«Cubanos: Eddy Pineda» (ESP/ENG)


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Su nombre es Eddy Pineda Chacón. Comenzó en la profesión en 1978. Tenía 23 años. Y todo llegó de manera fortuita.

Porque en la infancia no tenía inclinación marcada por la enseñanza. Eso lo dice claro. Pero su maestro de primaria, René Naranjo, veía algo. Veía cierta tendencia hacia el magisterio, decía. Por su desenvolvimiento. Eddy no lo entendía entonces. Después lo entendió.

Nació y creció en San Benito de Mayarí. Familia humilde. Su padre, Roberto Pineda, obrero agrícola. Autodidacta. En el poco tiempo libre que tenía, se sentaba con los vecinos que no pudieron ir a la escuela. Les enseñaba a leer. A escribir. De él heredó la vocación. De él y de las caminatas. Porque las escuelas quedaban lejos. Muy lejos. Y él caminaba.


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A los cuatro años ya leía. Su padre lo enseñó. Los vecinos de apellido Liranzo no lo creían. Le daban papeles. "Lee", le decían. Y él leía.

Después se mudaron. Problemas de trabajo. Fueron a una cooperativa agraria en Yerba de Guinea. Hoy es Songo-La Maya. Allí estaba el río. Y en el río, una poza. La llamaban El Camue. Todos los niños del barrio se escapaban hacia allá. Él también.


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La mayor parte de su adolescencia y juventud la pasó estudiando. A los 13 años lo becaron. Plan beca de Miramar. Secundaria Manuel Bisbe. Cuatro años. Luego el preuniversitario Carlos Marx. Tres años más.

No tenía entre sus sueños ser maestro. Eso también lo dice claro.

Terminaba la secundaria básica cuando comenzó la captación para el destacamento pedagógico Manuel Ascunce. Él, dijo que sí. Pero sus padres dijeron que no. Ellos esperaban un médico en la familia. También su profesora guía, una bella profesora de Español, le dijo que él estaba destinado a otras profesiones. Por sus rendimientos académicos. Por su aprendizaje avanzado. También podía ser útil, decía, pero desde otro lugar.

Así que al culminar el preuniversitario fue a parar a la Escuela de Aviación Capitán Carlos Ulloa. Sandino, Pinar del Río. Iba a ser piloto de aviación. Luego estudiaría Ingeniería Aeronáutica en la antigua URSS.

Para esa carrera seleccionaron 50 jóvenes en todo el país. Por desempeño académico. Por méritos estudiantiles. Por un riguroso examen médico. Eddy estaba entre ellos.

Preparación: 1976-1977. Dos años de curso teórico. Recibió muchas asignaturas interesantes. Pero su delirio era la meteorología. La navegación. Los idiomas: inglés, ruso. Y sobre todo las matemáticas. Las recibía puras. O aplicadas a la mecánica y la navegación. Le fascinaban.

Terminado el curso teórico, comenzó el práctico. Una serie de ejercicios. Hasta el ejercicio siete volaba con instructor. El ejercicio ocho era el soleo. El primer día que volaba solo.

Ese día era todo un acontecimiento. Sus compañeros esperaban su aterrizaje. Le preparaban maldades y jaranas. Cubos de agua. Aceite de motor encima. Participaban los instructores. Participaban los compañeros. Una fiesta.

Todo iba saliendo bien.


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Hasta que un día regresaba de un vuelo en zona. Olvidó un procedimiento en el aterrizaje. Provocó un accidente. Milagrosamente no le costó la vida. Pero le costó la carrera.

Transcurría 1978. Tenía 22 años, casi 23. Tenía que dar un nuevo rumbo a su vida. Sus compañeros de generación estaban por concluir su segundo año universitario. Él, aunque tenía derecho a ingresar en la carrera que quisiera, sentía que había perdido tiempo para el estudio. Sus intereses y necesidades ya no eran las mismas. Y la situación económica de su familia no le permitía reiniciar la Universidad por el primer año después de dos cursos perdidos.

