La chica del metro. Relato corto.

Raúl Duarte es un joven que trabaja en una oficina cerca de plaza Venezuela, en el Este de Caracas. Vive en el Oeste de la ciudad, en un edificio cercano al Metro, este hecho le da la ventaja de levantarse a una hora relativamente cómoda. A raíz de la pandemia tuvo la ventaja de trabajar por internet desde su apartamento y debido a la flexibilización por la disminución de casos se ha incorporado de forma presencial a su trabajo.


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Imagen de Pexels en Pixabay

A pesar de que el recorrido es cerca de treinta minutos, aprovecha ese tiempo y la distancia para relajarse un poco antes del trabajo oyendo su música favorita con sus audífonos y su celular. Cuando todo se vuelve un caos por la cantidad de usuarios, apaga el celular para observar a aquellos que entran y salen en cada estación, reflexiona, compara actitudes; de agresividad, pasividad, enojo, descontento e incluso miradas chismosas y criticonas de la moda y los estereotipos cada vez más disímiles y variados en el metro de una ciudad cosmopolita como lo es Caracas.

Poco a poco se disipa el amanecer y un nuevo día está por comenzar, con su rutina, sus alegrías y sus tropiezos. Había llegado el día viernes, concluía así su tercera semana de trabajo desde su reincorporación física, por su mente pasaron algunas ideas, "cine? visitar a su amigo Luis?" sus reuniones siempre eran divertidas, con sus respectivas dosis de comidas y bebidas, buenos y buenas amigas, distracción. La internet, las redes sociales explotarían nuevamente esta noche para darle la bienvenida al fin de semana que recién comenzaba.

Raúl, ayudante de artes gráficas se prepara para ir a la oficina donde labora desde hace aproximadamente cuatro años. Un rato en el anden y al poco tiempo ya estaba cómodamente escuchando música y viendo el rostro de los usuarios. Vagones vienen, vagones van, cada usuario en su diario afán, afán del tiempo, la prisa y los horarios.

En cada estación los vagones se van atiborrando de gente y más gente. Sin embargo, entre ese lote de gente Raúl se da cuenta de una joven señora embarazada que estaba de pie y sin titubear le cedió el puesto. Este acto llevó a Raúl a una nueva ubicación que lo dejó cerca de la puerta trasera del vagón donde viajaba, por momentos se sintió un poco incomodo, algo acalorado, el aire no parecía enfriar lo suficiente, frente a el tenía mucha gente de pie que prácticamente no le dejaban visualizar nada, factor negativo que le arrebataba parte de su entretenimiento y decidió entonces mirar a través del vidrio de la puerta trasera del vagón.

Al mirar quedo impresionado al encontrarse frente a una chica hermosa y fascinante que al igual que él estaba sin espacio para realizar cualquier movimiento. Al principio titubearon, ella miro a un lado, él al techo. Pasados unos segundos volvieron a verse y ambos sonrieron al unísono, fue algo hermoso y mágico aún en medio de la incomoda situación.


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Poco a poco los vagones fueron quedando vacíos, la chica se había sentado, retocaba su maquillaje, su rostro resplandecía, enigmática y serena. Raúl estaba paralizado, no lograba reaccionar, no quería perderla de vista, vio la hora en su celular y le quedaban como tres minutos de viaje, pensó por un momento en bajar pero su vagón estaba otra vez repleto, sin darse cuenta murmuro en voz audible cuerda de viajeros inoportunos, ganándose un par de miradas extrañadas y burlonas.

El metro se detuvo en la estación donde el debía bajar, antes de moverse busco con la mirada a la chica y no la vio se sintió confundido y molesto, se movió como pudo empujando un poco a la gente, ganándose algunos insultos y empujones recíprocos logró salir a tiempo del vagón antes que el metro partiera nuevamente, miro en dirección a las escaleras y camino entre la gente que también salían y otras que entraban, busco desesperadamente, cabellos, rostros, en su desesperación veía lo que quería más no lo que realmente era, se parecían pero ninguna era ella.

Ya en la salida del metro se detuvo y espero por un rato a ver si la chica aparecía entre la gente pero en el fondo presentía que no habría vuelta atrás.


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El sonido de una llamada al celular lo devolvió a la realidad, era un compañero de trabajo extrañado de su tardanza. Aunque sólo habían transcurrido quince minutos de la hora de entrada, no era algo regular en él porque generalmente solía llegar incluso hasta veinte minutos antes, gracias a eso se había ganado el apodo "el chico puntualito".

El día transcurrió con una extraña melancolía, no lograba concentrarse por completo y su rendimiento no fue para nada el esperado y terminó solicitando partir más temprano a su hogar aduciendo sentirse mal con dolor de cabeza y malestar estomacal. Los meses siguientes, día tras día espero verla otra vez, mientras viajaba de ida y de regreso, con el vagón vacio o lleno, pero nunca más se topó con ella, la imagen de su rostro fue enigmática y fugaz, recuerda su sonrisa y su lejanía entre la gente y la prisa, entre estación y estación, las circunstancias fueron su enemigo y el horario fue y no fue su aliado total, alejando todo encuentro posible.


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fotografía cortesía de @esthersanchez. Editada por mi



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Mientras leia tu historia, recordé a Caramelos de Cianuro con su canción "El momento pasó" hay una estrofa que cuenta lo que te pasó ....

"... Te subiste apresurada en el vagón
Las puertas ya se cerraban
Entre la multitud, se cruzó una mirada
A lo mejor
Mientras buscabas un poco de valor
La palabra adecuada
Él se bajó del tren, y tu mirabas callada
Y el instante pasó
Solo una historia más
De millones de caras que hay en una ciudad..."

!LADY

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(Edited)

Muchas gracias por leer, comentar y apoyar. Desconocía esta canción, pero sin duda mi escrito y la estrofa que mencionas comparten el mismo sentimiento. Relatan ese irrepetible momento que se escapa de los protagonistas.

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