Poema: Esa sensación que no se quita

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Hay una sensación que no se quita,
algo difícil de identificar
que te hace ver todo como una despedida;
no es ni dolor ni sufrimiento,
ni siquiera tristeza;
es más bien un impulso de escape,
unas ansias devoradoras de
levantarse un día, tomar todo
lo que puedas y marcharte.
Una y otra vez te cuestionas
las razones por las que te sientes así,
atribuyéndolo a la realidad actual
por la que atraviesas,
mas no puedes dejar de pensar
desde tu interior que algo
inminente va a pasar y que quedarse
en donde estás sería peligroso.
Pero resistes a ese impulso
porque no tienes ni los medios
necesarios para sobrevivir
a las afueras, a una vida
cada vez más complicada,
a un mundo que se está yendo
al carajo a cada paso que das.
Porque lo aludes al estrés,
a la ansiedad, a la decepción,
pero esa sensación aún está ahí,
urgiéndote cada vez más a que
te marcharas, te desaparezcas
sin mirar para atrás.
De nuevo piensas que quizás
es un conjunto de todo,
pero... ¿y si realmente algo
está por pasar?
No lo sabes...
Pero aún así poco a poco
vas decidiendo que es mejor
hacer caso a dicha sensación.
La pregunta final sería
entonces esta:
¿tomas todo y te marchas,
a pesar de todas las desventajas?

Mirá esa foto del caminante en la niebla, me recordó la parábola del hijo pródigo que también sintió esa urgencia de irse sin saber qué encontraría. Pensá que la fe a veces se parece a ese impulso, pero nos llama a volver antes de que el camino se pierda. Es así nomás, la vida misma nos pone pruebas de confianza.
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