There was a time... – Chapter II [ESP – ENG]

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Español

Puede contener temas y escenas sensibles.

Esta es la continuación de What goes around comes around – Chapter I y por ello, recomiendo que vayan a revisar el inicio de esta historia si les interesa llevar un orden sobre lo que está pasando.

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— ¡Eres un maldito idiota!

Los gritos se escuchaban a lo lejos, pero Verónica no sabía si era porque todavía estaban en su cuerpo los efectos de la droga que habían usado para hacerla perder la conciencia, sus extremidades sintiéndose pesadas mientras que sus sentidos regresaban poco a poco, intentando sacudirse esa sensación de encontrarse flotando en una nube. Podía sentir la venda sobre sus ojos que le impedía ver pero le permitía detectar cierta claridad dentro de la habitación donde se encontraba, sus manos y piernas atadas a lo que suponía era una silla. Lo único que podía oler era suciedad, cerveza y humo de cigarro, una combinación que le hacía desear que no tener olfato por mucho tiempo, pero le servía al menos para intentar ubicarse, porque probablemente se encontraba todavía en el mismo lugar.

El rechinido de unas escaleras junto con pasos acercándose le hizo saber que alguien iba a llegar pronto a la habitación, apretando los reposabrazos de la silla para mantenerse en calma. Escuchó que la puerta se abría con fuerza, cerrándose de un portazo mientras que su acompañante se movía de un lado para otro revolviendo cosas mascullando insultos sin sentido, su voz indicándole que se trataba de Tomás. Pensar en que aquella persona con la que había convivido durante tanto tiempo en sus años de juventud quería hacerle daño hacía que le erizara la piel, la persona que recordaba era alguien amigable, de esos que siempre tenían una sonrisa para ayudar a los demás, no entendía en qué momento se había transformado en alguien capaz de drogarla y mantenerla amarrada en contra de su voluntad.

— Tomás, sé que estás allí. —Murmuró asustada.

— Cállate, no quiero escuchar ni una palabra porque soy capaz de acabar con todo esto de una vez, ¿entiendes? —Su voz sonó dura y apresurada, escuchándose de fondo más cosas siendo tiradas por todos lados— Dónde dejó las llaves ese imbécil. —Masculló Tomás molesto— Este problema lo buscaste tú sola, tú y esa perra, ya quiero que todo esto acabe.

— No sé de qué me estás hablando, Tomás, de verdad.

En ese momento, la puerta se abrió de nuevo.

— Oh, lo vas a saber pronto, cuando Tomás se vaya.

— Moisés, no encuentro las malditas llaves, ¿dónde demonios las dejaste? ¡Se me va a hacer tarde para ir a buscar el carro!

— Se me va a hacer tarde para ir a buscar el carro. —Le remedó con burla, riéndose— No te desesperes, todo estará bien, sólo haz lo que te digo. Están en ese cajón, tómalas y lárgate de aquí antes de que me pongas de mal humor de nuevo.

— Sí, seguro, siempre lo que tú digas.

— No puedes decir que te he fallado, ¿verdad?

— No me lo recuerdes. —Rezongó, saliendo de la habitación.

La respiración de Verónica se aceleró ante la idea de quedarse sola con Moisés, quien se había acercado a ella juzgando por el sonido de los pasos y aquel olor a humo de cigarro que la había inundado. Tuvo confirmación cuando sintió una respiración sobre su cuello junto con una mano rústica acariciándole la mejilla, acto ante el cual intentó alejarse sin mucho éxito, emitiendo un chillido que desató una ola de carcajadas en el hombre, pero al menos sirvió para que dejara de tocarla.

— ¿Qué? ¿Me tienes miedo? —Le preguntó, burlón.

— No sé qué quieres de mí, nunca te he hecho nada, casi ni te conozco.

— Ese es uno de los problemas, Verónica, crees que no me conoces, pero no es así.

— ¿De qué hablas?

Repentinamente la venda sobre sus ojos fue retirada con brusquedad.

— Mírame. —Ordenó Moisés.

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Ella obedeció sin oponerse, detallándolo por primera vez desde que lo había visto. Tenía la tez clara, cabello rubio corto y ojos azules, su mirada transmitiéndola la sensación de encontrarse vacía. Moisés le mostró una ligera sonrisa mientras abría los brazos, girando sobre su propio eje con su cigarrillo en mano todavía encendido, pero cuando volvió a su posición inicial, ya no había sonrisa, señalándola una y otra vez.

