Entrada al Concurso de crónicas de Literatos | Una vida de amor y valentía

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En la Caracas de los años 1920 nació mi padre Rafael, hijo de una venezolana y un inmigrante alemán. De él había aprendido varios oficios, entre ellos la carpintería, la albañilería y la mecánica de autos.

Su encuentro con la que sería mi madre fue cerca de la plaza El Valle, una joven de nombre Carmen, hija del señor Miguel, de una de las familias más antiguas y apreciadas de esta parroquia.

Mi padre no se dejó intimidar por las diferencias sociales de la época, y pudo conquistar su corazón y la confianza de mi abuelo.

De esa unión nacieron seis hijas, un sueño compartido por ambos, ya que eran hijos únicos de padres divorciados.

Mi padre trabajó con responsabilidad para mantener a su familia y darle amor y ternura que disimulaba a veces en sus cejas levantadas que le daban un aspecto de bravura y su voz de trueno suavizada por su risa fuerte y contagiosa.

Vivimos en diferentes lugares mientras la familia crecía, hasta que se asentó cuando mi padre compró un apartamento en una urbanización del Banco Obrero en la parroquia El Valle.

Mi padre comenzó a trabajar como chofer de autobús en una empresa que hacía la ruta Las Mayas- Coche- El Valle- Santa Teresa y durante muchos años cumplió con mucha responsabilidad ese trabajo que no solo necesitaba de destreza en el manejo del autobús sino también una mezcla de carácter fuerte y de paciencia para tratar a los pasajeros. Y debo decir con justicia, y no porque fuera mi padre, que era un excelente chofer.

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En una oportunidad nos contó que se le habían ido los frenos al autobús y él, con mucha calma, aunque los pasajeros estaban asustados y algunos gritaban, fue pegando el autobús al cerro de la roca Tarpeya hasta que pudo detenerlo. Los pasajeros lo aplaudieron y yo me sentí muy orgullosa de él y lo aplaudí en silencio.

Estando yo en el liceo, las manifestaciones y protestas de los estudiantes durante los años 70 eran muy fuertes y eran reprimidas por la policía y la guardia nacional.

Mi padre iba manejando el autobús en una de las calles del centro de Caracas, congestionadas por las protestas. Mi hermana mayor y yo íbamos con él. Al detenerse, se montaron varios jóvenes que corrían desesperados para escapar de la policía. Cuando subieron, uno le dijo: "Por favor, cierre la puerta, nos sigue la policía". Mi papá la cerró al instante.

Al llegar la policía le gritaron que abriera la puerta para sacar a los muchachos y él les dijo que no. La policía se molestó y empezaron a darle golpes a la puerta y uno se asomó por la ventanilla que está al lado del chofer, y lo amenazó con detenerlo si no la abría.

Mi padre, como siempre lo recordaré, sin miedo y con mucha firmeza, le contesto. "En este autobús mando yo y no voy a entregar a los estudiantes" y, aprovechando que el tránsito había avanzado, metió el pie en el acelerador y dejó a los policías atrás, para alivio de los jóvenes y de los pasajeros que estaban de acuerdo con él.

Al llegar a la casa, habló con mis hermanas mayores y conmigo, para advertirnos del peligro de las protestas, pero nunca para prohibirnos que fuéramos, solo nos pedía que tuviéramos prudencia y nos cuidáramos. Papá fue mi mayor héroe, por su valentía.

El nos decía que era ateo, "yo no creo en ninguna religión y mucho menos ir a la iglesia a rezar. Esos curas son unos sinvergüenzas pidiendo dinero". Pero, sin embargo, cada mañana y cada noche nos respondía la bendición y nos daba un beso y un abrazo. Su amor lo demostraba en sus juegos, a veces un poco bruscos, sus regaños muy esporádicos, su alegría al contar chistes y hacernos reír, y su dedicación a la familia.

El último año de su vida había dejado de trabajar porque consideró que a su edad, ya cerca de cumplir 80 años, no tenía las condiciones necesarias para conducir. Hacía la ruta desde la Universidad Simón Bolívar hasta el Silencio en Caracas llevando a los empleados. Aunque era muy apreciado por sus pasajeros, fue su adiós como chófer.

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Con esta crónica sobre mi padre quiero hacerle un homenaje al hombre que fue en esta vida que compartimos. Gracias a la comunidad Literatos por esta iniciativa. Aun cuando queda poco tiempo, invito a mis amigos @rinconpoetico7 y @maxjulisgf a participar. Aca el enlace*


Muchas gracias por leer

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La imagen de la presentación la edite en Canva con fotografías propias.



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