[ENG-SPN] The Hidden Dragon in the Cup of Saint John / El dragón oculto en la copa de San Juan
Some years ago, around this time of year, I had the opportunity to wander freely through the church of one of the most important historical elements of that impressive array of cultural styles that is our heritage: the Collegiate Church of San Isidoro in León.
In its impressive High Altarpiece, a possibly Gothic piece from the 15th century, next to the silver reliquary, which, according to tradition, holds the same fragment of Saint John the Baptist's jawbone with which, as he himself confessed, Miguel de Unamuno was exorcised as a child, I once again encountered that singular heir to the Bitter Chalice of Jesus Christ: Saint John the Evangelist.
In the depiction, the Master held the cup, from which a small dragon emerged, in his left hand, while his right hand showed crossed fingers. And that gesture, that crossing of fingers to ward off poison or bad luck, reminded me of an ancient folk custom. Of course, if we don't have snakes or dragons, good old black cats will do.
Hace algunos años, más o menos por esta época estival en la que actualmente nos encontramos, tuve la oportunidad de deambular a mis anchas por la iglesia de uno de los elementos históricos más relevantes de ese impresionante conjunto de estilos culturales que es nuestra herencia patrimonial: la Colegiata de San Isidoro de León.
En su impresionante Retablo Mayor, una pieza posiblemente gótica y del siglo XV, junto al arca plateada, que, según la tradición guarda ese miso fragmento de la mandíbula de San Juan Bautista con el que, según él mismo confiesa, fue exorcizado Miguel de Unamuno cuando era niño, volvía reencontrarme con ese singular heredero del Cáliz Amargo de Jesucristo: San Juan, el Evangelista.
En la representación, el Maestro sujetaba la copa, de donde salía un pequeño dragón, en su mano izquierda, mientras la mano diestra mostraba los dedos cruzados. Y esa actitud, ese cruce de dedos para evitar el veneno o la mala suerte, me recordó una ancestral costumbre popular. Claro, que, a falta de serpientes o de dragones, buenos son los gatos negros de toda la vida.
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