CACA


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     En su libro titulado Nene, caca, el genial escritor Álvaro de Laiglesia inserta una nota inicial:

«[...] También esta vez, cuando intenté acariciarla, recibí un castigo físico en mis huesecillos metacarpianos acompañado de la consabida advertencia verbal:
     ―¡Nene, caca!
     ¡Caca la porcelana de Sèvres! ¡Caca las flores!... ¿En qué mundo de locos había yo nacido, donde todo lo bonito era caca y estaba prohibido? [...]»

     El Diccionario de la lengua española lo define como un eufemismo coloquial para significar excremento humano y especialmente el de los niños pequeños. También el excremento de los animales domésticos. Una sexta acepción significa Cosa que no se debe tocar.

     Pero... ¿de dónde salió esta palabra?

     A nuestro idioma ingresó desde el latín cacȃre (cagar), derivado del griego kaká o kakos, que significa «cosa mala o malvada».

     En la mitología romana, Caca era hija de Vulcano y hermana de Caco. Caco era un gigante mitad hombre y mitad sátiro. Por ser hijo del dios del fuego vomitaba humo, azufre y llamas por la boca. Su cualidad más resaltante, aparte de lo feo, es que era un gran ladrón. Cierta vez le robó unas vacas a Hércules y se las llevó caminando hacia atrás para esconderlas en una cueva; con este ardid logró que las huellas quedaran en posición contraria, así cuando las buscaran darían la impresión de que en vez de entrar a la cueva, salieron. Su hermana Caca, que era una soplona incapaz de guardar un secreto, le echó el chisme completico a Hércules y... hasta ahí llegó la vida de Caco. Pero los nombres siguieron vivos: Caca para significar excremento y Caco para nombrar a cualquier amigo de lo ajeno.

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Texto e imagen de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas



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