[Eng./Esp.] The Curse of the Carats: Why I Live Naked. || La maldición de los quilates, por qué vivo desnudo.
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The Curse of the Carats: Why I Live Naked
My mum wasn’t vain, but her immune system was a blue-blooded aristocrat – heh, heh, heh – literally. Being B RH-negative, she had an infallible biological fraud detector: any metal of lower quality than 18-carat gold would end up charred inside her body. A cheap necklace —that piece of jewellery that looked divine on other women— turned into a chemical weapon of mass destruction when she wore it.

I remember seeing her try on a dolphin-shaped necklace that the sales assistant swore was genuine. Within ten minutes, the shine had faded and a black mark, worthy of a radioactive snail’s trail, adorned my mum’s neckline. She scratched furiously at the itch, whilst the piece turned darker than a politician’s conscience. “Son, my blood won’t forgive cheap trinkets,” she’d say with a laugh, whilst the rash confirmed that the jeweller was a swindler. That tyranny of her skin didn’t make her conceited; on the contrary, it forced her into austere humility. If she couldn’t afford pure gold, she simply wore nothing at all.
That ‘all or nothing’ legacy has taken on a strange form within me. At seventy, I am a man with bare skin. I wear no watch, no graduation ring, nor that chain that others display with such pride. It is not stinginess, but a mystical respect for that maternal wisdom that taught us that vanity is a heavy burden if it is not genuine. My mother could not afford the luxury of cheap costume jewellery, and I, out of genetic solidarity, decided several decades ago that my only adornment would be the freedom not to wear anything that constricts my soul: my peace.
Come and participate; there's still time. You can find all the information daily in the #Freewritehouse Community. Specifically, today's prompt post:
PROMPT: «cheap necklace»

Cover of the initiative.

Dedicated to all those writers who contribute, day by day, to making our planet a better world.


La maldición de los quilates, por qué vivo desnudo
Mi mamá no era presumida, pero su sistema inmunológico era un aristócrata de sangre azul, je, je, je, literalmente. Al ser B RH negativo, poseía un detector de fraudes biológico infalible: cualquier metal inferior al oro de dieciocho quilates terminaba carbonizado en su cuerpo. Un cheap necklace —esa fantasía que a otras mujeres les lucía divina— en ella se convertía en un arma química de destrucción masiva.

Recuerdo verla probarse un collar de golfín que el vendedor juraba que era legítimo. A los diez minutos, el brillo se esfumaba y una marca negra, digna de un rastro de caracol radiactivo, decoraba el escote de mi mamá. Ella se rascaba con furia debido al escozor, mientras la prenda se ponía más oscura que la conciencia de un político. “Hijo, mi sangre no perdona la baratija”, decía riendo, mientras el sarpullido confirmaba que el joyero era un estafador. Aquella tiranía cutánea no la hizo engreída; al contrario, la obligó a una humildad austera. Si no había para oro puro, simplemente no se usaba nada.
Esa herencia de “todo o nada” mutó en mí de forma extraña. A mis setenta años, soy un hombre de piel desnuda. No uso reloj, ni anillo de graduación, ni esa cadena que otros lucen con tanto orgullo. No es tacañería, es un respeto místico a esa química materna que nos enseñó que la vanidad es una carga pesada si no es auténtica. Mi madre no podía permitirse el lujo de la bisutería barata, y yo, por solidaridad genética, hace varias décadas decidí que mi único adorno sea la libertad de no llevar nada que me apriete el alma: mi paz.
Ven y participa; aún estás a tiempo. Toda la información la podrás encontrar cada día en la Comunidad #Freewritehouse. Específicamente, el día de hoy, aquí la publicación del prompt:
PROMPT: LITERAL: «collar barato»

Portada de la iniciativa.
Dedicado a todos aquellos que, día a día, con su arte, hacen del mundo un lugar mejor.

