ella no estuviera allí.

Terminé la canción, respiré muy profundo y tomé el sombrero sin saber cómo guardar todas aquellas monedas. Pero no tuve fuerzas para seguir cantando, la imagen de aquella mujer había tenido un impacto tan grande que yo era incapaz de entonar una nota más.

Aunque no vino nadie a reclamar el espacio, ni tampoco vinieron a molestar los flics, tomé el cuatro y mis cosas y dejé la estación de Chatelet, a la cual no volví para cantar.

Separador-Ylich.png

La-llorona.jpg

The weeping woman

Definitely, the best way to get money was to count on the help of some friends, because I would get on a subway car and while I sang a song, they would collect for me. Many times, just by going from one train car to another, there was enough to give a beer to my friends and for my food and transportation.

The fact that I had spent all the money for the trip in one night left me no choice and I had to go out daily to look for sustenance, but when I didn't have helpers the task of collecting the francs for the day was much slower.

My experience singing in cafes had not been good, for although the public was often very receptive, it was not the same with the business owners who often went overboard in their hostile tone to get rid of one.

One alternative was to stand in the Metro stations and spend several hours there chanting, collecting what was left by those passing by, but the busiest stations had two drawbacks. Many of those "spots" were reserved by some musicians and they protected them with all their might. The "owners" of one of those spaces took turns not to leave them alone, and if at some point someone else got in, then the threat came to the surface.

The other problem was the flics, as they called the police. Although part of the tourist attraction of the city was the presence of artists in all the streets: painters, dancers, poets, musicians, the flics systematically forced one to move elsewhere.

However, many times I was lucky enough to find space in one of those high-flow stations and managed to raise money more easily.

One of the most "desired" stations by street musicians was Chatelet, as five of the most important lines in Paris converged there. The movement of people there was enormous and the spaces gigantic.

In my tours looking for a place to sing, I always passed by there in search of an opportunity, and that Friday I found it.

It was around five o'clock in the afternoon, at that time it was like an anthill with the number of people circulating. I saw an ideal corner for my work. From there I could see one of the longest corridors and at the end of them the stairs that connected with other levels. It was an ideal position because you should always try to be exposed as long as you can to the people passing by so that they can listen as long as possible and that usually turns into a contribution that will end up in our hat.

I had calculated to spend about two hours there if the flics didn't show up or someone arrived to claim "their spot".

When I had been there for about half an hour and my hat had already been emptied a couple of times to receive new tips, I had just started to sing a song that I can't remember what it was, I heard in the distance a heartbreaking cry, a woman's voice crying with terrible pain and at full volume. I kept on singing, but the sound of the weeping was really moving and shocking and it was hard for me to concentrate. The cries of that woman were like those of a mother in front of a dead child, they were deeply dramatic, and little by little they were approaching the place where I was.

I had to make an effort not to lose concentration on what I was singing, but it was getting harder and harder because of the louder volume as she got closer.

Finally I could see her, she was a woman about 30 years old, dressed casually in a Hindu-type dress, white cloth, with long unkempt hair and a colorful cloth bag that hung crossed in front. The moment we made eye contact, I could see the blurred face of pain, the same one that was expressed in her screams. She was coming with an accelerated pace, however, the moment she saw me she slowed her steps and began to lower the intensity of her screams.

Although my location was on a corner that forced passersby to turn into a side hallway, she continued to walk straight ahead to where I was. With each step she took, she slowed down more, as well as the intensity of her crying, until finally she stopped about two meters away from me and stood silently listening to my performance.

By that time the song was about to end, but my fear of remaining silent in front of that woman's absorbed gaze, made me take up the song from the beginning. She remained silent looking at me and listening, the expression on her face softened and it was as if at that moment she had forgotten everything that made her suffer.

I don't know if another minute, two or three had passed and she was still there. Suddenly, like someone who remembers a commitment one had, she reacted, she put her hands in the bag she was carrying and took them out full of coins, as many as she could fit in them. Maybe it wasn't a lot of money because there were coins of all denominations, but there were so many that when she poured them into my hat, it was full.

After depositing the coins there, she made a gesture as if she was gaining momentum, leaned to one side, and in a single movement resumed her walk and her crying at full volume.

I continued singing while I watched her gain distance and listened as her cries drifted away in the middle of a crowd that seemed not to see or hear her as if she wasn't there.

I finished the song, took a deep breath, and picked up my hat, not knowing how to put all those coins away. But I did not have the strength to continue singing, the image of that woman had had such a great impact that I was unable to sing another note.

Although no one came to claim the space, nor did the flics come to bother me, I took the cuatro and my things and left the Chatelet station, to which I did not return to sing.


