Esa presencia ausente (a la memoria de la poeta Martha Kornblith)

Hace hoy 25 años, el 29 de mayo de 1997, sucedió un lamentable hecho, el suicidio de la poeta Martha Kornblith, a sus 38 años. Nacida en Perú, se residenció en Caracas a sus once años, cuando la familia -de origen judío- se trasladó a la capital venezolana. Fue comunicadora social, egresada de la Universidad Central de Venezuela, con estudios de Letras en la misma institución universitaria. Participó en el grupo literario “Eclepsidra”, que fundaría la editorial independiente que meritoriamente sigue en sus labores, conducida por la poeta Carmen Verde Arocha. En 1982 le fue diagnosticada la esquizofrenia, y tuvo varias crisis, acentuadas por las muertes por cáncer de sus padres y una hermana. En 1995 fue publicado por Monte Ávila Editores su primer libro de poemas: Oraciones para un dios ausente. En 1997, se editaron póstumamente otros dos libros suyos: El perdedor se lo lleva todo y Sesión de endodoncia. En 2017 la editorial Eclepsidra publicó su obra completa (ver aquí).

Creo que con su muerte la poesía venezolana, en particular la escrita por mujeres, sufrió una sensible pérdida. Yo tuve la oportunidad de conocerla personalmente, aunque de modo muy pasajero, en un festival de poesía en Caracas. Y confieso que quedé tocado por su grave y silenciosa presencia. Su suicidio me afectó emocionalmente, y en ese tiempo escribí un artículo de prensa, que ahora doy a conocer por este medio.


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La poeta Martha Kornblith - Fuente


Esa presencia ausente


...y me hundiré en mi muerte simbólica
Martha Kornblith


Estaba ahí. Con su mirada de excluida, con su marca de “expulsada del Edén del mundo”. Estaba ahí, tímida y firme con su lenta soledad (“...pasa lento el tiempo de la soledad”, dice en uno de sus poemas). Pude advertirla entre el bullicio de los visitantes y el silencio que ella abrigaba, como su suéter blanco y sus manos finas. El amigo de siempre, Carlos Brito, nos presentó: su sonrisa de bienvenida era ya una despedida.

La fuerza desgarradora de la palabra de Martha nos había tocado (hablo también en tu nombre, Carlos). Poemas como “En julio” (“Yo, que hoy he fallecido algo/ y sólo observo, quizás como Van Gogh/ me suicidaría para no tener que morir”), “Clínica Monserrat” (“no se hacía la luz,/ atrás nos habían dejado/ los paraísos”) o “Dime Jessy Jones” (“Tú eres la palabra:/ mientras más me rechaza más la busco,/ cuando la encuentro, puede que me acaricie o me maltrate,/ se queda por tan sólo un instante, y luego se va con otra”), reunían la conmoción de la vida en ascuas, el desastre presentido de un alma en el filo de la navaja, en el límite de una vida que es lesión. Como esa paloma herida en la playa interminable de su poema.

Cuando leí por primera vez Oraciones para un dios ausente (hoy vuelvo a su desesperada y cruenta palabra), sentí la carne desollada de la poesía, la palabra desheredada y en busca de su sentido en un mundo del encierro aceptado, que sólo ella, con su voz de mujer y de riesgo, había sabido decir(nos). Era Nietzsche, Artaud, Plath, Pizarnik ...; era el miedo a la verdad de la vida y la palabra, y el miedo a mí mismo que la poesía me enrostraba contra mi falsa seguridad y mi cordura de pasillo.

Aunque supe de su muerte tardíamente (un periódico preterido lo comunicaba), la sabía tan cerca. Su muerte autoinfligida, ¿nos salva o nos condena? No sé. Por ahora, me quedo mirando su palabra melancólica.


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Les copio a continuación uno de los poemas preferidos de Oraciones para un dios ausentes:

La casa está quieta.
Las cosas temen a sus habitaciones.
Un cuadro pernocta sobre otro cuadro.
Una foto se lanza al precipicio.
La noche es breve.
Los visitantes son breves.
Los peces navegan indiferentes.
Soy el único que vive.
La ensoñación se roba la idea.
Queda la costumbre de la angustia.
Buscar otro sueño.
Otro destino.
La casa está quieta.
Ya no danza con sus invitados.
La casa se resiste a sus habitantes.


Nota: Existe un excelente trabajo de investigación escrito por el poeta, ensayista y crítico venezolano Miguel Marcotrigiano que recomiendo a los interesados en el tema: Poesía y suicidio en Venezuela. El caso de Martha Kornblith.

Referencias:

Kornblith, Martha (1995). Oraciones para un dios ausente. Caracas: Monte Ávila Editores.
Marcotrigiano, Miguel (2012). Poesía y suicidio en Venezuela. El caso de Martha Kornblith. Carcas: Fundación CELARG.


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Gracias por su lectura.


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