— Eres una egocéntrica de mierda, ¿lo sabías? —Negó con la cabeza— Nunca pudiste mirar más allá de tus narices.

— Lo siento, no te reconozco.

— ¡Mírame de nuevo! —Gritó, tirándole el cigarrillo encima.

A pesar de haber apartado su rostro, sintió de igual manera el ardor de la quemada, pero se mordió la lengua para evitar emitir alguna queja.

— Eso, ¡eso es! ¿No decías que eras una mujer fuerte?

— Lo que sea que te hice, yo… —Antes de poder terminar lo que quiso decir, Moisés se abalanzó sobre ella, tomándola por el cuello con una mano mientras apretaba con tanta fuerza que Verónica sentía que no podía respirar— lo siento, de verdad, lo siento, déjame respirar, por favor. —Dijo con dificultad.

Dejándola en libertad, Moisés se aproximó a una pequeña nevera para sacar una lata de cerveza sin importarle que Verónica estuviese sufriendo un ataque de tos, tomando aire con desesperación.

— Te voy a contar una pequeña historia. —Comentó, tomando una silla y arrastrándola hasta colocarla frente a ella— Esta es la historia de un niño que estaba en una tienda con su papá comprando algunos víveres para cenar en su pequeña casa que se encontraba en las afueras de un pueblo en donde todos se conocían. —Llevándose la lata de cerveza a los labios, le dio un gran sorbo— Había sufrido mucho durante esos meses porque una mañana su madre se marchó sin dejar rastro, ¿a quién le se ocurre dejar a un niño con un alcohólico maltratador? Sólo una persona sin corazón dejaría a un ser indefenso con ese hombre sabiendo que cuando tomaba demás buscada siempre un saco de boxeo, se creía Rocky Balboa. —Riéndose de su propio chiste, hizo un par de movimientos de boxeo— El constante abuso al que lo sometía su padre lo había convertido en un niño temeroso y retraído que casi nunca hablaba, por lo que ese día luego de escuchar el un fuerte ruido, se asustó tanto que tumbó accidentalmente dos frascos de pepinillos… una tragedia que sabía le iba a ocasionar muchas consecuencias.

Colocando la lata de cerveza en el suelo, Moisés se levantó un poco de su asiento para sacar de uno de sus bolsillos traseros un paquete nuevo de cigarrillos y un encendedor, mismo que usó para prenderse uno de los cigarrillos.

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— Por un segundo ese niño podría jurar que vio su vida pasar frente a sus ojos, como si le hubiesen puesto una película, pero de repente llegó un ángel, una mujer tan hermosa y amable que se preocupó lo suficiente por él como para preguntarle si estaba bien. Para cuando su papá llegó al pasillo donde se encontraba, ella estaba abrazando al niño y por obvias razones no iba a causar una escena, pero algo dentro de su ser cambió, fue como ver a un hombre completamente diferente al que sí le importaba el bienestar de su hijo, incluso lo abrazó ¿puedes creer eso? —Preguntó con sorpresa fingida— ¡Lo abrazó con ambos brazos a pesar de que horas atrás lo había golpeado como un animal enrabiado! Eso sí que fue un milagro. Por si fuese poco, la mujer se echó la culpa del accidente, le dijo que había sido su culpa y que ella pagaría por los daños, pero como el hombre era todo un caballero, insistió en pagar él, usando esa estúpida frase de ‘Si quieres pagarme puedes dejar que te invite a cenar’ que me parece una cursilería barata.

De un momento a otro, este se levantó de la silla, pateándola una y otra vez hasta que se rompió en diversos pedazos, una acción que dejó a Verónica temblando de miedo en su sitio, sobre todo porque Moisés siguió fumándose su cigarrillo como si no pasaba nada, sus manos moviéndose cual si estuviese hablando con alguien pero nada salí de su boca, hasta que finalmente le habló.