Fuente de las imágenes || Image sources [1] | [2]


Crónicas previas // Previous Chronicles
Humo en ti (Hipnosis 2) / Smoke inside you (Hypnosis 2) (18)
Fragilidad mental (Hipnósis 1) / Mental fragilty (Hypnosis 1) (17)
El falso dueño / The fake owner (16)
La mujer de mis sueños / the woman of my dreams (15)
Un evento teatral, un vuelo y París (Addendum) / A theatrical event, a flight and Paris (Addendum) (14)
Un evento teatral, un vuelo y París (3/3) / A theatrical event, a flight and Paris (3/3) (13)
Un evento teatral, un vuelo y París (2/3) / A theatrical event, a flight and Paris (2/3) (12)
Un evento teatral, un vuelo y París (1/3) / A theatrical event, a flight and Paris (1/3) (11)
El primer beso y las olimpíadas del amor / First kiss and the Olympic games of love (10)
Queso y vidrio: dos polos / Cheese and glass: two poles (9)
Stress laboral y una fiesta familiar / Work stress and a family party (8)
Un baile frenético / A frenetic dance (7)
Un combate berlinés / A Berliner fight #Chronos (6)
Magia en la poesía / Magic in Poetry (5)
Aprender ruso en Caracas / Learning Russian in Caracas (4)
El precio de tus recuerdos / The price of your memories (3)
Teatro, viajes y un nombre / Theater, trips and a name (2)
Catia y el azul / Catia and the blue (1)

Separador-Ylich.png

Este texto pertenece a mi serie #Chronos. Puedes leer más sobre la misma en Mis crónicas literarias. Si es de tu agrado este estilo y quieres sumarte a la creación de crónicas literarias, te invito a usar la etiqueta #chronos para la misma.

This writing is part of my series #Chronos. You can read more about it on My literary chronicles. If you like this style and want to join the creation of literary chronicles, I invite you to use the hashtag #chronos for it.


¡Clic aquí!


Descarga el poemario de @Ylich

"De la vida, la pasión y de la muerte"

¡Haz clic aquí!
Poemario-portada-mini.jpg

Separador-Ylich.png

If you don't have an account at Hive yet, I invite you to read my post My Hive Testimony || Mi testimonio Hive
Si aún no tienes cuenta en Hive te invito a leer mi publicación My Hive Testimony || Mi testimonio Hive

Ylich El Ruso

@ylich
http://ylich.com
https://sptfy.com/ylich



0
0
0.000
13 comments
avatar

Excelente narración poeta @ylich , buena historia; interesante y muy original; reto para imaginar una estación del metro, tan concurrida como la que describes, para escuchar aquel llanto, aquellos gritos desesperados que llegaron a tus oidos y tu corazón; pareciera que despertaste a la llorona que vino a escucharte, pareciera a veces que se escucharon mutuamente en su dolor solitario, en la turbulencia de sus vidas, en sus necesidades básicas, porque como dices, los flics no acudieron para buscar quién lloraba desesperadamente ni el llanto alteró la rutina de los usuarios del subterráneo. Tu personaje misterioso, vestida de blanco, hizo que recordara la enigmática Jossie Bliss que amó y cuidó a Neruda cuando estuvo de embajador en Birmania, su celo y su obsesión de amor por el poeta y su poesía, la llevó al más profundo dolor por su partida; al menos esta desconocida misteriosa te dejó el sombrero lleno de monedas y dudas. Saludos, gracias por compartir tu calidad de buen narrador.

0
0
0.000
avatar

¡Qué maravilloso comentario! Es un placer encontrar palabras como las que me has regalado en esta ocasión.

Me alegra haber contribuido a traer a tu memoria un personaje tan particular y que afortunadamente para mí, no estableció una relación similar conmigo. Aunque coincido en las razones que te llevaron a recordarla.

¡Esta ocasión merece una celebración, así que por acá te dejo una cervecita !BEER y un poco de amor !LUV!

¡Muchísimas gracias!

0
0
0.000
avatar

Gracias @ylich por tus obsequios, inesperados pero bienvenidos. La lectura de relatos, textos poéticos, crónicas y hasta ensayos despiertan en cada lector un mundo de variadas sensaciones; unas asociadas a las experiencias y recuerdos, otras a a la capacidad de imaginar mundos a partir de la lectura. Es inevitable que al leer historias tan curiosas y particulares como las tuyas, la memoria del lector las asocie de manera arbitraria con otras experiencias propias o ajenas. Esa es la magia de la literatura. Saludos

0
0
0.000
avatar

Que historia @ylich, pareciera que dijo tomaré un respiro, te dejó terminar de cantar y siguió su camino...que cosas...

Saludos

0
0
0.000
avatar

Jajaja, sí, la verdad es que no tengo ni la menor idea de qué podría haber estado pasando por la mente de aquella mujer. Pero sí puedo asegurar que fue bastante traumática la experiencia.

¡Gracias por comentar!

!LUV

0
0
0.000