La vida y las sorpresas. ESP-ENG
«La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida»; así comienza una canción conocida, que no puede decir más verdades porque no le caben más letras. Muchas veces he escrito que estas no me gustan y es porque a veces las expectativas se atraviesan y las echan a perder, pero es imposible sacarlas de nuestro día a día y al final es mejor agradecerlas porque son ellas las que rompen la rutina.
—«Mamá, te buscan».
—¿QUIÉN?
No había nada para mí más angustiante que el aviso de una visita inesperada; yo trabajaba tanto y llegar a casa era el bálsamo, el oasis, el nido con los hijos, la vida sin máscaras; yo, y solo yo: me quitaba los zapatos y las antipatiquísimas medias de nylon, me soltaba el cabello y me ponía la bata más ancha y de tela suave que tuviera y justo cuando estaba asumiendo mi mismidad, con algún vaso de agua en la mano, llegaba ese aviso.
—«Díganle que no estoy».
Era lo primero que salía de mi boca e inmediatamente un «no, no, no», de contraorden.
En una oportunidad uno de mis hijos soltó: "Ella dice que no está". Era otra época donde las visitas no se anunciaban como ahora con los teléfonos celulares, pero eso no lo hace más llevadero; mi hipertiroidismo me repite que no me gustan las visitas imprevistas ni las videollamadas. Lo agradable del teléfono es poder escuchar los audios y contestar los mensajes escritos. Espero esas llamadas frecuentes, acostumbradas y felices, pero a menos que haya un niño que desee saludar o que se me quiera mostrar un lugar, en general no concuerdo con las videollamadas; me parece que hay un tipo de narcisismo ahí.
Por supuesto que hay excepciones; hay gente esperada que, si se aparece de repente, es recibida con toda satisfacción, esa que ha entrado a mi corazón y no necesita avisar. Afortunadamente, cuento con ese regalo de Dios que no entra dentro de las sorpresas; son parte de mi rutina de vida para la felicidad.

Creo que me acostumbro rápido a las rutinas; por ejemplo, cuando me cambian la página del banco y tengo que aprender otras maneras de entrar, me genera algo de estrés; pero no formo parte de quienes rechazan la tecnología, todo lo contrario, esto me gusta y finalmente me adapto bastante bien a los cambios.
Mientras analizo este tema, siento que se trata de un problema que tiene que ver con el control; me gusta saber desde la mañana cómo voy a invertir mi tiempo, y ser yo quien decida si quiero salir o no. A veces digo: "No me pongan tarea", cuando siento que estoy perdiendo mi control; me gusta estar para ellos, pero de la manera que yo decida.
Unas de las sorpresas más incómodas son las que tienen que ver con las reacciones o respuestas humanas. Que vaya a salir y se presente una lluvia, puedo manejarlo bien; que se vaya la luz, que esté cerrado el lugar a donde voy, no es que no me afecte en absoluto, pero puedo tener un plan B.
Esto no me ocurre con las sorpresas que da la gente, sobre todo la que forma parte de mi núcleo o tiene conmigo algún tipo de vínculo; pueden debilitarme, sacarme de mi centro y sí que me afecta y no me gusta.
Para las personas en general, no tengo otros planes con qué palear la irresponsabilidad, las acciones groseras, la impuntualidad, la falta de valores; simplemente me aparto y ya.
Dentro de mí estoy acostumbrada a la amabilidad; no quiero lidiar con vendedores o servidores públicos descorteses, prefiero alejarme, dejar de transitar por alguna calle o ir a un lugar donde la cortesía no forme parte de su rutina, y aunque la vida nos da sorpresas, no quiero estar cerca de ellas.
Gracias por tu amable lectura.
Mi contenido es original.
Imagen propia.
He utilizado el traductor de Google.