— Ese fue el inicio de una época feliz para aquel niño, pero no todo lo que brilla es oro, una persona no cambia de la noche a la mañana porque dice haber conocido al amor de su vida, eso solamente pasa en las películas de mierda. —Negó con la cabeza— El ciclo se volvía a repetir, su padre volvía todos los días borracho en medio de la madrugada, la mujer se molestaba porque se estaba comportando como un imbécil y la golpeaba como si se tratara de una muñeca de trapo. Ella soportó hasta que un día simplemente pidió el divorcio, eso pareció hacer que el hombre tomara un poco de consciencia, le rogó que le diera una segunda oportunidad y se internó en una clínica de desintoxicación, parecía ir en serio esta vez con el cambio, pasó dos meses internado allí mientras que la mujer era quien se encargaba del niño, quien poco a poco iba mejorando, hasta había hecho unos amigos en su escuela. —Dijo orgulloso— Fueron los dos meses más felices que tuvo en su vida, pero cuando su padre regresó, todo se rompió en mil pedazos.

En ese momento, Moisés comenzó a acercarse a ella mientras la miraba con un odio del que nunca había sido testigo.

— Tú, tú me robaste todo. —Escupió cada palabra en su rostro.

— Moisés, si tú eres ese niño, lamento que hayas pasado por algo así, de verdad.

— ¿Quieres saber el nombre de esa mujer? ¿Hm? —Le preguntó, tomándola con una mano por la mandíbula— ¿Quieres saber el nombre de la perra que volvió a convertir mi vida en un infierno?

— Moisés…

Acercándose a su oído con respiración errática, Moisés emitió un susurro.

— Elizabeth Kozlov, tu mamá.

Continuará…


English

May contain sensitive topics and scenes.

This is the continuation of What goes around comes around - Chapter I, so I recommend that you go check out the beginning of this story if you are interested in keeping track of what is going around.

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"You're a fucking idiot!"

The screams could be heard in the distance, but Veronica didn't know if it was because they were still in her body the effects of the drug they had used to make her lose consciousness, her limbs feeling heavy while her senses returned little by little, trying to shake off that feeling of finding herself floating on a cloud. She could feel the blindfold over her eyes that prevented her from seeing but allowed her to detect some clarity inside the room where she was, her hands and legs tied to what she assumed was a chair. The only thing she could smell was dirt, beer and cigarette smoke, a combination that made her wish she didn't have a sense of smell for a long time, but it served her at least to try to locate herself, because she was probably still in the same place.

The creaking of stairs along with footsteps approaching let her know that someone would be arriving in the room soon, she squeezed the armrests of the chair to keep herself calm. She heard the door slam open and slam shut as her companion moved around shuffling things around, mumbling meaningless insults, his voice telling her it was Tomas. Thinking that the person she had lived with for so long in her youth wanted to hurt her made her skin crawl, the person she remembered was someone friendly, one of those who always had a smile to help others, she did not understand at what point he had transformed into someone capable of drugging her and keeping her tied up against her will.

"Tomas, I know you're there." She murmured in fright.

"Shut up, I don't want to hear a word because I'm capable of ending all of this at once, you understand?" His voice sounded harsh and hurried, hearing in the background more things being thrown all over the place. "Where did that asshole leave the keys." Tomas mumbled in annoyance. "You brought this trouble on yourself, you and that bitch, I just want this all over already."

"I don't know what you're talking about, Tomas, really.”

At that moment, the door opened again.

“Oh, you'll find out soon enough, when Tomas leaves.”

“Moses, I can't find the damn keys, where the hell did you leave them? I'm going to be late to get the car!”

“I'm going to be late to get the car.” He mocked him, laughing. “Don't despair, everything will be fine, just do as I tell you. They're in that drawer, take them and get out of here before you put me in a bad mood again.”

“ Yeah, sure, always whatever you say.”

“You can't say I've failed you, can you?”

“Don't remind me.” He grumbled, leaving the room.

Veronica's breath quickened at the thought of being alone with Moses, who had approached her judging by the sound of footsteps and the smell of cigarette smoke that had flooded her. She had confirmation when she felt a breath on her neck along with a rough hand caressing her cheek, an act at which she tried to move away without much success, emitting a shriek that unleashed a wave of laughter in the man, but at least it served to stop him from touching her.

“What? Are you afraid of me?” He asked, mockingly.

“I don't know what you want from me, I've never done anything to you, I hardly know you.”
“That's one of the problems, Veronica, you think you don't know me, but you don't. What are you talking about?”

“What are you talking about?”

Suddenly the blindfold over her eyes was abruptly removed.

“Look at me.” Moses ordered.

