A bird out of the cage – Chapter IV [ESP – ENG]

Español

Puede contener temas y escenas sensibles.

Esta es la continuación de A wound that still bleeds – Chapter III y por ello, recomiendo que vayan a revisar el inicio de esta historia si les interesa llevar un orden sobre lo que está pasando.

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El dolor punzante en la cabeza le dio la bienvenida cuando despertó entre esa oscuridad que parecía tragársela hasta convertirla en aquel cuerpo inerte y entumecido que luchaba por recobrar su fuerza a medida de que pasaban los minutos. Cuando finalmente su vista se acostumbró al ambiente, miró a sus alrededores, notando que se encontraba dentro de una casa rodante en estado deplorable. Con sus manos atadas detrás de su espalda podía sentir la superficie en la cual se encontraba recostada, un colchón con resortes por fuera que desprendía un hedor a animal muerto tan fuerte que le provocó arcadas. Escuchaba en su mente esa voz que le pedía a gritos escapar de allí, pero percibía ese inconfundible olor perteneciente al humo de cigarrillo, por lo que guardó silencio, esperando mientras intentaba no llorar.

Entre rechinidos la puerta de la casa rodante se abrió, entrando Tomás con un cigarrillo entre sus labios todavía encendido y una lata de cerveza en su mano. No se molestó en mirarla, dando un par de pasos hasta una bolsa negra de basura que se encontraba tirada en el suelo para comenzar a rebuscar dentro de ella, sacando parte de su contenido, que si no estaba equivocada se trataba de ropa. Los siguientes minutos los pasó observando al joven tirando diferentes prendas de ropa por todo el lugar entre murmullos de los que no entendía nada, le sorprendía la capacidad que tenía para hacerlo mientras sostenía el cigarrillo en su boca sin que le molestara el humo, aunque la lata de cerveza sí necesitó abandonarla a su lado porque le estaba restando rapidez y a juzgar por sus gruñidos, no disponía de mucha paciencia.

— Este es un trabajo que debería estar haciendo Moisés, ¿qué me importa a mí si estás llena de mierda? Te vamos a matar de todos modos y créeme que no te enterraremos en ningún ataúd con una lápida que diga cosas bonitas sobre ti, pero por alguna razón debo vestirte decente como si fueses una puta muñeca.

Tirando el cigarrillo al suelo, tomó la lata de cerveza y bebió un poco, colocando con su mano libre la ropa que había elegido por encima de la mujer, quien no se atrevió a hacer ningún movimiento mientras este fingía pensar. El joven sacó su celular con una sonrisa dispuesto a tomarle una foto.

— Sonríe, Elizabeth, las mujeres bonitas como tú tienen que sonreír.

Ella no le prestó atención, manteniéndose firme.

— Lo que sea, no podemos seguir perdiendo el tiempo.

Tomándola por ambos brazos, Tomás la sentó en la cama, mirando las ataduras y luego la ropa con evidente frustración porque le costaría mayor trabajo. Colocó nuevamente la lata de cerveza en el suelo, sacando de su bolsillo esta vez un cuchillo.

— Te voy a desatar. —La señaló con el cuchillo, amenazante— No te puedo cambiar si estás atada, pero no creas que ese significa que tienes una oportunidad de escapar, voy a abrirte la garganta si intentar huir, te lo juro, no me importa lo que diga mi hermano, no está aquí, yo soy el que está aquí y tomo las decisiones.

— No voy a escapar.

Tomás se acercó con el cuchillo en mano, en su mirada podía advertirse cierto recelo de liberarla pero no tenía mayores opciones a menos que la idea de cambiarla de ropa fuese descartada. Cuando Elizabeth sintió que sus manos no estaban atadas, la inundó un gran alivio, la presión en sus muñecas desapareciendo, seguida de la de sus tobillos. Los dos, desconfiando el uno del otro, se miraron a los ojos por unos segundos preparándose para cualquier movimiento extraño pero nada sucedió. Tirándole la camisa que debía ponerse directo a la cara, Tomás le hizo una seña a la mujer para que comenzara a desvestirse en frente suyo, pues no estaba dispuesto a despegar su mirada de ella al nada asegurar que no le sacaría ventaja a la libertad de sus extremidades para atacarlo. Una sonrisa burlona se asomó en sus labios al notar lo avergonzada que esta se encontraba.

