John Keats, o la soledad
Uno de los más relevantes autores del romanticismo inglés –para algunos, el más importante– es el poeta John Keats. Al entrar en su biografía, podemos identificar esos rasgos que caracterizarán a los llamados “poetas románticos” europeos (Wordsworth, Novalis, Hugo, por citar solamente a tres grandes): la pasión vital, el amor inconcluso, la identificación con la naturaleza, la melancolía, entre otros aspectos.

Hace unos años le dediqué un fragmento de un post por aquí; pueden verlo en este enlace.
Keats nos recuerda que la poesía es, ante todo, una emoción, aunque no fácil y directamente expresada. Debe ser procesada en el interior, cincelada, como una piedra en la que, para llegar a ser escultura, debe ser despojada de lo innecesario. Y eso es lo que nos enseñó el autor de “Oda al ruiseñor”.
Veamos este poema suyo, en la versión que nos ofrece la traducción de Arturo Sánchez:
¡Oh soledad! Si yo tengo que morar contigo,
que no sea entre la embrollada muchedumbre
de sombríos edificios, sube conmigo por la ladera,
–el observatorio de la naturaleza–, donde la cañada,
sus laderas floridas, su ondulado río de cristal,
puede parecer un paraíso; déjame vigilar por ti
entre las ramas de los pabellones donde salta veloz el ciervo
y espanta a la avispa de la campanilla de una dedalera.
Pero aunque alegremente seguiré estas escenas contigo,
todavía la dulce conversación de una mente inocente,
cuyas palabras son imágenes de refinados pensamientos,
es el placer de mi alma; y seguro que será
casi la más alta bendición de la humanidad,
cuando a tu escondrijo dos espíritus gemelos huyen.
Este es uno de los primeros poemas escritos por Keats, según se sabe. Ya desde su núcleo temático: la soledad, advertimos una característica propia de la subjetividad romántica. Y en su contenido una visión acorde con esta.
La soledad se percibe como un estado asimilado a la naturaleza pura; esta es un motivo propio de la poesía occidental desde sus orígenes (recuérdense las Églogas de Virgilio). Keats vuelve a esa sensibilidad con imágenes que realzan la significación, pero esta vez en contraste con el ruido alienante de la urbe, ya iniciado en aquellos tiempos (piénsese en el Londres de Dickens, en el siglo XIX). La contemplación de la maravilla de la naturaleza será uno de los gozos de esa condición existencial.
Pero esa soledad no será la negación del sentimiento de la necesidad del otro, la amada, que permanecerá como idealización en la mente del poeta, que se refugia en la soledad.
Referencias:
Keats, John (1978). Poesía completa (tomo I). España: Libros Río Nuevo.
http://amediavoz.com/keats.htm
https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-john-keats/
https://allpoetry.com/Sonnet-VII.-To-Solitude











Esta publicación ha recibido el voto de Literatos, la comunidad de literatura en español en Hive y ha sido compartido en el blog de nuestra cuenta.
¿Quieres contribuir a engrandecer este proyecto? ¡Haz clic aquí y entérate cómo!