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She obeyed without opposition, detailing him for the first time since she had seen him. He had a fair complexion, short blond hair and blue eyes, his gaze conveying the sensation of being empty. Moses flashed her a slight smile as he spread his arms wide, spinning on his own axis with his cigarette in hand still lit, but when he returned to his original position, there was no more smile, pointing at her again and again.

“You're a self-centered piece of shit, you know that?” He shook his head. “You never could look beyond your nose.”

“I'm sorry, I don't recognize you.”

“Look at me again!” He shouted, throwing the cigarette at her.

Despite having turned her face away, she still felt the sting of the burn, but she bit her tongue to keep from complaining.

“That's it, that's it! Didn't you say you were a strong woman?”

“Whatever I did to you, I...” Before she could finish what she wanted to say, Moses pounced on her, grabbing her by the neck with one hand while squeezing so hard that Veronica felt she couldn't breathe. “I'm sorry, really, I'm sorry, let me breathe, please.” She said with difficulty.

Leaving her free, Moses approached a small refrigerator to take out a can of beer without caring that Veronica was suffering a coughing fit, taking a desperate breath.

“I'm going to tell you a little story.” He commented, taking a chair and dragging it in front of her. “This is the story of a little boy who was in a store with his father buying some groceries for dinner in their little house on the outskirts of a town where everyone knew each other. He had suffered a lot during those months because one morning his mother left without a trace, who would leave a child with an abusive alcoholic? Only a heartless person would leave a helpless being with that man knowing that when he drank others always looked for a punching bag, he thought he was Rocky Balboa.” Laughing at his own joke, he made a couple of boxing moves. “The constant abuse his father subjected him to had turned him into a fearful and withdrawn child who almost never spoke, so that day after hearing a loud noise, he was so frightened that he accidentally knocked over two jars of pickles... a tragedy that he knew would have many consequences.”

Placing the beer can on the floor, Moses rose slightly from his seat to pull from one of his back pockets a fresh pack of cigarettes and a lighter, the same one he used to light one of the cigarettes.

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“For a second that boy could have sworn he saw his life flash before his eyes, as if a movie had been played for him, but suddenly an angel arrived, a woman so beautiful and kind that she cared enough about him to ask him if he was all right. By the time his dad arrived in the aisle where he was, she was hugging the boy and for obvious reasons he wasn't going to cause a scene, but something inside him changed, it was like seeing a completely different man who did care about his son's wellbeing, he even hugged him, can you believe that?” He asked with mock surprise. “He hugged him with both arms even though hours ago he had beaten him like an enraged animal! Now that was a miracle. As if that wasn't enough, the woman blamed herself for the accident, told him it was her fault and that she would pay for the damages, but since the man was such a gentleman, he insisted on paying for it himself, using that stupid phrase 'If you want to pay me you can let me buy you dinner' which I think is cheap cheesiness.

From one moment to the next, he got up from the chair, kicking it again and again until it broke into several pieces, an action that left Veronica trembling with fear in her seat, especially because Moises continued smoking his cigarette as if nothing was happening, his hands moving as if he was talking to someone but nothing came out of his mouth, until he finally spoke to her.

“That was the beginning of a happy time for that boy, but not all that glitters is gold, a person doesn't change overnight because he claims to have met the love of his life, that only happens in shitty movies.” He shook his head. “The cycle repeated itself, his father came back every day drunk in the middle of the night, the woman got upset because he was behaving like a jerk and he beat her as if she were a rag doll. She put up with it until one day she simply asked for a divorce, that seemed to make the man take a little conscience, he begged her to give him a second chance and went to a detoxification clinic, he seemed to be serious this time with the change, he spent two months there while the woman was in charge of the boy, who little by little was improving, he had even made some friends at his school.” He said proudly. “They were the two happiest months he had in his life, but when his father returned, everything broke into a thousand pieces.”

At that moment, Moses began to approach her as he looked at her with a hatred he had never witnessed before.

“You, you stole everything from me.” He spat every word on her face.

“Moses, if you are that boy, I'm sorry you went through something like that, I really am.”

“Do you want to know the name of that woman? Hm?” He asked, grabbing her jaw with one hand. “Do you want to know the name of the bitch who made my life hell again?”

“Moses...”

Moving closer to her ear with erratic breathing, Moses whispered.

“Elizabeth Kozlov, your mother.”

To be continued...



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