[ENG-SPN] The Kiss Hidden in Stone / El beso que esconde la piedra
They say that behind every display of affection, every kiss on the lips that silences all those emotions that a simple word cannot capture, lies a fascinating story. In that medieval era, which many still consider dark, there were master stonemasons who, consciously or unconsciously, shaped the stone to bequeath to a posterity that today pays little or no attention to the details—where, according to Gustave Flaubert, the good Lord is always present—fascinating stories, prone to the seductive charm of speculation.
In Asturias, for example, in the old monastery of San Pedro, near the charismatic town of Cangas de Onís and now a Parador Nacional (a state-run luxury hotel), a curious capital, which possibly had no other intention than to highlight a central theme of the time—the knight's farewell, whether for hunting or war—led to popular interpretation. This human circumstance was seen as the last kiss an Asturian king gave his consort before being killed by a bear on a hunt.
A few kilometers further on, in the Picos de Europa mountains, where the grandeur of untamed nature might be considered the last refuge of those other worlds that, according to surrealist manifestos, still exist in this one, a master stonemason created something very similar, among many other fascinating artistic skills. The difference is that, over the centuries, the depicted lovers would give rise to the most fascinating hypotheses: a ritual kiss between an abbot and a novice, a scene of betrothal, King Alfonso VIII and Eleanor of Plantagenet… Which demonstrates that, ultimately, fiction sometimes surpasses reality, and of course, that everything depends on our perspective.
Dicen que detrás de cada muestra de afecto, de cada beso en los labios que silencia todas aquellas emociones que una simple palabra no puede llegar a recoger, se esconde una fascinante historia. Hubo, en aquella época medieval que muchos todavía consideran oscura, maestros canteros, que, consciente o inconscientemente, moldearon la piedra para legar, a una posteridad que hoy día, poco o nada se fija en los detalles -donde, según Gustave Flaubert, está siempre el buen Dios- historias fascinantes, proclives al seductor encanto de la especulación.
En Asturias, por ejemplo, en el antiguo monasterio de San Pedro, vecino de la carismática población de Cangas de Onís y en la actualidad, reconvertido en Parador Nacional, un curioso capitel, que, posiblemente, no tenía otra intención que poner de manifiesto un tema central de la época, como era la despedida del caballero, por motivos cinegéticos o por motivos de guerra, originó que la interpretación popular viera, en esa humana circunstancia, el postrer beso que un rey asturiano le diera a su consorte antes de que un oso le diera muerte en una partida de caza.
Algunos kilómetros más allá, en esos Picos de Europa donde la soberbia de una naturaleza indómita pudiera suponerse como el último reducto de aquellos otros mundos, que, según los manifiestos surrealistas, están todavía en éste, un maestro cantero hizo, entre muchas otras fascinantes destrezas plásticas, algo muy similar. Con la diferencia de que, con el paso de los siglos, los amantes personajes representados, darían pábulo para las más fascinantes hipótesis: que si el beso ritual entre un abad y un novicio, una escena de compromiso matrimonial, que si el rey Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet…Lo que demuestra, que, al fin cabo, la ficción a veces supera a la realidad y por supuesto, que todo depende del cristal con que miremos.
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