El contraste entre la vida idealizada y la vida real: El camino hacia la reconciliación interior

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Hola Hivers

Aunque es fácil analizar la vida humana desde muchos ángulos diferentes, la realidad desde un sentido esencial es muy simple: Para muchos de nosotros el asunto es que la vida está marcada por una constante y perpetua búsqueda de un estado de bienestar, felicidad, perfección, y plenitud interior, que generalmente buscamos en lo externo. Por paradójico que pueda resultar, esto sucede porque desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha tenido ideales que simbolizan y encarnan la versión más deseable (desde un sentido estético, funcional y sensorial), de su propia y personal existencia, pero partiendo desde lo subjetivo y lo objetivo en diferentes medida, según la persona de la que se trate.

Los ya mencionados ideales pueden estar relacionados o vinculados con aspectos positivos como la felicidad, la salud, el éxito financiero, las relaciones personales, e incluso, la realización espiritual, entre muchos otros. Pero también puede estar asociado a factores negativos como el propio ego, la necesidad de control y el miedo.

No obstante, partiendo de la base de que debemos centrarnos en los aspectos positivos de esta necesidad de tener ideales, podríamos asentar que es normal y deseable tenerlos, pero sabiendo muy bien, sin embargo, que la realidad cotidiana (lo factual) rara vez coincide plenamente con estas expectativas idealizadas. De lo contrario, el profundo contraste profundo que se genera (el conflicto entre lo que se sueña y lo que verdaderamente se vive) puede generar infelicidad en nosotros.

El origen de la vida idealizada: La necesidad y la enajenación

La vida idealizada surge, en gran medida, de factores que bien podríamos delimitar como culturales, personales, sociales y psicológicos. Porque desde la infancia, la realidad es que los individuos somos expuestos a modelos de conducta y narrativas que nos guían, conducen u orientan hacia ciertas formas o estilos de vida (considerados óptimos), que nos "programan" hacia ellos.

Lo que nos deja entrever que tanto la educación y los medios de comunicación como las noticias, modas, y, especialmente, el arte en todas sus formas de expresión (tales como la literatura, la música, la pintura, la escultura, etc), contribuyen, y mucho, a construir o edificar imágenes de lo que una vida "exitosa", "genial" o "feliz" debe ser. Algo que, desde luego, se nota mucho cuando vemos, por ejemplo, cómo se idealiza o mentaliza actualmente a la familia, los amigos, el trabajo, la pareja, el país, la salud y la estabilidad financiera, esperando que todo sea perfecto, inmaculado, cónsono con lo se quiere y se sueña.

Pero es lógico querer lo bueno y rechazar lo malo, es humano y una tendencia innata perfectamente comprensible. Sin embargo, si bien es cierto que estas imágenes idealizadas fungen en cierto sentido como metas o guías aspiracionales que orientan las decisiones y comportamientos humanos, conviene estar atentos a ello para no disociarnos de la realidad. Teniendo eso en consideración, la idealización es, entonces, una función totalmente natural del pensamiento humano que le ayuda a dar sentido al todo: al presente, al pasado y al futuro. Esto, desde luego, es una necesidad fundamental para el ser humano, que le ayuda a dar propósito a su experiencia vital.

Es decir, la idealización es un fenómeno que proviene de la necesidad del ser humano de darle sentido y coherencia a sus esfuerzos; por cuanto es una forma de procurar crear una versión mejorada de la propia vida, lo que a su vez se configura en un mecanismo que impulsa el progreso personal y social. No obstante (como ya hice alusión anteriormente) si no se tiene cuidado, este proceso también tiene el riesgo de que puede conducir a expectativas poco o nada realistas y a una absoluta desconexión con la experiencia concreta que se experimenta. Esa forma de enajenación mental, es la que se debe procurar limitar o neutralizar a fin de evitar sus estragos.

Por lo tanto, todo lo expresado hasta esta parte nos encausa o posiciona en el hecho que cuando surge de la necesidad o como modo de impulso, el factor idealismo (en la forma de vida idealizada) es deseable, siempre y cuando se mantengan los pies en la tierra, pero cuando sale de lo real, y entra en el absurdo de la enajenación, pasa a convertirse en un problema.

La naturaleza de la vida real: Lo que nunca debemos olvidar

Algo de lo que podemos estar muy seguros (y que nunca debemos olvidar), es que la vida real, al contrario de la ideal, está minada de complejidad, cundida de incertidumbre y rodeada de contradicciones inherentes. Lo que se traduce en que puede estar compuesta por momentos de lo más diversos y antagónicos, tales como alegría y tristeza, amor y odio, éxito y fracaso, orden y desorden, aprecio y desprecio, estabilidad y desequilibrio o caos, etc.

En la realidad cotidiana, se enfrentan desafíos, imprevistos y se experimentan limitaciones personales, sociales, físicas, geográficas, culturales, etc; así como también pérdidas inevitables o insalvables. Por lo tanto, esta dimensión tangible de la existencia revela (sin lugar a dudas) que la perfección absoluta, si es que existe tal condición, es inalcanzable; y que la imperfección es una variable inseparable de la vida humana.