Respirando profundo, Elizabeth se quitó la blusa que traía puesta intentando olvidar que había alguien acompañándola en la habitación, colocándose lo más rápido que pudo esa camisa que Tomás le había tirado con anterioridad. Mirando por un segundo al joven, se dio cuenta de que estaba jugando con su cuchillo haciéndolo girar en su mano, razón por la cual aprovechó la oportunidad para patearlo justo en sus genitales. Emitiendo un grito de dolor, Tomás se encorvó y soltó el cuchillo sin pensarlo, una situación ideal para que la mujer volviera a darle una patada pero esta vez en el rostro, provocando que cayera de espaldas contra una de las paredes de la casa rodante y se golpeara la parte trasera de la cabeza accidentalmente. Por mucho que intentara levantarse del suelo, Tomás estaba demasiado aturdido, por lo que Elizabeth se levantó de la cama y salió corriendo.

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Sin mirar atrás, corrió en la primera dirección que pudo, adentrándose en un bosque que nunca había visto en todos sus años viviendo en aquella zona, su prioridad era colocar la mayor distancia entre ella y Tomás, por lo que se concentró en seguir hasta que sus pies le hicieron saber que se habían lastimado durante el trayecto. Recostándose de un árbol con la respiración entrecortada, miró a su alrededor. No tenía idea de dónde estaba, nada le parecía familiar, no sabía hacia dónde dirigirse para regresar al pueblo… pero aun así se sintió tan alegre que comenzó a llorar, pues a pesar de estar perdida había escapado y era libre, ya no estaba a la merced de personas que abiertamente querían acabar con su vida, había conseguido librarse de Tomás. Debía ser fuerte, por su hija, porque Verónica se encontraba todavía con Moisés.

Recobrando el conocimiento tras el golpe, Tomás no se molestó siquiera en levantarse del suelo porque sabía que ya no tenía oportunidad de alcanzar a una Elizabeth que tenía minutos de ventaja. Por un segundo pensó en no decirle nada a Moisés, dejar que el solo se enterara sobre lo que pasó cuando llegara a la casa rodante y no consiguiera a nadie dentro, pero estaba seguro que su rabia sería incluso mayor que la que tendría cuando lo llamara para darle la mala noticia. Tomó su celular, su mano temblorosa marcando esos números que se quedó mirando por un tiempo sin moverse hasta que decidió apretar con fuerza el botón de llamada. El tono sonó varias veces, pero nadie respondió, se dijo a sí mismo que un minuto era un tiempo prudente para dejar de llamar, por lo que colgó. Dos segundos después, tenía una llamada entrante.

— ¿Está lista? —Preguntó Moisés.

— No. —Respondió nervioso— Tenemos un problema.

— ¿Qué problema? —Gritó— ¡No me vengas con estupideces ahora, Tomás!

— ¿Qué querías que hiciera? Tuve que desatarla para cambiarla y me pateó la cabeza.

— ¡Eres un estúpido!

— ¡Esto es tu culpa por querer cambiarla de ropa! Tú y tus malditos caprichos, deberías haberlo hecho tú si era tan importante, yo he hecho suficiente, la secuestré por ti.

— Mira, grandísimo estúpido, ruega a Dios porque esa vieja de mierda no sepa regresar, lo menos que necesitamos ahora es un montón de policías buscándonos, y si yo caigo te vienes conmigo.

Continuará…


English

May contain sensitive topics and scenes.

This is the continuation of A wound that still bleeds - Chapter III and therefore, I recommend that you go check out the beginning of this story if you are interested in keeping track of what is going on.

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The stabbing pain in her head greeted her as she awoke amidst that darkness that seemed to swallow her up into that limp, numb body that struggled to regain its strength as the minutes passed. When her eyes finally became accustomed to the environment, she looked around, noticing that she was inside a trailer home in a deplorable state. With her hands tied behind her back she could feel the surface on which she was lying, a mattress with springs on the outside that gave off a dead animal stench so strong it made her retch. She heard in her mind that voice screaming for her to escape from there, but she perceived that unmistakable smell of cigarette smoke, so she kept silent, waiting while trying not to cry.

Between creaks the door of the caravan opened, entering Tomas with a cigarette between his lips still lit and a can of beer in his hand. He didn't bother to look at it, taking a couple of steps over to a black garbage bag that was lying on the floor to start rummaging through it, pulling out some of its contents, which if he wasn't mistaken were clothes. The next few minutes were spent watching the young man throwing different items of clothing all over the place between murmurs of which he understood nothing, he was surprised by the ability he had to do so while holding the cigarette in his mouth without being bothered by the smoke, although the beer can did need to leave it at his side because it was taking away his speed and judging by his grunts, he didn't have much patience.

