Relato: El primer día de Hipatia
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Hipatia busca empleo

Imagen editada con Canva. Fuente d ela imagen: Pexels
Cuando Hipatia recibió la noticia de que había sido seleccionada para el empleo de secretaria del CEO de una empresa editorial, no podía creer su suerte.
Recordaba bien esa oferta laboral, el salario magnífico que ofrecían, y el edificio en donde había sido entrevistada. No fue una entrevista laboral usual, ahora que recordaba; de hecho, no podía pasar por alto la curiosa convocatoria de encontrar a mujeres de alta estatura, cabellera oscura y complexiones delgadas. Podría ser un fetiche del CEO o un cebo para atrapar a ingenuas, ¿quién sabe?
Bien podría ignorar a esa gente y enfocarse en empleos más serios, más formales... Pero su naturaleza curiosa, esa que siempre la metía en líos gordos, parecía susurrarle al oído que fuera a ver ese empleo, que quizás le daría la solución a todos sus problemas.
Y ahí estaba ella, frente a esa torre de siete pisos ubicado en la zona norte de la ciudad, con una mochilita colgando en ambos hombros y lo más formalmente vestida posible con un conjunto de pantalón negro y blusa rosada.
Estaba excitada por conocer la cultura laboral de la empresa, por ver si era un ambiente tranquilo o un lugar muy estresante.
Se acercó a la recepción, donde estaba sentada una mujer de elegantes atavíos atendiendo una llamada. Tras un corto tiempo de espera, se presentó: "Buenos días. Me llamo Hipatia De La Vega. Me está esperando el señor Alejandro Bartolomé".
"¡Oh, sí! Sígame por aquí, por favor".
"Gracias".
Siguió a la recepcionista por un corredor amplio, perfectamente iluminado. Hipatia contemplaba con suma admiración las pinturas que colgaban en sus paredes: paisajes naturales, escenas de la vida cotidiana, panoramas citadinos.
"Oh... ¡La clase de ballet de Degas!", murmuró mientras pasaban junto a una de las pinturas más famosas del pintor francés Edgar Degas.
Llegaron al final del corredor, donde la recepcionista apretó un botón. "Este elevador la llevará al último piso, señorita De La Vega. Desde ahí usted sale y camina por un corredor parecido al de aquí. Llegará a unas puertas de ébano, que son las oficinas del señor Bartolomé. Ahí la esperan".
"Entendido. Gracias".
Entró al elevador. Las puertas de metal se cerraron. La música que sonaba por los altavoces parecía la típica cancioncilla alegre que se transmitía en los programas de comedia que vio de pequeña en la televisión. "Cosa curiosa...", musitó mientras las puertas se abrían.
Tal y como la recepcionista le había instruido, Hipatia recorrió el pasillo hasta llegar a la puerta de ébano. Cada paso delataba más su nerviosismo y expectativa ante lo que podía encontrarse detrás; quizás se encontraría con un viejo magnate adinerado, con esos trajes de alguna marca extranjera, fumando un puro o un cigarro. Quizás se encontraría con algún asistente de dicho personaje.
Al detenerse frente a la puerta de ébano, dio tres golpecitos. Una voz dura y seca le respondió con un "adelante". Hipatia lanzó un último suspiro antes de girar la manija de la puerta.
La oficina estaba iluminada; en la pared de su lado izquierdo colgaban más obras pictóricas pertenecientes a distintos movimientos artísticos del siglo XIX. Los ventanales sin duda otorgaban una iluminación excelente que el hombre de cabellera castaña y traje azul marino, sentado detrás de un escritorio de cristal oscuro, sin duda aprovechaba con eficiencia.
"Ah... Usted debe ser Hipatia De La Vega. ¡Bienvenida! Yo soy el señor Isaac Remington, asistente del señor Bartolomé", dijo el hombre mientras estrechaba la mano de Hipatia.
"Mucho gusto, señor Remington. Me dijo la señorita de recepción que el señor Bartolomé se encontraba aquí".
"Estaba, pero tuvo que asistir a una junta directiva. Sin embargo, me pidió que me encargara de que se sintiera cómoda. Venga conmigo. Le enseñaré las instalaciones".
Hipatia asintió mientras empezaban a recorrer el edificio. Remington explicaba las funciones de cada piso: el sexto para redacción, el quinto para diseño, el tercero para contabilidad, el segundo para recursos humanos, el primero era el comedor general, y la planta baja era recepción. Durante el recorrido, Hipatia preguntaba todo lo relacionado a la vacante que ocuparía a partir de ese día; Remington le dijo que ella se ocuparía de la apretada agenda del señor Bartolomé, concertando citas y reuniones, preparando su café y asistiendo con él a reuniones de alto nivel.
Hipatia tomaba nota mental de los comentarios de Remington. Por la forma en que se expresaba del jefe, podría decirse que el señor Bartolomé era un hombre bastante exigente. Quizás el salario no lo valga, pero necesito el dinero. Necesito marcharme de casa, pagar deudas y empezar a buscar un departamento cerca de aquí, pensó con acritud mientras regresaban a la oficina del señor Bartolomé.

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y luego de esta recurrente reunion que paso?? si logro quedarse y mudarse?
¡Hola, @militadigital01 ! Como un adelanto, te diré que ella descubrió algo que la haría dudar si quedarse o no en ese trabajo 🙂. ¡Saludos y que tengas un bonito día!