Relato: ¿Vale la pena sacrificar la naturaleza por el progreso?

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¿Vale la pena sacrificar la naturaleza por el progreso? Esa fue la primera pregunta que Luciana se había hecho después de leer las noticias de la mañana en las páginas oficiales de prensa.
Desvió su mirada hacia la ventana. Afuera, las ramas del árbol de acacia se alzaban de forma victoriosa hacia los cielos; los pájaros trinaban de alegría, quizás porque estaban contentas de que su hogar no fuera talado y que gozaba de la protección del patio de la casa en donde había crecido. Pero Luciana sabía que esa situación no será para siempre; cada vez más y más los corporativos de cualquier área comercial se van apoderando del agua, uno de los recursos más invaluables del mundo. Y va a llegar un momento en el que nadie tendrá agua ni para bañarse, sea porque tal empresa de inteligencia artificial la necesita para enfriar sus máquinas o porque tal refresquera la necesita para elaborar sus refrescos.
Y ni qué decir de la tierra, el segundo bien más preciado. Grandes complejos empresariales han hecho de todo con tal de poseer la mayor cantidad posible para construir sus negocios, dejando sin hogar a miles de aves y animales, los cuales se han ido desplazando hacia las ciudades.
Una auténtica ironía le resultaba ese último punto, pues ella trabajaba para una inmobiliaria enfocada en la venta de tierra. Un trabajo que tomó por necesidad, aunque también disfrutaba de las conexiones genuinas que tenía con varios de sus compañeros de trabajo. Ella formaba parte de esa monstruosa maquinaria porque el sistema lo diseñó de semejante modo que así fuera, concluyó mientras guardaba en su mochila la computadora. Y sin embargo, era el área donde podría generar más ingresos que en el campo de la educación, el nicho de donde provenía.
Se volvió a preguntar si todos esos sacrificios valían la pena. La única respuesta que se le pudo ocurrir era la nada, porque nada podía hacer para remediarlo. No mientras no terminara de solucionar sus propios problemas.
