Conectados a las redes sociales

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Al principio creyeron que solo se trataba de un simple sueño, pero al día siguiente cuando se contaron la experiencia que habían vivido cada uno en sus propios sueños, quedaron atónitos por la coincidencia de haber soñado lo mismo.

Cada noche, Pablo, Jesús Andrés y Miguel que apenas acababan de cumplir sus doce años de edad, se adentraban de forma misteriosa en el mundo virtual de las Redes Sociales, sin saberlo, habían descubierto un extraño portal que los sumergía en cuerpo y alma en las profundidades del universo comunicacional mientras sus cuerpos traslúcidos quedaban levitando cada uno en el remanso de sus habitaciones.

Todos los días recorrían juntos ese mágico mundo, podían entrar y salir cuantas veces lo quisieran, podían comunicarse con el resto de sus amigos sin necesidad de teclear sus teléfonos inteligentes, puesto que se encontraban dentro de las redes, ni tener que grabarse para subir un vídeo, pues lo hacían directamente con todos los que estuviesen conectados, no tenían límites ni fronteras.

Al día siguiente celebraban con entusiasmo todas sus aventuras en aquel mundo cibernético, al despertar cada uno volvía a su propio cuerpo a insertarse de nuevo en la rutina de su vida real, así lo hicieron durante mucho tiempo, sin contarle a nadie el hallazgo de su descubrimiento.

Pero un día sucedió algo inesperado, una falla en el sistema eléctrico nacional dejó al país entero incomunicado y la plataforma del ciberespacio quedó cerrada durante tres días.

Sus padres nunca sospecharon lo que sucedía con ellos ya que siempre estaban en constante comunicación a través de las Redes Sociales.

Hasta que un día el padre de Miguel fue a preguntar por su hijo que estaba desaparecido, fue entonces cuando empezaron a buscarlos por todas las calles de la ciudad, fueron al parque donde siempre frecuentaban con sus bicicletas, pasaron por el malecón a la orilla del río donde solían pescar bagres a escondidas de sus padres, revisaron minuciosamente y llegaron hasta la plaza del centro, donde platicaban con sus amigos todas las tardes, hasta que por último se les ocurrió ir a sus respectivas habitaciones, fue cuando escucharon sus incesantes voces de auxilio en los teléfonos conectados a su cargador y al entrar encontraron sin vida los cuerpos traslúcidos levitando en el vacío de la habitación solitaria.



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