La mentira como artimaña (ejercicio libre)

Una vez se instaló la mentira, queriendo ser arte, pero solo llegó al frío carácter de la maniobra. Años –décadas– de oratoria inflada, discursos floreados de engaños patrios y humanistas. Al primer rey se le cayeron las vestiduras y quedó al desnudo; hoy vive en el más allá. Al segundo rey impuesto por la trampa, un pueblo cansado le arrebató sus falsarios atavíos, y hoy comparte las frías celdas de otro país.
Pero, como si el destino nos jugara una mala pasada, se invistió a una reina sustituta, coronada por el poder imperial. Parece que ambos comparten un engaño mutuo. El que sí no está dispuesto a soportar un nuevo espectáculo de la treta es ese pueblo que tanto ha tenido que llevar la carga en sus espaldas, y ahora más pesada, con escombros y polvo y tristeza.
Aún se sigue queriendo engañar. Ojalá se cumpla esta vez, la conseja popular: “La mentira tiene patas cortas”, y los que tienen ojos para ver, vean.






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Vestida de seda, la impía no engaña. Burla, burlando al nuevo amo adulando. Como los anteriores, sirve a los intereses creados en otras tierras y lenguas.
Así es. Agradezco su visita y su atinado comentario. Saludos, @felixmarranz.
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