Entrada al “Concurso de minicuentos en honor al maestro Juan Rulfo” | ¡Me perdonó, la perdoné y me perdono!

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El autobús todo destartalado que atravesaba el “Escudo Guayanés” llego a la última parada y me saco de mi ensueño, de la vida que siempre añore, el letrero “Maraná” todo maltrecho y desgastado como mi vida interna, me trajo a la realidad, me adentre en la naturaleza esta vez iba con el cabello recogido con mis botas de cuero, Jeans Clone y camisa color verde esperanza ¡faltaba un largo trecho que recorrer!.
Me dirigía hacia el pueblo que me vio crecer, ubicado hacia el sur del país "donde llego el diablo y se devolvió" iba a encontrarme con mi identidad perdida.
Soy la más pequeña de siete hermanos y salí en búsqueda de calidad de vida, ¡nunca me arrepentiré! Dormí donde la piel era más que subsuelo. Desaparecí para después no tener que arrepentirme de nada. «Quizás mi madre … Después de todo, ¿por qué no otro padre? Las cosas podrían haber sido diferentes, pero ¿quién soy yo para cuestionarla, quién puede contra el amor?»
Intenté tapar mi injusta vida cuando me marché con “las tablas en la cabeza”; tenía tan solo 13 años, los pies descalzos y ojos azules rasgados. El dolor se fue conmigo como una segunda piel bajo un sol inclemente que roció mis mejillas con miel acanelada. Era una mezcla de razas, indígena con europea. Recordar a mi padre, ¡me espantaba!, el corazón dolía.
El cabello despeinado color azabache levantó sus ondas en señal de despedida, revoloteaba sobre mis hombros como abeja al panal y no me dejaba ver mi perdido horizonte, porque sí, desde que nací, la brújula la perdí. ¿Por qué a mí? Ahí se fueron los abrazos, el sentimiento y los sueños destrozados; tenía que hacerlo. ¿O vivíamos o moríamos? Decidí que viviríamos a cualquier precio, ¡y qué caro lo pagué!
Jamás pensé regresar; pero mi madre enfermó. El corazón empezó a golpearme. Entré a la selva para llegar al río; los tepuyes alegres se asoleaban y sonreían, entendían la realidad y, ¿por qué me negaba a entender la mía? ¡Ay! Me duelen los pies; miré hacia atrás, exhalé tal suspiro que levanté un ¡remolino!
Después de tomar la curiara, aunque podía pagar una a motor, quise atarme a algo que me devolviera mi identidad. En el fondo siempre supe que volvería a encontrarme con mi pasado.

La llave ¡quedó atascada! ¿Será que hubo algún cambio?, me encontré con el espejo instalado en el corredor donde las telarañas tejieron la morada; este reflejó mi realidad interna; irradié un rictus en el semblante que no me gustó; lo sabía, era la falta del perdón para con mi vida; este era el principal protagonista, royó como rata mi vida.
La desesperanza por lo que viví en mi niñez y adolescencia me marcó la triste inmunidad. "¿Por qué a mí? ¿Este era un hogar, y el calor dónde quedó? Una película se posó ante mí; quise evitarlo. ¡La imagen se hizo añicos! cuando hace años mi padre se abalanzó sobre mi hermana Rosa de apenas seis años. ¡No lo pude perdonar!
Ese pasado tormentoso que me perseguía, más allá del tiempo, y mi madre estaba muriendo. Me apresuré; se me nublaba la vista. Encontré a mi madre postrada en la cama. ¡ ¡Me perdonó, la perdoné y me perdono! Tarde entendí que el perdón era lo único que podía sanar mi corazón; recuperé mi tranquilidad.
El funeral de mi madre no tuvo lujos, pero si sanación. Salí de “Maracaná” con el corazón reparado; llevé conmigo a dos de mis hermanas.

Ya con 76 años, peleo con la diabetes en compañía de la demencia. En los momentos de lucidez entendí, aunque tarde, que la única capaz de cambiar el rumbo de mi vida, de perspectiva, era yo misma, que perdonar no era para los demás, sino para lograr tranquilidad en mi alma. Reconocí de vez en cuando a mis hermanas; sabían quién era yo, Elena, la hermana menor que lo dio todo, aun a costa del amor.

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Ha sido un placer participar en tan hermoso “Concurso de minicuentos en honor al maestro Juan Rulfo”, a él va con cariño las letras que escribí y agradecida a #literatos por su amable invitación.
Los invito a participar , para más información visite aquí

Me despido gente bella, agradecer es el norte. Tengan un feliz y bendecido día.

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El separador lo hice con Canva.
Mi banner lo hice en Canva.

Una historia muy bonita. Me gustó mucho el mensaje profundo que nos dejan tus letras. La narrativa nos envuelve y nos hace ver con los ojos de la protagonista todo lo que está viviendo y sintiendo.
Gracias por compartir tu historia con nosotros.
Excelente miércoles.
Hola @rinconpoetico7, agradecida por visitar mi casa virtual y me siento complacida por su amable comentario y apreciación, lo valoro.
Gracias por sus buenos deseos,que esté bien.
Una historia que aunque nadie lo crea hay muchas en el mundo.
Felicitaciones @dorytagil2022
Hola @mafalda2018, así es. Gracias y agradecida por tu visita.
Que estés bien.
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Hola gente de @es-literatos, muchísimas gracias por el apoyo, lo valoro.
Saber perdonar nos engrandece. El rencor nos hace daño a nosotros mismos. Al leer tu relato nos quedamos con ese mensaje como valor agregado a la exelente historia que nos regalas.
Éxitos en el concurso y gracias por compartir tus letras. 🌻
Hola, @leopard0, muchísimas gracias por su amable comentario, el cual da valor agregado a mi escrito, lo valoro.
Que esté bien.