[ESP-ENG] El sueño de Amanda


Amanda está dormida. Profundamente dormida. Es mediodía y aún no se ha levantado. No es la primera vez que esto pasa: si no tiene que cuidar a alguno de sus hermanos o atender la panadería de su familia, duerme entre diez y doce horas. Además, se acuesta tarde. A veces demasiado tarde, luego de dar vueltas por internet, en busca de algo que la haga reír o la entretenga, conversando con algún amigo, revisando viejas fotografías o escuchando las mismas canciones de siempre: esas que hablan de penas que no se curan por el mal de amor.
Amanda duerme abrazando una almohada, mientras su pierna envuelve otra y se chupa el dedo, a pesar de que tiene veinte años. Cuando trabaja en la panadería y no hay clientes que atender, es normal verla repetir el gesto: cruza los brazos bajo su pecho, como si se abrazara a sí misma, y a veces, se lleva el dedo a la boca y juega de manera inconsciente con el labio inferior.
Sus hermanos son tremendos, como todos los niños, y ella los odia y ama a partes iguales. Sus padres, le dan todo lo que está a su alcance y nunca la han presionado para que estudie o trabaje, dejándola que elija su futuro; aunque suelen recordarle que no durarán toda la vida, que es mejor ser una profesional graduada de alguna universidad y que no puede dejar que el tiempo pase, porque la vida da muchas vueltas y mañana ni siquiera ellos saben dónde estarán.
Pero Amanda no quiere estudiar. Entiende que la mayor preocupación es el dinero, así que ayuda en la panadería y guarda el treinta por ciento de lo que gana cada semana, invierte el cincuenta y si no tiene urgencia de gastar lo restante, deja que se acumule junto a sus ahorros. Prefiere hacer esto antes que volver a sufrir el dolor de cabeza que le causan asignaturas como física, química, matemática o lengua. Prefiere vivir así antes que volver a rodearse de personas que al culminar los estudios se olvidarán de ella y seguirán con sus vidas, como si nunca hubieran sido amigos.
«¿Con qué soñará Amanda?», se pregunta su madre, pero ni siquiera Amanda lo sabe. Cuando despierta, recuerda poco o nada de su sueño. En más de ocasión, sin embargo, ha despertado llorando, con aquel sentimiento que le oprime el pecho y la desgana habitual, invadida por una inmensa melancolía.
En días así, supone que ha soñado con alguno de sus familiares muertos o con esa niña a la que le prometió ser feliz, mientras jugaba con muñecas en el patio de su casa, con la ilusión de que un príncipe azul vendría a buscarla. En días así, es normal que no sonría cuando atiende algún cliente o habla con su vecina, que es su mejor amiga; aunque nunca le ha contado como son esos sueños que apenas recuerda.

Amanda sigue dormida. Profundamente dormida. Lleva una semana sin despertar. Sus familiares están preocupados. La última noche que la vieron despierta, ella y su madre tuvieron una discusión por algo insignificante, pero le afectó mucho y se encerró en su habitación.
Los médicos dicen que el estado en cual se encuentra su cuerpo es increíble: sus signos vitales son estables, aunque no ha comido nada ni ha ido al baño, y no se encuentra precisamente en coma, algo inexplicable para la ciencia.
En el pueblo, empieza a correr el rumor de la nueva bella durmiente y algunos se preguntan quién será el culpable de lanzar semejante maleficio; otros han considerado la posibilidad de tocar la puerta de la casa de la familia de Amanda y ofrecer sus labios como cura, porque si algo ignora la muchacha es cuánto la desean los jóvenes.
Mientras tanto, Amanda sueña que está en mundo libre de sufrimiento, donde las personas no mueren ni se alejan cuando pasa el tiempo, donde es normal expresar lo que sientes sin ser juzgado, donde la justicia se cumple y la pobreza no existe. Un lugar donde todos son considerados con los demás, porque saben el efecto que pueden tener las palabras hirientes, los actos irresponsables o, peor aún, la indiferencia.
«Dios mío, ¿cuándo despertará Amanda?», se pregunta su madre, pero nadie lo sabe.




Amanda is asleep. Deeply asleep. This is not the first time this has happened: if he does not have to take care of one of his siblings or tend to his family's bakery, he sleeps between ten and twelve hours. In addition, he goes to bed late. Sometimes too late, after wandering around the Internet, looking for something to make her laugh or entertain her, chatting with a friend, looking at old photographs or listening to the same old songs: those that speak of sorrows that cannot be cured by the evil of love.
Amanda sleeps hugging a pillow, while her leg wraps around another and she sucks her thumb, even though she is twenty years old. When she works at the bakery and there are no customers to attend to, it is normal to see her repeat the gesture: she crosses her arms under her breasts, as if hugging herself, and sometimes, she puts her finger to her mouth and plays unconsciously with her lower lip.
Her siblings are tremendous, like all children, and she hates and loves them in equal parts. Her parents, give her everything within their reach and have never pressured her to study or work, letting her choose her future; although they usually remind her that they will not last a lifetime, that it is better to be a professional graduate of some university and that she cannot let time pass, because life takes many turns and tomorrow even they do not know where they will be.
But Amanda doesn't want to study. She understands that the biggest worry is money, so she helps out at the bakery and saves thirty percent of what she earns every week, invests fifty percent, and if she has no urgency to spend the rest, lets it accumulate with her savings. He prefers to do this rather than go back to the headache of subjects like physics, chemistry, mathematics or language. She prefers to live this way rather than be surrounded by people who will forget about her when she finishes her studies and move on with their lives, as if they had never been friends.
"What will Amanda dream about?" her mother wonders, but even Amanda doesn't know. When she wakes up, she remembers little or nothing of her dream. On more than one occasion, however, she has woken up crying, with that feeling that tightens her chest and the usual listlessness, invaded by an immense melancholy.
On days like this, she supposes that she has dreamed of one of her dead relatives or of that little girl she promised to be happy, while playing with dolls in the backyard of her house, with the illusion that a prince charming would come to look for her. On days like these, it is normal for her not to smile when she attends to a client or talks to her neighbor, who is her best friend; although she has never told her about those dreams that she barely remembers.