Así que buscó plaza laboral. Le propusieron desarrollar un programa de quinto y sexto semestre de la asignatura Matemática en la Facultad Obrera Campesina. Un contrato a prueba. Un mes. Si daba la talla, lo alargaban. También le ofrecieron preparación para la profesión en una institución llamada ISE, en Los Maisales. Allí preparaban a educadores emergentes para luego estudiar carreras pedagógicas.

Su mes a prueba tuvo excelente acogida. Alumnos. Directivos. Funcionarios. No solo lo contrataron permanente. Lo mandaron a trabajar al IPUEC 109.

Y allí descubrió su verdadera vocación.

Descubrió que todo lo anterior fue sueño de adolescente. Que su vocación verdadera era enseñar.


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Lleva ya 48 años en esta profesión. Y dice, sin dudar, que si pudiera revertir el tiempo, esta vez sin vacilación escogería la enseñanza.

En estos 48 años ha transitado por distintas funciones. Jefe de cátedra. Secretario docente. Subdirector docente. Metodólogo. Responsable de asignatura municipal. Jefe de departamento de la filial pedagógica. Ha enseñado en dos países: Nicaragua y Venezuela.

Pero nunca ha dejado el aula.

Eso es lo que realmente le gusta. Lo que disfruta. Ni cuando el periodo especial, cuando muchos abandonaron obligados por el momento, él siguió en el aula. Pasando todas las vicisitudes de aquellos tiempos. Sin tiza. Sin papel. Sin transporte. Él seguía yendo.

Sigue aportando sus conocimientos y enseñanzas a las nuevas generaciones. Cree que lo hará hasta que sus facultades mentales lo permitan.

No hay más regocijo para él que sus estudiantes, ya varias generaciones, recuerden sus clases. Saber que contribuyó a su crecimiento personal en una etapa de sus vidas. Ese es su premio.

Eddy Pineda sí supo volar. Solo que nunca necesitó un avión. Necesitó una pizarra. Una clase.


Imágenes cortesía de Eddy Pineda

© Marabuzal, 2026. Contenido original. Todos los derechos reservados.

«Cubans: Eddy Pineda» (ESP/ENG)


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His name is Eddy Pineda Chacón. He began his teaching career in 1978. He was 23 years old. And it all happened by chance.

Because as a child, he had no particular inclination towards teaching. He says that clearly. But his elementary school teacher, René Naranjo, saw something. He saw a certain tendency towards teaching, he said. Because of his natural talent. Eddy didn't understand it then. Later he did.

He was born and raised in San Benito de Mayarí. A humble family. His father, Roberto Pineda, was a farm laborer. Self-taught. In the little free time he had, he would sit with the neighbors who couldn't go to school. He taught them to read. To write. He inherited his vocation from him. From him and from the walks. Because the schools were far away. Very far away. And he walked.


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He could read by the age of four. His father taught him. The neighbors, surnamed Liranzo, didn't believe it. They gave him papers. "Read," they told him. And he read.

Later they moved. Work problems. They went to an agricultural cooperative in Yerba de Guinea. Today it's Songo-La Maya. There was a river there. And in the river, a pool. They called it El Camue. All the neighborhood kids used to run away there. He did too.


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He spent most of his adolescence and early adulthood studying. At 13, he received a scholarship. Miramar Scholarship Program. Manuel Bisbe High School. Four years. Then Carlos Marx Pre-University. Three more years.

Being a teacher wasn't among his dreams. He makes that clear.

He was finishing junior high when recruitment began for the Manuel Ascunce Pedagogical Detachment. He said yes. But his parents said no. They had hoped for a doctor in the family. His homeroom teacher, a lovely Spanish teacher, also told him that he was destined for other professions. Because of his academic performance. Because of his advanced learning. He could also be useful, she said, but in a different way.