Como resultado de la naturaleza real que le caracteriza, la vida exige una capacidad de adaptación constante, pero también resiliencia y aceptación. Porque reconocer la realidad obliga o demanda confrontar no solo las dificultades o problemas, sino también valorar efectivamente las pequeñas satisfacciones y, sobre todo, aprendizajes que emergen de la experiencia directa. Por cuanto la realidad es plural, amplia y diversa, y el reconocimiento o identificación de esta diversidad se torna clave para desarrollar o sostener una visión más equilibrada, responsable y saludable de la propia existencia y de la de los demás.

El impacto psicológico del contraste entre lo real y lo ideal

Como es fácil intuir, por mera lógica, el contraste que hay entre la vida idealizada y la vida real tiene connotaciones significativas en la salud mental y emocional de cada persona. Para explicarlo mejor; debemos saber que cuando las expectativas idealizadas son excesivamente rígidas o elevadas, se deriva o genera frustración, insatisfacción, infelicidad y un sentimiento de fracaso constante.

Porque la persistente comparación entre lo que “debería ser” y lo que “es” conlleva a una percepción negativa del ser mismo y de su entorno, forjando y haciendo crónicos estados de ansiedad y depresión que a su vez derivan también en baja autoestima.

Pero por otro lado, este contraste también puede transformarse en un motor de crecimiento personal si se asume con verdadera entereza y madurez. Por cuanto la discrepancia que subyace entre el ideal y la realidad puede ayudar a fomentar la reflexión crítica, la capacidad de observación, la evaluación y reevaluación de objetivos y la persecución de un equilibrio más razonable, alcanzable y flexible. Viéndolo, asumiéndolo y manejándolo todo de este modo, la tensión entre ambos planos se convierte en una oportunidad de oro para desarrollar una identidad mucho más auténtica, sólida y resiliente.

La influencia de las redes sociales y la cultura contemporánea en la percepción de lo ideal y lo real

Sumergidos, como estamos, en la era digital, la brecha que existe entre la vida idealizada y la vida real se ha amplificado de forma monumental por la omnipresencia de las redes sociales, puesto que en estas plataformas, las personas tienden a exhibir versiones editadas, magnificadas y selectivas de sus vidas, resaltando logros, experiencias felices y momentos gratificantes, a la vez que ocultan dificultades, obstaculos y contrariedades. Esta representación sesgada refuerza y mantiene ideales con frecuencia inalcanzables y fomenta presiones sociales para alinearse con ellas, emulándolas.

Es entonces que el hedonista fenómeno de la "vida perfecta" en redes sociales intensifica sobremanera el sentimiento de insuficiencia y la exagerada tendencia a la comparación social (a medirse en función del supuesto éxito de otros), problemando aún más la aceptación de la realidad tal cual es, tal cual existe.

Las comparaciones personales en este terreno, además de odiosas, tienden a ser sobredimensionadas y/o subdimensionadas, lo que obviamente degenera en discordancia entre la apreciación de la vida propia y la ajena. En respuesta a esto, expertos en salud mental sugieren procurar y mantener el uso consciente, analítico y crítico de dichas herramientas, para facilitar conexiones más genuinas y obtener así un mayor bienestar emocional a nivel personal.

La reconcialiación o paridad entre ideal y realidad

Tan curioso como puede parecer, lo ideal y lo real, son elementos complementarios, que podrían verse como los dos extremos de una balanza. Si te inclinas demasiado por uno de los lados, entonces el desequilibrio genera caos en la vida personal, por lo que lo lógico es siempre buscar el justo punto medio.

Vale aclarar que aceptar el contraste entre la vida idealizada y la vida real es fundamental. Porque quienes se inclinan solo por lo que le parece mostrar la realidad, pueden carecer de imaginación, aspiraciones y motivación personal (lo que lleva a la mediocridad), pero quienes se orientan solo por lo que su ideal les dicta, pueden caer en la parálisis, la auto-exigencia excesiva y la depresión, y de nuevo, ello puede conducir a la mediocridad, junto a un estado de infelicidad total.

Aceptar el contraste entre ideal y realidad más bien atañe a algo más; implica saber de antemano que la perfección en sí misma no es un punto fijo e inmutable sino un horizonte o guía hacia el cual se encaminan todos los esfuerzos, aunque con pasos imperfectos. La reconciliación entre ideal y real se logra, entonces, por medio de la integración de la capacidad de soñar con la disposición real de aceptar las imperfecciones y limitaciones propias y del entorno.

Es obvio y fundamental además, para que este enfoque sea efectivo y sincero, cultivar la capacidad de resiliencia y autocompasión (en el buen sentido) para hacer frente a las dificultades sin caer en el pesimismo y la desesperanza total. Y por supuesto, requiere además, de revisar, controlar y ajustar periódicamente los ideales personales para mantenerlos realistas, coherentes y motivadores en relación con los esfuerzos que se realizan para conseguirlos, buscando siempre que no se conviertan en fuentes de estrés desmedido.

En mi opinión, finalmente, es esencial valorar (en su justa dimensión), la riqueza de la experiencia humana en toda su diversidad. Porque no solo los grandes éxitos son remarcables y relevantes, sino que también lo son las pequeñas victorias diarias, aunado a los momentos de aprendizaje. Esto es vital recordarlo siempre.

En fin, ¿qué opinan ustedes sobre el tema tratado hoy? No olviden comentar...

Hasta la próxima.

Artículo escrito por José Quintana.



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2 comments
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muy buena reflexión


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