“Life gives you surprises, surprises life gives you”; so begins a well-known song, which can't express any more truth because there's no room for more words. I've often written that I don't like these kinds of surprises, and it's because sometimes expectations get in the way and spoil them, but it's impossible to eliminate them from our daily lives, and in the end, it's better to be grateful for them because they're what break the routine.
—“Mom, someone's looking for you.”
—WHO?
There was nothing more distressing for me than the warning of an unexpected visit; I worked so much, and coming home was a balm, an oasis, a nest with my children, life without masks; me, and only me: I'd take off my shoes and those awful nylon stockings, let my hair down, and put on the loosest, softest robe I owned, and just when I was embracing myself, with a glass of water in my hand, that warning would arrive.
—“Tell them I'm not here.” It was the first thing out of my mouth, followed immediately by a countermanding "no, no, no."
Once, one of my children blurted out, "She says she's not here." It was a different time, when visits weren't announced like they are now with cell phones, but that doesn't make it any easier; my hyperthyroidism keeps telling me I don't like unexpected visits or video calls. The pleasant thing about the phone is being able to listen to voice messages and reply to texts. I look forward to those frequent, familiar, and happy calls, but unless there's a child who wants to say hello or someone wants to show me a place, I generally don't agree with video calls; I think there's a kind of narcissism involved.
Of course, there are exceptions; there are people I've been expecting who, if they appear unexpectedly, are received with great joy—those who have entered my heart and don't need to announce themselves. Fortunately, I have this gift from God that isn't a surprise; they are part of my daily routine for happiness.

I think I adapt quickly to routines; for example, when they change the bank's website and I have to learn new ways to log in, it causes me some stress. But I'm not one of those who reject technology; on the contrary, I like it, and I ultimately adapt to changes quite well.
As I analyze this, I feel it's a problem related to control. I like to know from the morning how I'm going to spend my time and to be the one who decides whether I want to go out or not. Sometimes I say, "Don't give me homework," when I feel like I'm losing control. I like being there for them, but in the way I choose.
Some of the most unpleasant surprises are those related to human reactions or responses. If I'm about to go out and it starts raining, I can handle it well; if the power goes out, or the place I'm going to is closed, it doesn't exactly affect me, but I can have a plan B.
This isn't the case with surprises from people, especially those who are part of my inner circle or with whom I have some kind of connection; they can weaken me, throw me off balance, and that does affect me, and I don't like it.
For people in general, I don't have any other plans to deal with irresponsibility, rude actions, unpunctuality, or a lack of values; I simply distance myself, that's all.
Deep down, I'm used to kindness; I don't want to deal with discourteous vendors or public servants. I prefer to walk away, avoid certain streets, or go to places where courtesy isn't part of the routine. And although life throws us curveballs, I don't want to be around them.
Thank you for reading.
My content is original.
Image is my own.
I used Google Translate.

I understand how you feel. When you already have a routine and the discipline to follow it, an unexpected visit can easily become a distraction.
This was very interesting to read. Best regards ✨
Ha sido muy interesante leer esto. Saludos cordiales ✨
Gracias, a veces quiero que todo vaya en orden sin altibajos ni sobresaltos.
Vamos planteando nuestros días, tenemos nuestras rutinas, y no creo que a la mayoría de las personas les guste que cualquier otra pretenda decirles que hacer con su tiempo, esto de que lleguen a tu casa sin aviso, es incómodo, por suerte a mi poco me pasa eso, pero comparto su incomodidad de querer estar tranquilo en casa y que lleguen sin previo aviso, eso no debería pasar.
Pero hay quienes llegan e iluminan más bien, esos son bien recibidos. Es un tema, porque debemos respetar los tiempos de otras personas, así como deben respetar el de cada uno de nosotros. Bonito día.
Sí,eso es correcto, hay quienes oscurecen y quienes se vuelven una luz para el camino. La necesidad de controlar puede ser incómoda también.
Gracias por comentar.
Si, la vida da sorpresas y muchas diría yo, que pueden robarnos la serenidad 😊
Saludos 🌷
Saludos, amiga.
Pues ya veo que no soy la única 🤭🤭🤭.
Cuando llego a mi casa, después de más de 8 horas en un hospital, donde debo estar alerta, respondiendo preguntas a paciente, colegas, examinando niños, enfrentándome a las dificultades de todo tipo, solo necesito la paz que me ofrece mi hogar, mi familia... No quiero en ese instante que nadie llame al teléfono, y menos visitas, solo quiero tener a mi hija en mis piernas, que mi mamá me cuente de su día... Las sorpresas no suelen gustarme mucho, y menos las visitas, siento, a veces, que es una violación a mí espacio, a mí privacidad. No sé si me estaré poniendo vieja, o antisocial o si son es el resultado de la postpandemia.
Que linda sorpresa encontrar a alguien a quien no le gusta las sorpresas 😁