So, upon completing his pre-university studies, he ended up at the Captain Carlos Ulloa Aviation School in Sandino, Pinar del Río. He was going to be a pilot. Later, he would study Aeronautical Engineering in the former USSR.

For that program, 50 young people were selected nationwide. Based on academic performance. Student merit. A rigorous medical exam. Eddy was among them.

Preparation: 1976-1977. Two years of theoretical coursework. He took many interesting subjects. But his passion was meteorology. Navigation. Languages: English and Russian. And above all, mathematics. He received it in its pure form. Or applied to mechanics and navigation. It fascinated him.

Once the theoretical course was finished, the practical one began. A series of exercises. Up to exercise seven, he flew with an instructor. Exercise eight was soloing. The first day he flew alone.

That day was quite an event. His classmates awaited his landing. They prepared pranks and jokes for him. Buckets of water. Engine oil all over him. The instructors joined in. The classmates joined in. A party.

Everything was going well.


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Until one day, returning from a flight in the area, he forgot a landing procedure. He caused an accident. Miraculously, it didn't cost him his life. But it cost him his career.

It was 1978. He was 22, almost 23. He had to give his life a new direction. His classmates were about to finish their second year of university. He, although he had the right to enroll in any program he wanted, felt he had wasted time studying. Her interests and needs were no longer the same. And her family's financial situation did not allow her to restart university for the first year after missing two courses.

So he looked for a job. He was offered a position developing a fifth- and sixth-semester math program at the Workers' and Peasants' Faculty. A trial contract. One month. If he performed well, they would extend it. They also offered him professional development at an institution called ISE, in Los Maisales. There, they prepared emerging educators to later pursue teaching degrees.

His trial month was very well received. Students. Administrators. Staff. Not only did they hire him permanently, but they also assigned him to work at IPUEC 109.

And there he discovered his true calling.

He discovered that everything before had been a teenage dream. That his true vocation was teaching.


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He has been in this profession for 48 years. And he says, without hesitation, that if he could turn back time, this time he would choose teaching without a doubt.

In these 48 years, he has held various positions: Head of Department, Academic Secretary, Assistant Director of Academic Affairs, Methodologist, Municipal Subject Coordinator, and Head of Department at the Pedagogical Branch. He has taught in two countries: Nicaragua and Venezuela.

But he has never left the classroom.

That's what he truly loves. What he enjoys. Not even during the Special Period, when many were forced to abandon their studies, did he remain in the classroom. He endured all the hardships of those times. Without chalk. Without paper. Without transportation. He kept going.

He continues to share his knowledge and teachings with new generations. He believes he will do so as long as his mental faculties allow.

There is no greater joy for him than knowing that his students, now several generations, remember his classes. Knowing that he contributed to their personal growth at a certain stage of their lives. That is his reward.

Eddy Pineda did know how to fly. He just never needed a plane. He needed a blackboard. A classroom.


Images courtesy of Eddy Pineda

© Marabuzal, 2026. Original content. All rights reserved.



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Gracias equipo por pasar y dejar el apoyo. Eddy merece ser visto. Su historia es de esas que quedan en el alma. Seguiremos conectando ideas y buenas personas como ustedes. Abrazo grande.

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Gracias por que existen personas como el, personas de bien. Yo tuve por suerte varios profesores así a lo largo de mi vida de estudiante y eso es lo mejor que le puede pasar a uno gracias por lo que compartes 💪💪💪💪

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Tener un profesor así es un tesoro para siempre. Eddy es de esa madera. Gracias a ti por leer y por reconocer a los maestros de bien. Un abrazo fuerte @valderalazaro
💪

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Yo como estudiante universitaria pido siempre tener profesores así que amen tanto la profesión que esos son los mejores

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Saludos @andrealove
Ojalá todos los estudiantes tuvieran esa suerte, Andrea. Los profesores que aman lo que hacen transforman vidas. Eddy es uno de esos. Me alegra que lo valores desde tu lugar como universitaria. Un abrazo.

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