Pirín, el Payasín (Pirín, the clown) [ES/EN]


Pirín, el Payasín
Se escucha la música alegre, con esa melodía pegajosa que hace despertar la dopamina, es una antesala a la presentación del show.
Las luces de colores revolotean como mariposas por el escenario, iluminando los rostros de los espectadores que han ido a esa carpa multicolor, a olvidar todas sus preocupaciones y problemas. Las sonrisas fluyen entre palomitas de maíz y algodones de azúcar.
Los niños con sus miradas, reflejan la inocencia de una alegría, que la madurez quitará y la hará menos común conforme pasan los años. Todos impacientes esperan la actuación de Pirín, el Payasín.
Pero en las profundidades oscuras de los camerinos, donde una luz roja tenue alumbra los pasillos tétricos y sin esperanza, se encuentra el payaso. Su rostro se refleja en el espejo adornado con bombillos en el marco de madera.
El maquillaje blanco va cubriendo cada célula cutánea de pigmento canela. Su identidad está siendo borrada, su personalidad está siendo borrada. Las manos siguen paseándose por el rostro, que marca algunas arrugas. Arrugas que son marcas de una existencia difícil, un vivir entre angustias, penas, adicciones y decisiones que de una u otra manera han afectado su vida.
Sigue ahí frente al espejo sucio, de tantos años, de tanto compartir, desgastándose igual que aquella imagen que refleja. El payaso aplica el carmesí en sus labios para enfatizar sonrisa, aquella que es falsa, pero que alegra, a más o igual de desdichados que él. No puede faltar la peluca enmarañada de color naranja, que cubre la calvicie que ha eliminado su pelo natural por efecto del tiempo.
El traje de colores ridículo y en extremo grande, con tirantes que lo sujetan a sus hombros, cubre la delgadez que cada año parece llevarlo a un estado cadavérico, indetenible, imposible de detener. El uniforme de la felicidad está puesto, pero falta un detalle a su conjunto, una nariz roja de plástico, que disimula el arco aguileño de su tabique.
Todo está preparado para que Pirín, el Payasín, salga a dar el show rutinario, de cada noche, de cada hora. Una sincronía de movimientos muy bien aprendida, y chistes que se sabe de memoria y que para él han perdido toda su gracia, pero que para el público es lo novedoso y lo que hace dibujar una sonrisa en cada rostro esperanzado.
Tira al suelo polvoriento, la colilla de cigarro y la presiona con su enorme zapato, una talla exageradamente enorme para cualquier pie normal. Los guantes blancos giran la perilla de la puerta, que se abre con un sonido chirriante a falta de aceite.
En ese momento, una mujer obesa, compañera del payaso. Cortaba la salida del artista, ella miraba a su compañero de comicidad y le entregaba una nota arrugada. El papel con la tinta distorsionada por el temblor del momento, daba un mensaje que destruía el semblante del cómico.
El payaso regresaba hacia la mesa donde hacía unos momentos se maquillaba. Dejó el papel sobre la mesa de madera, de color desgastado y rucio. Toma una gota de pintura negra y con su dedo delinea una lágrima. En el fondo de su conciencia, una voz resuena, «El show debe continuar».
Pirín, el Payasín y su compañera salen de entre las tinieblas, hacia el escenario pintado de colores, luces y alegría. Mientras la música alegre anima la coreografía ensayada y las risas fingidas, el payaso muere por dentro en una tristeza melancólica.

Pirín, the clown
The cheerful music plays, with that catchy melody that awakens the dopamine, a prelude to the show's presentation.
Colored lights flutter like butterflies across the stage, illuminating the faces of the spectators who have come to this multicolored tent to forget all their worries and problems. Smiles flow amid popcorn and cotton candy.
The children's eyes reflect the innocence of a joy that maturity will take away and make less common as the years go by. Everyone eagerly awaits the performance of Pirín, the clown.
But in the dark depths of the dressing rooms, where a dim red light illuminates the gloomy and hopeless corridors, the clown is found. His face is reflected in the mirror adorned with light bulbs in the wooden frame.
The white makeup covers every skin cell of cinnamon pigment. His identity is being erased, his personality is being erased. His hands continue to wander over his face, which shows a few wrinkles. Wrinkles that are marks of a difficult existence, a life of anguish, sorrow, addiction, and decisions that in one way or another have affected his life.
He remains there in front of the dirty mirror, worn from so many years, from so much sharing, wearing away just like the image it reflects. The clown applies crimson to his lips to emphasize his smile, one that is false but cheers up those who are as unhappy as he is, if not more so. The tangled orange wig is a must, covering the baldness that has eliminated his natural hair due to the effects of time.
The ridiculously colorful and extremely large suit, with suspenders holding it to his shoulders, covers the thinness that seems to bring him closer to a cadaverous state every year, unstoppable, impossible to halt. The uniform of happiness is on, but one detail is missing from his ensemble: a red plastic nose that hides the aquiline arch of his septum.
Everything is ready for Pirín, the clown, to go out and perform his routine show, every night, every hour. A well-rehearsed synchrony of movements and jokes that he knows by heart and that have lost all their humor for him, but which are new to the audience and bring a smile to every hopeful face.
He throws the dusty cigarette butt on the floor and presses it with his enormous shoe, a size that is exaggeratedly large for any normal foot. The white gloves turn the doorknob, which opens with a squeaky sound due to lack of oil.
At that moment, an obese woman, the clown's partner, cut off the artist's exit. She looked at her comic partner and handed him a crumpled note. The paper, with the ink distorted by the tremor of the moment, delivered a message that destroyed the comedian's countenance.
The clown returned to the table where he had been applying his makeup a few moments earlier. He leaves the paper on the worn gray wooden table. Take a drop of black paint and use your finger to draw a tear. In the back of his mind, a voice echoes: "The show must go on."
Pirín, the clown, and his partner emerge from the darkness onto the stage painted with colors, lights, and joy. While the cheerful music enlivens the rehearsed choreography and fake laughter, the clown dies inside in melancholic sadness.

Fuente 1
Fuente 2
Edición Rincón Poético
La traducción del texto fue hecha con la herramienta
gratuita DeepL
Contenido original



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@rinconpoetico7
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Pobre Pirín, el payaso que muere lentamente por dentro
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Un abrazo fuerte.
La triste historia de un payaso 🤡😌
Excelente relato.
Gracias por pasar y dejar tu amable comentario.
Un excelente día.
Le tengo miedo garrafal a los payasos, pero esta triste historia me recordó una novela de mi país. Hace años atrás en Chile dieron la novela el circo de las Montini, narraba la historia de un circo, ya casi al final, el payaso más viejo y de los más queridos muere en pleno show, nadie se da cuenta ya que el acto era caer desmayado, más lo que querían reflejar es que el payaso por más penurias que tuviera siempre salía a hacer reír por más de tener el corazón rotó.
Gracias por pasar y dejar tu excelente comentario.
Es una historia muy triste y que llama mucho la atención. Los payasos son los actores de la vida y pase lo que pase siempre están allí para hacer reir a su público.
Un excelente miércoles, amiga.
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Saludos, @rinconpoetico7. Excelente texto. Qué retrato tan humano y desgarrador has creado. He sentido esa dualidad tan humana de tener que sonreír cuando por dentro todo se desmorona. Me imagino a todos esos payasos que llevan dibujadas lágrimas negras invisibles, mientras que su trabajo es dar felicidad a otros. ¡Abrazos!