Amanda still asleep. Deeply asleep. She hasn't woken up for a week. Her relatives are worried. The last night they saw her awake, she and her mother had an argument over something insignificant, but it affected her greatly and she locked herself in her room.
The doctors say that the state in which her body is in is incredible: her vital signs are stable, although she has not eaten anything or gone to the bathroom, and she is not exactly in a coma, something inexplicable to science.
In town, the rumor of the new sleeping beauty begins to spread and some wonder who is guilty of casting such an evil spell; others have considered the possibility of knocking on the door of Amanda's family home and offering her lips as a cure, because if there is one thing the girl does not know, it is how much the young people want her.
Meanwhile, Amanda dreams that she is in a world free of suffering, where people do not die or move away when time passes, where it is normal to express what you feel without being judged, where justice is served and poverty does not exist. A place where everyone is considerate of others, because they know the effect that hurtful words, irresponsible acts or, even worse, indifference can have on them.
"My God, when will Amanda wake up?" her mother wonders, but no one knows.


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Amanda no quiere despertar, al parecer encontró un mundo que le gusta más que el único mundo que hasta entonces había conocido, ha conocido un lugar mejor, al cual se aferra.
Supongo que en su lugar cualquiera haría lo mismo. Después de todo, no debe ser tan malo vivir en una utopía. Gracias por tu lectura y comentario, querida. Un abrazo.
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Muchas gracias por el apoyo, amigos. Saludos.
¡Muy buen relato, mi estimado @juniorgomez ! Amanda durmiendo durante una semana entera, atrapada (por voluntad propia) en un mundo onírico que representa su refugio.
El relato lo interpreto como el acto de aferrarse a los sueños y a las esperanzas a las que nunca se quieren renunciar, sin importar la opinión de los demás. Amanda no quiere renunciar a sus sueños; quizás por eso trabaja duro para ahorrar y no gastar tanto, pues ella quiere perseguir esos sueños de los que, posiblemente, ha recibido burlas y consejos no pedidos, o quizás la gente que le rodeaba le ignoró mientras hablaba de ellos.
Al menos eso es lo que percibo de Amanda. ¡Saludos y bonito fin de semana!
¡Gracias, querida @vickaboleyn! Me alegra que te haya gustado.
¿Sabes? Me parece curiosa tu interpretación porque esta historia está inspirada en alguien que conozco, cuya vida es similar a la de Amanda, con la costumbre de dormir para evitar el sufrimiento, y lo que dices al respecto le ha sucedido a ella: ha recibido consejos no pedidos de personas que son incapaces de comprender su depresión. Por otro lado, lo que Amanda desea es un mundo mejor, utópico, así como el del sueño, y por eso optó por no volver a despertar (de forma ímplicita); aunque siento que me faltó desarrollar mejor esta idea.
Gracias por tomarte el tiempo de leer y analizar. Lo aprecio.
¡Feliz fin de semana para ti también! ¡Un abrazo!
¡Por Dios! Amanda se quedó en un mundo mejor, al parecer.
Saludos, hermano, como siempre es un placer leerte. Me gustó está combinación irregular entre lo ordinario y un hecho extraordinario. Las historias donde pasa algo extraño, pero la gente lo toma con sorpresa y a las vez con naturalidad, son mis preferidas.
¡Mis mejores vibras y un fuerte abrazo!
¡Eso parece! No puedo evitar preguntarme cuánto tiempo vivirá así.
Gracias, hermano, me alegra tenerte de visita. Estoy pensando en escribir más historias de este tipo, experimentar y ver qué resulta. Esta, por ejemplo, no maduró lo suficiente, pero al menos causó muchas interrogantes en el lector, tal vez por lo mismo que comento. Agradezco mucho tu lectura y comentario. Mis mejores deseos para ti también. ¡Un abrazo!
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Es triste, porque me ha pasado como Amanda, el querer vivir en mis sueños donde hay paz, felicidad y nada de dolor, fue hace unos años, decidi salir y vaya que la realidad es muy dura pero hay que enfrentarla.
Igual quien no quisiera vivir en ese mundo de Amanda no?
Saludos amigo!
A muchos les gustaría, pero es como dices: hay que enfrentar la realidad y vivir la vida, a pesar de los matices. Gracias por compartir tu experiencia sobre el tema tratado en la historia, me alegra que sea parte del pasado.
Saludos querida!