EL OLVIDO (story original) by @soyliliena




      Se levantó muy de mañana a aquella casa de grandes espacios y oscuros rincones. El sol estaba ardiendo y el calor le sofocaba. Ella salió de su cuarto. Sus ojos brillaron al verlo. " Dios te bendiga, José. Que bueno que levantaste temprano. Tienes que vestirte para ir a la escuela. ¿Me preparaste la avena? Hola mamá. La bendición. Si, te hice la avena y también te compré pedazo de pan, respondió Francisco. "Gracias mijo". Le dijo la mamá. "Mira, José, ya me está saliendo carne en los cachetes. Ya no estoy tan flaca", le siguió diciendo la madre a Francisco, mientras le señalaba su barriga y abría la bolsa donde tenía el pedazo de pan y el envase con la avena que le había dado Francisco.

      "Cómo pasaste la noche, mamá". Le interrumpió mientras comía. "Ay! José, no me hagas hablar, mijo, mira que me puedo ahogar con una espina de pescado". Francisco la miró con reproche. "Soy Francisco, mamá. Soy Francisco". La mujer alzó la vista y por un momento pareció reconocer a su hijo. Él, quedó petrificado, esperando algún otro gesto. Pero nada ocurrió. Hacía 15 años que su madre no lo llamaba por su nombre. Francisco recordó el día en que decidió irse de su país a buscar un mejor destino. En ese tiempo tenía 29 años. A pesar, de que su padre le pidiera que no se fuera, una noche salió de esa casa en puntillas y tomó rumbo a Perú. Un amigo suyo, le había asegurado que al llegar encontraría trabajo y le daría cobijo en una residencia muy bonita. Francisco vendió las pocas cosas de valor que tenía y se fue con una mochila y muchas esperanzas. Sobre la mesa del comedor, dejó una carta a sus padres y otra para José.

      "¡José! ¡José!", Dijo la madre. "¿Mijo, qué tienes? estas cómo soñando", continuó la mujer. Francisco regresó bruscamente de sus pensamientos. "¿Estas haciendo los ejercicios de las manos, mamá?, le preguntó Francisco. La mujer lo miró y con la boca llena de pan y avena le sonrió. Francisco volvió a sentir que ella lo había mirado a él. No se perdonaba el haberla dejado. Durante el tiempo que estuvo aventurando, había muerto su padre. Él, había llegado a Perú. Su amigo había sido echado a la calle por no haber pagado el alquiler a tiempo y la historia de que se conseguía trabajo fácil resultó ser una farsa. Francisco, estaba en un país lejano, sólo y sin dinero. Pronto la mendicidad y las drogas lo atraparon.

      Las noticias que llegaban a la casa de los padres de Francisco eran devastadoras. No tenía manera de ubicarlo. Las pocas veces en que él los llamó, fue para mentirles. El padre de Francisco enfermó. No soportó el dolor del hijo perdido. José, se tuvo que hacer cargo de su madre. Era tan sólo un niño de 13 años. La situación económica fue empeorando. Una tarde José fue a perdirle ayuda a un tipo al que le llamaban El Jefe. El papá de José le había ordenado que nunca se acercara a ese hombre. Pero, un amigo le había contado a José, que El Jefe era un hombre bueno porque ayudaba a todos allí. Sus negocios los hacía fuera. José entró a hablar con El Jefe justo cuando la policía irrumpió en la casa y arrasó con todos los que estaban allí. José no tuvo tiempo de entender lo que ocurría. Sólo sintió un pinchazo en el abdomen y cayó.

      Las malas noticias vuelan. En Perú, los compatriotas de Francisco le contaron de la muerte de su hermano José en manos de la policía. El Diario que le mostraron decía que habían sido abatidos 11 miembros de una peligrosa banda, entre ellos un menor de edad. Francisco corrió desesperado. No tenía dinero, pero sabía que debía regresar. Caminó, pidió aventones; en cada pueblo al que llegaba hacía cualquier cosa para comer. Fue un viaje de 2 años, en los que la abstinencia y el hambre casi lo matan.

      Cuando pisó la tierra de su país, lloró como un niño. Al llegar a su pueblo se enteró de la muerte de su padre y de cómo murió su hermano José. La culpa lo invadió. Al llegar a su casa, vio la decadencia en la que se había convertido. Tocó fuerte, pero nadie abrió. Un vecino de al lado le informó que su madre estaba en un lugar de cuidado para personas abandonadas. Fue al sitio y allí la halló sentada en una mecedora de mimbre con la mirada perdida. Habían pasado 7 años desde su partida. Su madre no era ni la sombra de lo que él recordaba. Francisco se tiró en su regazo y lloró. Ella, le acariciaba el cabello y cantaba una canción de cuna. La tomó por el brazo y la llevó a casa para cuidarla. La madre de Francisco nunca más se recuperó

      ¡José! ¡José! se oyó nuevamente la voz de la anciana. Francisco bajó la cabeza. Las lágrimas le corrían por sus mejillas de hombre. Se arrodilló ante la figura esqueletúa y frágil de su madre. Le pidió perdón una vez más y la besó en las manos. Ella, le dijo "no llores hijo. Te amo". Francisco quiso sentir que esa frase se la dijo a él.



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