“This is a job I should be doing Moses, what do I care if you're full of shit? We're going to kill you anyway and believe me we won't bury you in any coffin with a tombstone saying nice things about you, but for some reason I have to dress you decent like you're a fucking doll.”

Throwing the cigarette on the ground, he picked up the can of beer and drank some, placing his free hand on the clothes he had chosen over the woman, who didn't dare make a move as he pretended to think. The young man pulled out his cell phone with a smile ready to take her picture.

“Smile, Elizabeth, beautiful women like you have to smile.”

She paid him no attention, standing her ground.

“Whatever, we can't keep wasting time.”

Taking her by both arms, Tomas sat her on the bed, looking at the bindings and then at the clothes with obvious frustration that it would take more work. He placed the beer can back on the floor, pulling out of his pocket this time a knife.

“I'm going to untie you.” He pointed the knife at her, threatening. “I can't change you if you're tied up, but don't think that means you have a chance to escape, I'm going to cut your throat open if you try to run away, I swear, I don't care what my brother says, he's not here, I'm the one who's here and I make the decisions.”

“I'm not going to run away.”

Tomas approached with the knife in his hand, his gaze showing a certain reluctance to free her, but he had no other options unless the idea of changing her clothes was ruled out. When Elizabeth felt that her hands were not bound, she was flooded with relief, the pressure on her wrists disappearing, followed by that on her ankles. The two, wary of each other, looked into each other's eyes for a few seconds preparing for any strange moves but nothing happened. Tossing the shirt he was to put on straight to her face, Tomas motioned for the woman to start undressing in front of him, for he was unwilling to take his eyes off of her as nothing ensured that she would not take advantage of the freedom of her limbs to attack him. A smirk tugged at his lips as he noticed how embarrassed she was.

Taking a deep breath, Elizabeth took off the blouse she was wearing, trying to forget that there was anyone in the room with her, putting on the shirt that Tomas had previously thrown at her as quickly as she could. Looking for a second at the young man, she realized that he was playing with his knife spinning it in his hand, which is why she took the opportunity to kick him right in his genitals. Letting out a cry of pain, Tomas hunched over and dropped the knife without thinking, an ideal situation for the woman to kick him again but this time in the face, causing him to fall backwards against one of the walls of the RV and accidentally hit the back of his head. Try as he might to get up from the floor, Thomas was too dazed, so Elizabeth got out of bed and ran outside.

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Without looking back, she ran in the first direction she could, heading into a forest she had never seen in all her years living in that area, her priority was to put as much distance between herself and Tomas, so she concentrated on keeping going until her feet let her know they had been hurt along the way. Leaning against a tree with bated breath, she looked around. She had no idea where she was, nothing seemed familiar, she didn't know where to go to return to town... but even so she felt so happy that she began to cry, because despite being lost she had escaped and was free, she was no longer at the mercy of people who openly wanted to end her life, she had managed to get rid of Tomas. She had to be strong, for her daughter's sake, because Veronica was still with Moses.

Regaining consciousness after the blow, Tomas didn't even bother to get up from the ground because he knew he no longer had a chance to catch up with an Elizabeth who had minutes head start. For a second he thought about not saying anything to Moses, to let him alone find out about what happened when he got to the RV and didn't get anyone inside, but he was sure his anger would be even greater than when he called him to give him the bad news. He picked up his cell phone, his trembling hand dialing those numbers that he stared at for a while without moving until he decided to press the call button hard. The tone rang several times, but no one answered, he told himself that a minute was a prudent time to stop calling, so he hung up. Two seconds later, he had an incoming call.

“Is she ready?” Moses asked.

“No” Tomas replied nervously. "We have a problem.”

“What problem?” Moises shouted. "Don't give me that bullshit now, Tomas!”

“What did you want me to do? I had to untie her to change her and she kicked me in the head.”

“You're stupid!”

“This is your fault for wanting to change her clothes! You and your damn whims, you should have done it yourself if it was so important, I've done enough, I kidnapped her for you.”

“Look, you big stupid fucker, pray to God that old shit doesn't know how to come back, the least we need now is a bunch of cops looking for us, and if I go down you're coming with me.”

To be continued...



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3 comments
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Hola Gabriela. Gracias por compartir tu arte de escritura con nosotros en Writing Club.

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¡Muchas gracias! Siempre es un placer estar por acá.

Disculpe la tardanza en responder, por alguna razón no había visto el comentario.

Saludos.

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