La Tierra, nuestra pequeña nave espacial.


Imagen de cocoparisienne en Pixabay

El mundo es más pequeño de lo que uno cree. Y me refiero a nuestro planeta Tierra. Es infinitesimalmente pequeño ante el universo que lo rodea. Hace unos años atrás me enteré que la nave donde residimos solo mide 40 mil kilómetros a la redonda aproximadamente. Cuando digo ‘nave’, me refiero a la esfera verdi azul donde vivimos, una balsa que viaja por el espacio a 107 mil kilómetros por hora.

Sorprendente la velocidad ¿no es así? Y aun así no sentimos ni la brisa…

Volviendo a lo que mencionaba, me sorprendió que mi automóvil, en el poco tiempo que lo había usado (quizás menos de 3 años) ya había dado 4 vueltas a la tierra.

Siempre pensé que nuestro planeta era gigantesco, pero si existiera una carretera que circulara por todo el borde del mundo, sería muy fácil recorrerlo en poco tiempo.

Sin embargo, más pequeño es el mundo donde habitamos, donde pasamos toda nuestra vida; confinados entre 4 paredes llenos de rejas, abrumados por los problemas que nos rodean, el desempleo, la falta de dinero, las enfermedades, la inseguridad, las guerras, el hambre, las relaciones interpersonales, etc.

Lo más sorprendente es que aun sin esa carretera imaginaria, no le costó nada al covid llegar a todas las partes del mundo en muy poco tiempo.

El planeta nos ha quedado pequeño, quizás es por eso la necesidad de visitar otros mundos. Pero la mayoría de las personas (especialmente las religiosas) no creen que haya vida en ningún otro lugar del universo.

Es lógico crear la premisa de creer que si no hay más que una panadería en el barrio donde vives, es 100 por ciento seguro que no exista ninguna otra en todo el mundo.

Es la percepción global que tenemos del universo donde vivimos. Posiblemente no sea relevante el hecho de que giramos a una velocidad de 1600 kilómetros por hora y sorprendentemente no nos mareamos. Quizás esto nos dé un indicio de porque es tan difícil entrar y salir de nuestro planeta.

El universo es tan basto que me hace pensar que es extraño que no haya ningún tipo de contacto extraterrestre. Es lógico pensar que para el mismísimo universo, 100 años o lo que una vida humana podría llegar a durar no es más que un pestañar y que para poder llegar a ver otro ser viviente en el universo sea necesario un par de millardo de años humanos.

Pensaba también que nuestra especie humana había estado desde el comienzo de los tiempos, pero me equivocaba, el ser humano tiene menos de 500 mil años viviendo en este planeta a diferencia del cocodrilo que tiene alrededor de 55 millones de años en la Tierra. Y en comparación con esta última, no somos ni un suspiro para los 4500 billones de años del planeta. Sin embargo, en el poco tiempo que hemos vivido, en consideración a los otros seres que comparten el mundo con nosotros, hemos acabado con gran parte del planeta. ¿Somos la única especie que destruye su propio hábitat?

Y aun así nos consideramos el centro del universo. Realmente somos una especie muy peculiar, creyéndonos caimanes en nuestro propio charco. Sin saber que en cualquier momento podemos extinguirnos como cualquiera de las miles de millones de estrellas que se extinguen a diario en el universo y ¡Puf! No quedará rastro de nosotros, de nuestras preocupaciones, de nuestros ideales, de nuestras guerras, de nuestros conflictos, de nuestros temores…

Hasta la próxima.



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3 comments
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Excelente post reflexivo, de verdad me encantó.

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